Español en América

agosto 3, 2009

Carquizano, parte I

Filed under: Relatos y cuentos — Mercedes @ 4:13 pm

 

Los tiempos donde situamos la historia no son fáciles. Nunca ha habido épocas continuadas de prosperidad o de triunfos.

Son más los tiempos de penurias que los de bondades.

Los siete años de vacas gordas son un espejismo. Más ciertos son los años de vacuno flaco que los de reses esplendorosas con grandes tetas.

 Los pechos de la historia son reducidos, dolorosos y producen poca y mala leche.

 No podía ser de otra manera la época de Martín. Las castañas abundantes, por cierto, había que sacarlas del fuego. Y partir, partir lo más lejos posible, buscando la aventura y la fortuna a la que no se accedía en el terruño natal.

 Nace en Elgoibar en el seno de una familia noble, en una casa solariega que todavía se mantiene erguida a pesar de los años.

 Los Carquizano no eran ricos, pero tampoco pobres. Al recién nacido no le faltaba nada.

 El padre era dueño de la ferrería Carquizano una de las más antiguas. Ubicada junto al río Deva, era del tipo aizeola, en euskera, factoría o taller de viento. El hierro producido era de calidad.

 El caserón natal de nuestro héroe, contaba con enormes muros para proteger a sus moradores del frío del invierno y del calor del verano. La humedad entraba por las ranuras de puertas y ventanas, calando hasta los huesos de los ocupantes.

 Desde niño, Martín aburrido del mal tiempo, de la humedad y de tantos padecimientos y escaseces, está deseando salir. Quiere conocer nuevos mundos. A su alrededor oye hablar de éxitos y conquistas. De lejanas tierras recién descubiertas. No sabe a donde pero quiere salir, levantar el vuelo. Sus padres le aconsejan que estudie, que se quede, que trabaje la tierra, o que se ocupe de la ferrería familiar. Pero Martín ya ha decidido su futuro. Servirá al rey, y lo hará como muchos de sus amigos, con las armas y en el mar.

 Los buenos vascos dedican su vida al servicio de la corona de España, y Martín no puede ser menos.

 Como casi todos los guipuzcoanos, le gusta el mar que no está lejos de  casa. Una legua y se llega a Deva donde la ría y confluye con el Cantábrico en una playa con fama de peligrosa.

 Los hijos de las nobles familias siempre han estado ilusionados por servir a la patria y en Guipúzcoa la forma más fácil es acercarse a la mar.

 Los vascos son aventureros, les gusta la milicia y el mar. No es extraño, la tierra no produce trigo y hay que buscar la comida en otros lares.

 En el tiempo, los robledales dominan el paisaje bucólico, solo interrumpido por praderas y las cada vez más frecuentes ferrerías. La actividad industrial, pionera de un futuro brillante, permite fabricar el acero necesario para construir armas y  embarcaciones.

 El hierro y la madera de roble, a buen precio en el siglo XVI , combinándose gracias a la laboriosidad y destreza de los artesanos vascos, permite la construcción de innumerables galeras, naos y toda clase de barcos cuya finalidad era más la de navegar que la de llevar la guerra a desconocidos confines.

 El solar guipuzcoano está plagado de marinos y de los buenos : Juan Sebastián Elcano, es el mayor exponente de la época. Primer navegante en dar la vuelta al mundo.

 Carquizano le admira porque casi son vecinos. Guetaria no está lejos de Elgoibar.

La fama de Elcano es mayor, pero no es menos el valor y la pericia de Martín.

Pero antes de su aventura marina, Martín ha dado pruebas de su entrega al servicio de su patria.

 En 1.521 los franceses atraviesan la frontera por el Bidasoa, cercando a la ciudad de Fuenterrabía.

 Martín que era capitán, forma una compañía con voluntarios de Elgoibar para acudir en defensa de la ciudad fronteriza. Entra en ella y obedeciendo órdenes, la defiende con uñas y dientes.

 Finalmente, las tropas españolas no tienen la fortuna necesaria y , la plaza se rinde en octubre del mismo año.

 El fracaso de la aventura no arredra a nuestro héroe, que decide cambiar de tercio, la tierra por el mar.

 Busca con afán un barco, un marino, alguien que le permita embarcarse, lo más lejos posible de la tierra. Quiere conocer otros mares, conquistar países, pero sobre todo busca la fama. Esa fama a la que ha llegado su amigo Juan Sebastián Elcano.

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