Español en América

mayo 30, 2012

Perfil del profesor de lengua

Archivado en: Humor y lengua,Lengua española — Mercedes @ 4:00 pm

El Instituto Cervantes acaba de publicar un trabajo de investigación para determinar el “perfil del profesor de ELE”.
Nos parece loable la investigación ya que todo lo que signifique aumentar el conocimiento sobre un asunto tan trascendente como determinar cómo debe ser un profesor contribuirá, al final del proceso a la mejora de la educación.
El perfil o el cómo debe ser alguien que se dedica a la enseñanza es algo que tiene una enorme trascendencia para la institución dedicada a promover y ensalzar la cultura y la lengua españolas.
En este estudio han participado profesores y alumnos que han dado su opinión sobre qué cualidades debe poseer el docente. El que participen los alumnos es algo similar a si se pide la opinión de los lobos sobre cómo se deberían comportar los corderos ante un ataque masivo de los primeros.
La enseñanza de lenguas maternas viene reglamentada por los currículos oficiales que delimita el Boletín Oficial del Estado o Gaceta Oficial de cada nación.
Las segundas lenguas, casi siempre el idioma de Shakespeare, también cuando se imparten en las enseñanzas obligatorias de primaria y secundaria, disponen de su correspondiente apartado en el currículo estatal o de la Comunidad Autónoma que corresponda.
La enseñanza de segundas lenguas en las escuelas, institutos privados y en Cervantes carecen de normativa y de currículo. Afortunadamente.
El Instituto Cervantes publicó su Plan Curricular en tres voluminosos tomos en los que detalla su plan particular. No sabemos si sus profesores lo siguen y lo cumplen. Suponemos que sí.
Por otro lado, el Instituto en su página web y, en la parte dedicada al “empleo” publica unas orientaciones para los exámenes y procesos de selección de sus docentes. En ese programa se incluye el conocimiento del Plan Curricular. No hemos asistido ni a las convocatorias ni a los exámenes, ni conocemos a nadie que haya participado, razón por la que no podemos opinar.
Lo que más nos sorprende es que el Instituto Cervantes no disponga de un “reglamento interno” en el que se explique a los docentes qué es lo que se debe enseñar y cuál es su metodología.
No sirve la reflexión de que el enfoque es el “comunicativo” y ahí tienen ustedes el Plan Curricular.
Por la lectura del “perfil del profesor” deduzco que ni tienen una metodología específica y clara ni tampoco existe un reglamento interior.
Es lo que denomino “dar palos de ciego” y si el Instituto Cervantes no disparara con pólvora del rey, en estos momentos llevaría cerrado muchos años.
Lo “público” está reñido con eficiencia, ahorro, productividad, método y rigor. El dinero del erario nacional, ese del presupuesto, hasta ahora abundante y generoso, comienza a escasear y los gestores comienzan a exprimirse el cerebro al ver las orejas al lobo.
Hemos trabajado en escuelas, institutos y alguna universidad pública con acreditaciones del Cervantes.
En honor a la verdad las que mejor funcionan son las homologadas por dicho instituto y en las que impera el orden, el método claro y el rigor. No mencionaré sus nombres pero una cuidadosa mirada a este blog permitirá descubrir sus nombres.
Y nuestro máximo respeto a estas dignísimas escuelas del español que promueven con esfuerzo y muchísimo cariño la enseñanza de nuestra lengua.
Nos dedicamos a la investigación y ponemos nuestros modestos esfuerzos en la mejora de la metodología incorporando nuevas estrategias, las nuevas tecnología –esas famosas y manoseadas TICs- y verificando siempre que funcionen. El objetivo es ponernos al servicio de nuestros alumnos para que el aprendizaje sea más rápido y de mejor calidad.
El que hayamos realizado cursos de doctorado y de másteres en universidades de prestigio y les debemos nuestra pasión investigadora, nos obligan a ser cada día más rigurosos.
Cada proyecto de investigación y/o tesis doctoral de manera obligatoria tiene que poseer una utilidad.
En nuestro recorrido universitario e investigador nos decepcionamos cuando comprobamos tesis y proyectos absurdos que consiguen perder tiempo y dinero sin que los resultados de la investigación conlleven un beneficio para la comunidad.
El fenómeno Internet nos permite verificar lo que escribimos. Hay cientos de tesis doctorales absurdas colgadas en la red, decenas de memorias de máster trufadas de faltas de ortografía que desacreditan en primer lugar a los que han tutorizado dichos trabajos o tesis y en segundo término a las universidades que ni se toman la molestia de corregir faltas ni conceptos erróneos.
No entramos en el escaso interés y beneficios que producen el 90% de las tesis doctorales. La más sorprendente y reciente que ha llegado a mis oídos, la de una universidad privada y en su Escuela de Ingeniería que acepta una tesis sobre la “fuga de cerebros” en España.
Pensamos que existen innumerables trabajos sobre el tema, que en España por desgracia existen muy pocos cerebros, por lo que resulta complicado que haya fugas y que si alguien aceptara ser tutor de la dichosa “fuga” no sería propia de una tesis doctoral de Ingeniería sino más bien de “ciencias sociales”.
No menciona la universidad para no sonrojar a nadie.
Si volvemos al “perfil del profesor” resulta sorprendente que el Cervantes después de más de 20 años de tirar por la borda el presupuesto nacional se dedique a investigar cuáles deberían ser los atributos del docente…
Los ideólogos han estado de moda hasta que los de Zapatero y ahora los de Rajoy con su fracaso ponen de manifiesto que las “ideologías han muerto” y que es mejor amortizar los puestos dichosos en bien del ahorro nacional.
Nuestra “idea” es que la filosofía es trascendental, que hay que pararse un momento como lo ha hecho el Cervantes para pensar, esa reflexión tan necesaria, para mejorar los procesos.
Sí, rotundamente sí, somos partidarios de reflexionar, de filosofar, de perder unos minutos, unas horas, días o semanas para ver lo que hacemos mal, que es mucho más que lo que hacemos bien; para consultar con los demás, con gente de fuera como lo ha hecho el Cervantes con un asesor externo.
Sin embargo, nos sorprende cómo el Instituto ahora bajo la dirección de De la Concha haya tardado veinte años en delimitar el perfil del profesor.
Era una tarea de hace dos décadas. Me imagino que, a partir de este nuevo perfil, se cambiarán los exámenes de acceso y pienso también que el Plan Curricular merecerá un retoque.
Propongo que el digno Instituto propiedad de todos los españoles comience un segundo trabajo de investigación para determinar el “perfil de la metodología”. Nunca es tarde si la dicha es buena.
Durante años, desde estas humildes páginas sacudimos críticas sin piedad a la antigua directora, la inefable e incompetente Carmen Cafarel, que presumía de pensar en catalán, suceso impresentable e imperdonable para la máxima responsable de la cultura española…
Nuestra opinión sobre el Instituto Cervantes es que debería ser rentable o por lo menos no costarnos a los españoles una sola peseta, de esas que juntando 166 unidades producen un euro. De ser así, que continúen. Si el Cervantes pierde un euro, que lo busquen debajo de las piedras y si no que lo cierren.

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