Español en América

febrero 8, 2010

Lengua escrita versus lengua oral

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 10:15 pm

En los post escritos sobre el español estándar y siempre bajo el prisma de qué español enseñar, es preciso efectuar unas precisiones sobre determinados conceptos y aclarar dudas sobre ciertas necesidades prácticas de las clases de español tanto a hablantes nativos como a estudiantes de segunda lengua.

Los dos conceptos principales expuestos en el “español estandar” son los de variación y situación.

Sobre estas dos ideas giran todas las posibilidades de la lengua en sus versiones oral y escrita.

En el oral los hablantes nos permitimos unas licencias que no son posibles en el lenguaje escrito. La razón principal es el formalismo del escrito y que como se dice y repite hasta la saciedad las palabras se las lleva el viento, y no queda de ellas ni en la memoria de los locutores.

El modelo de lengua a enseñar ha sido y es el español literario que queda registrado en la producción escrita de poetas, literatos y periodistas. Por supuesto, que la gramática de la lengua se apoya en los registros del español escrito.

En la lengua escrita influye de manera trascendental la política lingüística de cada país. En el nuestro, la carencia de política específica para el lenguaje permite una serie de licencias como la Nueva Gramática que dirige la normativa del español hacia unos derroteros en los que la norma tradicional perderá su importancia en beneficio de las variedades dialectales a las que hace referencia en exclusiva para describirlas pero no para normarlas.

Otra realidad muy diferente sucede en Francia con el francés, en el que la lengua no es cuestionada por principios democráticos y demográficos, sino que existe una política lingüística clara, gobierne quien gobierne, en la que la lengua se asocia al devenir de la república y la expansión comercial y tecnológica se vincula a la solidez normativa del idioma. Existe, al contrario que en España una ideología de la lengua, equivocada o no. Por supuesto, que esta forma de concebir el francés tiene sus detractores. Pero las críticas no van como lo hacemos en estas latitudes cuestionando una norma, sino su enseñanza y la forma de explicarla.

Los sociolingüistas franceses no critican tanto la norma, el buen uso de ella, como se expresa desde Vaugelas, sino la oposición que resulta de una enseñanza intransigente, nada democrática y mal expresada que excluye el principio de la variación.

Nadie cuestiona la necesidad de la enseñanza de una gramática normativa que hace prevalecer el escrito sobre el oral y que impone la no variación de la lengua, que es un grave error porque la variación es parte de la esencia misma de las lenguas. Para los normativistas franceses el escrito es la norma y el oral es el error, puesto que los hablantes, sobre todo los jóvenes, emplean un lenguaje que no corresponde con las reglas del sistema.

Los sociolingüistas franceses entre los que destacan Françoise Gadet y Emmanuele Guerin son partidarios de explicar esa variación de la lengua y de que lo habitual es que la lengua escrita no coincida con la oral, lo que no impide que la lengua vehicular de la enseñanza sea la tradicional lengua estandar con su gramática normativa.

Los hablantes nativos no deben ser culpabilizados por emplear el lenguaje juvenil repleto de innovaciones todavía no aceptadas y registradas por los diccionarios. Las lenguas naturales poseen esos mecanismos innovadores de conceptos y aceptación de neologismos procedentes de inventos tecnológicos que son imprescindibles para el funcionamiento del lenguaje.

Lo que no impide que la lengua de la enseñanza debe de ser rígida y normada para que en el escrito y en la comunicación de los medios pueda ser considerada como un vehículo uniforme y que pueda ser entendida. El fenómeno Internet y con él los medios digitales son el paradigma de esa norma escrita con cientos de millones de lectores.

La enseñanza del español como segunda lengua debe de ser el estandar, pero al mismo tiempo hay que explicar la variación y que el español objeto del aprendizaje no tiene porqué coincidir con el español de la calle, y que, ambos son tan españoles como cualquier otro. Repito que la explicación de la variación y de la situación son imprescindibles para que los no nativos no se sorprendan, para que cuando vayan de tapas, el español aprendido en la escuela no coincida con el hablado informal.

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