Español en América

abril 9, 2010

Microrrelato: lectura y escritura en la clase de ELE

Archivado en: Lengua española — Mercedes @ 7:04 pm

El microrrelato o microcuento está de moda. El origen de los cuentos se remonta a la noche de los tiempos. Son los cuentos populares a los que se añaden los llamados tradicionales.

Es conocida la definición de cuento de Lévi-Strauss: <El cuento es un mito en miniatura>.

Los cuentos forman parte de los mitos. También la reescritura y las adaptaciones de obras literarias se imponen como formas de actualizar obras de otras épocas bien desfasadas o por necesidades didácticas de los alumnos de nuestras clases de lengua española.

Sean cuentos, relatos, minicuentos o microrrelatos, sus adaptaciones o reescrituras, lo que nos interesa son sus aplicaciones a la enseñanza de lenguas.

La ventaja de estas mini obras de arte es que constituyen unidades en sí mismas, con su trama y sobre todo porque encierran una moraleja educativa.

Los cuentos son por tradición orales. Sus personajes imaginarios se desenvuelven en lugares irreales y en tiempos remotos.

Los concursos literarios popularizan los cuentos en sus diversas formas.

Si volvemos a sus orígenes, era tradicional la figura del cuentista, artista y actor dedicado a la noble tarea de transmitir oralmente estas maravillosas narraciones ideales desde cuentos de hadas hasta inimaginables animales.

En nuestra modernidad el cuentista – en su noble acepción- es el cuentacuentos que deleita a niños y mayores con su declamación.

Nosotros, en este blog, nos inclinamos por estos cuentos como soporte didáctico. De las ya arraigadas competencias comunicativas nos interesamos por la competencia oral y la escrita que casi todos los educadores atribuyen de forma primordial a estos microrrelatos.

Distingo como esencial para desarrollar la competencia oral estos microcuentos para los niveles iniciales de enseñanza, mientras que para niveles intermedios y avanzados se añade a la competencia oral, la escrita.

Como instrumentos que se integran en una metodología de clase, estos microrrelatos se deben graduar desde los más sencillos, de vocabulario y sintaxis simple, hasta ir aumentando su complicación.

Por eso soy partidaria de que el profesor partiendo de un libro de microrrelatos que nos sirva de orientación, vaya componiendo, reescribiendo sus propios textos, muchas veces simplificándolos, incluso repitiendo el léxico, porque el objetivo no es –en los primeros niveles- alcanzar elevadas cotas de estilo literario, sino introducir gradualmente formas léxicas y sintácticas desde las más sencillas hasta las que ofrezcan mayores dificultades.

Para niveles avanzados, cualquier microrrelato puede ser bueno. En este caso priman los de mayor riqueza léxica.

En los microcuentos sencillos las unidades léxicas tienen que ser de significado fácil para su incorporación rápida al lexicón. Se deben evitar los significados complejos.

Si desarrollamos la competencia oral, apuntamos a dos objetivos:

1º) las estrategias de escucha, y

2º) La comprensión oral de los enunciados, a su vez con una doble finalidad, una de comprensión del significado individual de las formas –palabras en su expresión convencional- y la segunda de comprensión completa del enunciado completo.

Para la mayoría de los profesores sean de lengua materna como segunda, el cuento es un soporte escrito que ofrece la posibilidad de desarrollar únicamente la competencia escrita de los alumnos.

La práctica habitual en los libros de texto o manuales de enseñanza, consiste en exponer un cuento – o parte de él- y se pide a los alumnos que lo terminen.

Sin embargo, sin que excluyamos totalmente esta práctica, soy partidaria de no circunscribir el uso del microrrelato a lo puramente escrito, por una razón primordial que es que el cuento por su origen es un instrumento oral.

El objetivo renovado del uso del microcuento es volverle a dar su origen primitivo, el de un relato oral que sirve para mejorar la competencia oral por medio de la lectura, pero, pero, poniendo énfasis en la forma en la que los antiguos cuentistas relataban los cuentos populares, que no se limitaban a la lectura sino que desarrollaban un arte, la declamación, como si fueron actores transformando los personajes del cuento en seres animados.

La finalidad en la clase de la lectura de un microcuento es:

a)      motivar a los alumnos

b)      mejorar la lectura

c)      mejorar la comprensión lectora

d)     aprender nuevos significados, por tanto aprender nuevas unidades léxicas

La forma en la que el actor (el alumno-lector del cuento) actúa, en la que la entonación, los gestos, la expresión personal conforman un acto de comunicación individual con una personalidad, atraen el interés de los demás alumnos.

El alumno-lector en función de su propia cultura puede expresar una interpretación cultural propia del texto leído. Estos aspectos añaden nuevos elementos a la lectura del microrrelato.

El trabajo de la lectura se puede hacer en grupo de manera que todos los alumnos participen.

Cada lector- y cada lectura- leída, exhibe una variante oral personal propia de cada alumno-actor, de su cultura de origen y de la del propio microrrelato propuesto por el profesor.

Las variantes ofrecidas por todos los actores en la clase de L1 o L2, son atractivas porque suscitan el interés y motivan la clase a la vez que sirven de aprendizaje de la comunicación lectora.

La competencia escrita es otra de las posibilidades del microrrelato para avanzar en la mejora de la redacción de textos en niveles más avanzados de la enseñanza.

La producción de textos es la mejor de las habilidades para desarrollar los significados presentes en el lexicón de cada alumno y una manera de ampliación del léxico.

Si a partir de un microrrelato dado, queremos producir en la clase textos escritos, debemos partir como hipótesis de dos hechos:

1º) Que el cuento en su origen es oral,

2º) Que cualquier producción de enunciados por los alumnos parte al inicio de un significado a comunicar.

En el nivel inicial los escritos a producir son sintagmas u oraciones muy sencillos que el profesor comenzará proponiendo como ejemplo, invitando después a los alumnos que escriban sus sintagmas.

Los alumnos producen tanto sintagmas como unidades de cualquier tipo. Una propuesta puede convertirse en un trabajo divertido: con los sintagmas propuestos por cada alumno o grupo de alumnos se escriben en la pizarra y el ejercicio consiste en relacionar los sintagmas producidos por los alumnos para formar entre todos o buena parte de ellos de un microrrelato con su argumento correspondiente.

El objetivo no es otro que conseguir que las clases sean divertidas y que la lengua española no sea una pesada carga para los aprendientes, sino un instrumento para pasarlo bien y, además aprender.

Los alumnos comprueban por sí mismos que la lengua no es una materia ardua y estéril, sino un instrumento que consigue redactar historias o cuentos fantásticos y amenos.

Es primordial transmitir –comunicar- a los alumnos que el dominio de la lengua no es aburrido sino que consigue expresar significados divertidos, bonitos y que por medio de la lengua conseguimos una mejor comunicación.

La lectura y escritura de cuentos permite no sólo desarrollar la lengua sino también otras artes como el teatro y la capacidad intelectual de los alumnos.

En el caso de la competencia oral el enunciado elegido es la pieza maestra de la formación.

Ni que decir tiene la trascendencia del texto escogido para los niveles iniciales en los que los alumnos dan los primeros pasos en nuestra lengua, en el que el contenido léxico y la secuencia de sintagmas y oraciones –el contenido del microrrelato- deben seguir un itinerario en el que se incorporen paso a paso nuevas unidades léxicas de menor a mayor dificultad.

No siempre es fácil encontrar estos textos en la literatura porque los escritores evidentemente al redactor sus creaciones literarias no piensan en ninguna graduación ni mucho menos en los alumnos de lengua española.

La lectura de los textos, de estos microrrelatos sencillos y graduados, consigue que los alumnos aprendan por un lado léxico y mejoren lectura y comprensión lectora, y por otro lado que el profesor evalúe la capacidad de sus alumnos a través de esa misma lectura. Es lo que se denomina evaluación formativa.

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