Español en América

diciembre 27, 2009

Enseñanza de la lectura

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 8:13 pm

                        

La escritura y la enseñanza de la lectura a niños y adultos con diferentes alfabetos

Muchas veces pensamos que nuestros hijos sufren de algún trastorno al tener dificultades en el proceso de aprendizaje de la lectura, cuando en realidad el problema es un defecto en la intercomunicación profesor- alumno.

 

No solamente los primeros aprendientes del alfabeto, en sus fases de escritura y lectura encuentran dificultades, también el problema se extiende a la formación de los primeros sonidos.

En el aprendizaje, en nuestro cerebro se reproducen los mismos fenómenos combinatorios sea de sílabas o de unidades léxicas.

Si partiéramos de la falsa hipótesis de que el significado de un texto es la suma de los significados individuales de las unidades léxicas que lo componen, el problema estaría resuelto.

Sin embargo el sentido de un enunciado no tiene por que ser esa suma, sino que entran en juego una serie de incorporaciones a las lenguas que complican el significado por adición de unidades léxicas.

Recuerden que si cambiamos la posición de las unidades léxicas su significado cambia de manera rotunda.

Por ejemplo, un perro de caza, no significa lo mismo que caza un perro.

Como este ejemplo se podría dar muchos otros en los que utilizando las mismas unidades, pero trastocando su posición en la frase, el significado cambia totalmente.

De manera exagerada con el ejemplo anterior se ha mostrado la posibilidad de que un estudiante de segundas lenguas se confunda con un sinfín de colocaciones prefabricadas que existen en todas las lenguas, sin que en la mayor parte de los casos existan equivalencias o traducciones literales en la lengua de origen.

Asé en francés es habitual decir <il saute aux yeux>, mientras que en español no se puede traducir como < salta a los ojos>, sino que decimos <salta a la vista>.

Un hablante no nativo tiene muchas dificultades para incorporar a su discurso, escrito u oral, este tipo de formulaciones atípicas y que en todas las lenguas se producen de forma arbitraria.

Si la producción de estas fórmulas consolidadas obedeciera a fenómenos previsibles, existiría una equivalencia entre ellas que permitiría la traducción directa o literal.

Puede ser necesario entrar en los conceptos de hablantes nativos y hablantes no nativos, porque esta diferenciación muy simplista puede no corresponder con las infinitas posibilidades de combinación no sólo de las colocaciones sino de las unidades léxicas.

Los números que nos proporcionan las matemáticas sobre los miles de posibilidades de formular una frase con una docena de palabras nos impide ver si todas ellas caben en el cerebro de un hablante nativo para discernir la posibilidad si una composición es o no nativa.

En otras ocasiones para entender el significado de una unidad fraseólogica es necesario acudir al contexto donde se ha emitido, opción que dificulta aún más su comprensión sobre todo por niños y aprendientes de segundas lenguas.

Existe una interacción entre las diversas frases que integran un texto y es necesario leerlo en su totalidad para comprender el sentido de una unidad fraseológica.

Se puede concluir que la característica del lenguaje es su doble sentido, uno gramatical y otro semántico mucho más complicado para los que se inician en el aprendizaje de una lengua.

Y la característica principal del signo lingüístico es su arbitrariedad. Los signos de cualquier tipo nos sirven para comunicarnos con otros seres y transmitirles nuestros sentimientos y pensamientos.

Valga como forma de transmisión las denominadas lenguas de signos que permiten comunicar a los sordomudos y a estos con los que no lo son. O el alfabeto Braille que permite leer a los ciegos.

Sin embargo, los signos son arbitrarios, parciales y equívocos.

Estos signos son arbitrarios porque obedecen a convenios. Una parte de esos signos o símbolos son perceptibles por nuestros sentidos, la mayor parte de las veces por la vista. A la parte perceptible –visible- de estos signos se le denomina significante y a lo que quiere expresar el significado.

Es necesario volver a repetir que estos signos o símbolos son puramente convencionales o arbitrarios.

No conozco las escrituras orientales pero, en principio, no tienen propiamente un alfabeto como el nuestro, sino que el simbolismo responde a unos convenios, también arbitrarios, muy diferentes a los nuestros, en los que la grafía no se corresponde con los sonidos, como sucede en nuestro alfabeto.

De esto procede la enorme dificultad de la enseñanza de lenguas occidentales a alumnos chinos, coreanos o japoneses acostumbrados a otro tipo de alfabetos que no se corresponden para nada con la fonética.

Además la lengua escrita tiene otra característica. Las letras o signos de la escritura en sí mismas carecen de sentido y las agrupaciones de letras, por ejemplo, las palabras, pueden tener uno o varios significados. Estas palabras que como todo el mundo sabe tienen un sentido (o varios) y su conocimiento depende de la experiencia. Estos datos de experiencia se denominan referentes en contraposición con los signos de las letras que no tienen significado.

La aplicación de los signos en un orden determinado produce de acuerdo con nuestra experiencia un significado del texto que estamos produciendo o interpretando.

Las dificultades de la lengua escrita en determinadas lenguas, sobre todo en las no transparentes responden a esa no correspondencia entre los convenios establecidos para pasar de una comunicación a la otra (del oral al escrito o viceversa).

Para muchos alumnos sean jóvenes o adultos procedentes de otros alfabetos, las palabras concebidas como agrupación de letras y separadas por un espacio (es nuestra representación del lenguaje escrito) puede suponer un trauma si no conseguimos explicar correctamente la simbología.

Esta enseñanza debe ser la primera parte de una lección para alumnos, por ejemplo, chinos o coreanos.

Hecho este inciso que estimo importante en la enseñanza, vuelvo sobre el concepto de referentes y su relación con la experiencia, que nos permite discernir por el orden y el contexto las unidades léxicas que podrían tener más de un significado.

Se denomina doble articulación del lenguaje (sobre todo en su manifestación oral) el hecho de estar compuesta por signos que carecen de significado pero que al agruparlos y colocarles un orden, lo adquieren.

Estos signos están depositados en nuestro cerebro de manera que a cada agrupación de signos corresponde un significado.

Las dificultades, además, aparecen en el lenguaje oral, sobre todo en otras lenguas diferentes que no son transparentes como el español que tiene la enorme ventaja de serlo.

Lenguas como el francés o el inglés que no se corresponden los fonemas con la simbología de los grafemas suponen mayores dificultades para los aprendientes.

En la posibilidad de enseñanza del español a hablantes de otras lenguas que no posean nuestro mismo alfabeto, la enseñanza del español debe comenzar por el de nuestro alfabeto y a este proceso de aprendizaje previo de los signos gráficos de nuestra simbología de comunicación procede aplicar los mismos conceptos que se aplican a la enseñanza del alfabeto y de la lectura a los niños de primaria.

Otro problema añadido surge cuando el referente y el significado no coinciden. Es el caso que procede cuando, por ejemplo, en una clase de primaria explicamos que un texto que contiene la imagen de un pan, y se les dice a los niños que busquen el pan. La confusión para estos pequeños puede ser enorme, puesto que mientras algunos buscan la imagen del pan en el libro, otros se dedican a buscar el pan en la clase…

Este supuesto, real en una clase, se denomina función simbólica que consiste en la confusión producida por la realidad y por su imagen.

Otro problema que surge en la escritura es la confusión muy frecuente de escribir varias palabras juntas, en lugar de separarlas. Por ejemplo, aveces, o, al revés separar palabras que deben ir juntas.

Es preciso explicar a los alumnos, muy claramente, que la escritura responde a convenios arbitrarios, que hay que aprenderlos y por eso, el profesor debe repetir hasta la saciedad a qué responden nuestros convenios de representación de las palabras.

Y vuelvo a repetir que la lengua española tiene una gran ventaja por su transparencia lo que facilita el proceso de lecto-escritura y su significado.

Este tema de la dificultad de comprensión de los conceptos necesarios para entender los convenios surgidos de forma espontánea para representar nuestras lenguas y en concreto la española, puede que merezcan alguna ampliación de estas ideas.

 

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