Español en América

octubre 2, 2009

El chichi

Filed under: Humor y lengua — Mercedes @ 4:02 pm

 

Tengo escrito este post del ” chichi ” desde el veinticinco de julio pasado. Mi pudor me ha impedido publicarlo. Visto, y leido en la Fundeu un artículo sobre determinadas palabras tabú de nuestra lengua, me atrevo a colgar el ” chichi ” en este humilde blog, sin ánimo erótico ni ofensivo. Unos compases de humor y lengua para divertirles el fin de semana.

De las múltiples acepciones en el uso de todos los días del término académico vulva, vamos a hacer un recorrido lingüístico por la geografía española y americana.

La primera etapa de nuestro periplo la empezamos con una visita al diccionario de la Real Academia para cerciorarnos y ratificar nuestra ignorancia sobre este término con connotaciones sexuales.

Como advertencia previa quiero expresar tajantemente que mis afanes son en exclusividad lingüísticos.

El término vulva procede etimológicamente del latín “ vulva “, nada nuevo por tanto, los inventores de nuestra lengua no se rompieron sus sesos para modificar el vocablo romano. Lo define como < partes que rodean y constituyen la abertura externa de la vagina >

Entre los más simpáticos sinónimos se encuentra el andaluz chichi que es una derivación educada y muy fonética del más vulgar chocho.

Acudimos al diccionario y aparecen ambos sustantivos, los dos masculinos, algo que no se entiende muy bien tratándose de algo tan femenino. Esto es sexismo en estado puro, calificar una parte de la anatomía de las mujeres con un nombre masculino, es algo que clama al cielo.

Chocho lo hace derivar, la R.A.E., incluso del quechua < chuchu >, que es la semilla comestible del tarhui que se remoja para extraerle el amargor y la acidez antes de consumirla.

Según mi esposo, esa debe de ser la etimología correcta de chocho, dada su acidez y sobre todo amargor…

Siguiendo con este sustantivo nada masculino, nuestro diccionario le da otra acepción derivada nada menos que del mozárabe < sos >, con anterioridad del latín salsus o salado.  Significa altramuz, y también confite, peladillas o cualquier dulce pequeño. Ni que decir tiene que mi esposo tampoco está de acuerdo con la R. A. E. , por eso de dulce pequeño. Coincide con el diccionario con < cualquier >, pero para nada con lo de dulce… Se inclina más por la etimología quechua, amargor y acidez.

Volviendo de nuevo a la expresividad de la academia para chocho, encuentra una definición que se usa en Colombia y República Dominicana : < Árbol leguminoso de hojas pubescentes y de semillas de color rojo encendido >. Lo de “ pubescentes “ nos lleva a imaginar que en esos países de la América española también se llama de esa manera a la vulva.

Lo de color “ rojo encendido “ me parece una incongruencia de la R. A. E.; pienso con humildad lingüística que lo adecuado sería “ rojo intenso “.

Los colores no se encienden, pero tratándose de “ hojas pubescentes “ es posible que sería más correcto añadir “ rojo en proceso de encenderse “.

Otra acepciones de este vocablo de uso normal son pubis, que según el R. A. E. no coincide con vulva, pero es la zona próxima.

Pubis procede del latín pubes, o parte inferior del vientre que en la especie humana se cubre de vello al llegar a la pubertad. Parece ser que los redactores de nuestro diccionario no han visto los documentales del Nacional Geografic donde se ve con claridad que también los monos lo tienen lleno de pelillos.

Relacionada con chocho y pubis está “ pubescente “ que es adjetivo y que se define como < que ha llegado a la pubertad>.

Ni que decir tiene que chichi aparece en el diccionario, por supuesto, es el uso vulgar de vulva, no podía ser de otra manera.

Y sigue siendo masculino. Elevo mi más enérgica protesta a la señora ministra de Igualdad para que solicite a la Real Academia, el cambio urgente de chichi al femenino. Que se envíe la nueva acepción < la chichi >, al Consejo General del Poder Judicial, al Partido Socialista de Ponferrada y a la Fundéu.

Se emplea también como sinónimo de vulva, chumino, que de todas ellas, a mi modesto entender, es la más vulgar y malsonante.

Quiero terminar con la forma tan original que tienen mis amigos venezolanos de calificar la vulva como < coco >. Es evidente que el chocho tiene un enorme parecido con esta fruta tropical sobre todo tratándose de pelajes morenos.

Estando en Caracas, con un amigo donostiarra, no se le ocurrió contar que “ a mi hijo los del OPUS le han comido el coco “. La carcajada estruendosa de los venezolanos presentes en la reunión se sigue escuchando hasta el día de hoy.

Se imaginan queridos lectores lo que supone comer el coco.

Para quitar el amargor de estas palabras vulgares voy a finiquitar esta clase de lengua española con las dos últimas expresiones de este simpático sustantivo.

Una es “ conejo “, más exactamente “ el conejo “, con ello en algunas regiones todavía de habla castellana se utiliza para designar lo que todos ustedes se imaginan. Sigo protestando porque conejo es masculino, debería ser coneja.

Finalmente, la más elegante y pija de las acepciones es “ fresa “ ; es la que más nos gusta a mi y a la ministra de Igualdad por ser del género femenino.

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