Español en América

mayo 30, 2009

Don rodrigo

Filed under: Relatos y cuentos — Mercedes @ 4:46 pm

La monarquía visigótica no era como conocemos hoy esta forma de gobierno. Era un sistema sui géneris en la que los futuros reyes eran elegidos en la llamada Aula Regia, órgano formado por los nobles y la posterior elección era casi siempre confirmada por un Concilio convocado a posteriori.
Los concilios se celebraban en Toledo a la sazón capital del Reino y donde el Obispo ejercía de prelado y nombraba a los demás obispos cuando las sedes quedaban vacantes. De ahí la importancia de la iglesia visigótica y del Obispo de Toledo en la elección de los reyes godos desde la conversión al cristianismo de Leovigildo.
La monarquía electiva, no hereditaria, no era excluyente, en el sentido que los nobles al no tener un candidato mejor, podían elegir a uno de los hijos del difunto rey.
Una excepción hubo a esa tradición monárquica, cuando Recaredo al ascender al trono sucediendo a su padre Leovigildo quiso implantar el sistema hereditario.
La trayectoria y el prestigio de su padre Leovigildo, primer rey visigodo convertido al cristianismo, permitió a Recaredo cambiar la forma de gobierno y transmitir el trono, a su muerte, a su descendiente Liuva.
Liuva no tuvo suerte. Su reinado duró un año y fue destronado en vida por Witerico que volvió a implantar el método electivo para escoger el monarca.

En el período visigodo los reyes duraban poco. La agitada vida que llevaban, casi dedicados a correr sin freno detrás de las mujeres, las constantes luchas nobiliarias y el detalle que la vida en aquellos tiempos remotos era corta. Demasiado breve quizás, para establecer unas pautas y un sistema de gobierno estable que pudiera transmitir prosperidad al pueblo.
Los reyes son elegidos a edad temprana sin formación cultural ,pero con una tradición guerrera, puesto que la lucha era la habitual forma de conservar o tomar el poder.
En estas circunstancias nace Roderico, el visigodo. La Historia lo conoce como Rodrigo, nombre portugués ya que en el momento de su elección era Duque de Lusitania.
Su familia es noble y por eso oposita al trono. Es nieto del famoso rey Chindasvinto. Su padre guerrero y conspirador empedernido, ha muerto prisionero del anterior rey Witiza.
Se presenta al trono enfrentado a dos candidatos. Por un lado, la viuda del difunto propone a su hijo mayor Olmundo; los nobles y la familia de su marido pretenden que Agila, supuesto hijo de Witiza que gobierna en Narbona, capital de la Septimania, sea el nuevo rey
La intención de los herederos de Witiza, era la de dividir el reino visigodo en unidades más reducidas, miniestados, posiblemente para repartírselos entre la familia, dejando a Agila en las funciones de Rey.
La nobleza visigoda, al corriente de las intenciones de los sucesores del difunto rey, se reúnen en Toledo con la intención de elegir rey al único posible.
Los nobles divididos entre ambos, ante la solvencia de Roderico por edad y por haber desempeñado con soltura el ducado de Lusitania, no tienen otra opción que la de nombrarle.
Su rival, Agila y los nobles de su familia, sus tíos Oppas y Sisberto se retiran a la provincia tarraconense donde empiezan a conspirar contra el recién llegado.
Don Julián, pieza clave del reinado, familiar de los Witiza y conde de Ceuta es otro personaje trascendental en la vida y muerte de Rodrigo.
Los reinos visigodos son breves y el de Roderico no podía ser de otra manera. Los reyes visigodos están condenados a no sentarse en el trono.
La espada y el lecho son los puntos de encuentro de esta monarquía que duerme con las armas debajo de la almohada.

¿ Cómo van a gobernar si no tienen preparación por su juventud y por el contexto de luchas, conspiraciones e historias de alcoba que rodean sus vidas ?

¿ Qué pueden hacer ?

Ni más ni menos, dedicarse a su pasión por el sexo opuesto.
Witiza, su predecesor había sido un experto en el arte amatorio. Se le conocen unas cuantas esposas y concubinas en un reinado como casi todos los demás breve, pero amplio en escándalos e inmoralidades.
Don Julián desde la lejanía de Ceuta, trama un plan. Envía a su espléndida hija Florinda a la corte de Toledo, con el propósito inicial de conseguir una formación y algo mejor si se tercia, la de encontrar marido entre los nobles toledanos.
La corte se mueve de Toledo a Córdoba donde Roderico tiene su segundo palacio.
No sabemos si el plan tiene una segunda opción que es la de engatusar, enamorar o sencillamente complotar contra el rey Rodrigo.
Este se ha contagiado de sarna, una enfermedad común de la época, transmitida posiblemente por los perros de caza a la que también era aficionado el monarca.
El rey se fija en la bella Florinda para aliviarle los picores de la canina enfermedad y cuenta la leyenda que la preciosa ceutí, acaricia la desnuda espalda de Roderico con una aguja de oro.
La belleza de la joven seduce al rey; sus detractores cuentan que Rodrigo violó a Florinda.
Seducción, violación, la frontera es tenue. La historia nos transmite la segunda. Florinda enterrada desde hace siglos no puede contarnos la verdad que demanda la historia y que podría justificar la ulterior traición.
Nada hubiera pasado si el rey hubiera decidido casarse, pero esta posibilidad no era considerada por el amante apasionado, y Florinda desesperada manda un mensaje a su padre el conde.
Envía unos cuantos regalos y entre ellos un huevo podrido.
Don Julián recibe y comprende el envío. Jura por todos sus muertos vengarse de Rodrigo.
La noticia vuela por la plaza de Ceuta y los musulmanes empiezan a calificar a la pobre Florinda de ” lacava “ en árabe, prostituta. Para ellos seducción o violación no tienen diferencia.
El conde Don Julián para llevarse a su hija al África natal, inventa la historia que su esposa está gravemente enferma. Se desplaza a Toledo y consigue rescatar a su hija de las garras del lascivo rey Roderico.

Todo se vuelve en contra de nuestro rey. A la conspiración permanente de los familiares de Witiza se une la revuelta de los vascones en Navarra y Don Julián intentando pactar con el califa de Tánger, Musa Nusair.

Los pobladores del norte de Marruecos, los bereberes, todavía no se han convertido al Islam.
Los seguidores árabes de Mahoma han aparecido poco tiempo ha, con la religión y la fuerza de las armas como sus mejores bazas.
Los bereberes guerreros belicosos se van sometiendo y poco a poco adoptan la religión de los recién llegados y su lengua, el árabe.
Su primitiva lengua es el ibero antiguo, habla parecida al euzkera. Vascones y bereberes son pueblos hermanos, rota su unidad siglos ha, por el empuje de las legiones romanas en la península ibérica.
Arabes y bereberes tienen en común su pasión por la guerra, santa o no, y las ganas de cruzar el Mediterráneo y plantarse en España.
No le es difícil a Don Julián pactar con el califa Nusair para atravesar el mar desembarcando en la península.
La ingenuidad de los nobles y traidores visigodos del clan Witiza a su rey, a su pueblo y a su religión, es tal que piensan que la incursión de las tropas del califa, va a ser un viaje con retorno.
Las intenciones de los musulmanes, como de todo poder emergente conocedor de su fortaleza, su religión, el Islam, de su cultura y sobre todo de sus armas, no era la de volver al Norte de Africa, sino la de implantarse.
Se quedaron nada menos que ocho siglos, ochocientos años en los que dejaron una impronta difícil de borrar y de olvidar. Unas cuantas páginas en la historia española.
Si nuestro rey hubiera poseído una bolita de cristal, la famosa bola que predice el futuro, no habría aceptado la pesada carga de rey, ni por la dulzura de Florinda ni siquiera por el placer de gobernar, placer que dicen los políticos supera al gozo de una mujer…
Lo que se le venía encima al joven y pobre monarca era ni más ni menos la peor invasión que han soportado los pueblos de España.
El califa y el conde habían llegado a un acuerdo. La familia Witiza ayudaría a los invasores con la condición que una vez eliminado Roderico, volverían a sus posiciones.
Musa Nusair envío un ejército comandado por Tarik Ziyad a combatir a Rodrigo. Los nobles visigodos de la familia traidora pusieron los navíos para la aventura.
Una primera tropa de unos siete mil hombres formó la expedición que peleó y venció al sobrino de Rodrigo, Sancho que había salido al encuentro de los infieles.
Murió en la batalla en las proximidades de Algeciras. Las noticias tardaron en llegar a oídos del rey varias semanas. Se encontraba en el norte, en Pamplona luchando contra los vascones.
Al recibir la mala e inesperada noticia, se dirigió al sur, reclutando un ejército numeroso en el que se encontraban sus mejores enemigos, los hermanos de Witiza, Oppas y Sisberto.
Tarik , comandante de los invasores, árabes y bereberes, después de liquidar al inexperto sobrino de Rodrigo, recibió un nuevo contingente de tropas de su califa.
Rodrigo de Toledo se desplazó a su castillo de Córdoba, juntando gran número de tropas. Desde allí se apresuró en llegar a la Janda, donde Tarik le esperaba fortificado.
Se cuenta que las tropas visigodas eran mucho más numerosas que las de Tarik. Sin embargo, éste contaba con la ayuda, la traición de los Witiza, que en pleno combate y cuando formaban las alas derecha e izquierda del ejército cristiano, desertaron abandonado el combate y dejando desguarnecidos los flancos del ejército visigodo.
La batalla, bautizada como de la Janda, o del Guadalete, tuvo lugar el día 26 de Julio del 711, en las cercanías de Barbate y a orillas del río, al que los vencedores llamaron “ WAD LAKKA “.

La tradición se divide entre los que dan por muerto a Roderico, porque su caballo lo encontraron acribillado a flechazos en la orilla del río, y los que le ubican meses más tarde en la portuguesa ciudad de Viseu.
Por cierto que Viseu caería en manos extranjeras dos años más tarde de la batalla.
Sea cierto lo uno o lo otro, la consecuencia fue la destrucción del reino visigodo que desapareció como un azucarillo en el agua.
Los nobles visigodos fueron capitulando uno tras otro, la mayor parte sin pelear, entregándose con la promesa de los musulmanes de libertad religiosa y autonomía que nunca cumplieron.
La familia Witiza no fue la excepción. El mismo conde Don Julián entregó la plaza de Ceuta poco tiempo después y sin derramar una gota de sangre en su defensa.
La historia no le ubica en ninguna parte después de la capitulación.
Los invasores en un paseo militar alcanzaron la inmensa mayoría del territorio peninsular, dejando libre de ocupación solamente Galicia y Vasconia.
Sólo el traidor Agila resistió en Carbona la capital de Septimania hasta el 720 que tuvo que entregar la plaza.
La herencia de Rodrigo, Roderico en germánico-visigodo fue triste, su reinado breve y desafortunado tuvo un lamentable y quizás merecido final. Un único motivo de orgullo para él, Pelayo, Don Pelayo primer rey de Asturias y aglutinador de los pueblos asturianos y leoneses para iniciar la reconquista.
Pelayo era hijo del Duque Favila de Tuy. Cuando era un niño de corta edad, el rey Witiza que estaba enamorado de su madre, con la que quería acostarse, al oponerse su padre, fue asesinado por orden del monarca. El niño Pelayo huyó, refugiándose en casa de familiares en Asturias.
Pelayo combatió más tarde junto al que la tradición le concede el parentesco de tío, en la Janda, siendo comandante de la guardia personal del rey Rodrigo.

A Don Pelayo se le considera vencedor de la primera batalla contra los infieles, Covadonga. Por algunos considerada no como una batalla sino como una escaramuza por la brevedad de las tropas puestas en liza. Batalla o escaramuza, la victoria sonrió a Pelayo que con el triunfo consolidó su incipiente monarquía.

 

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