Español en América

julio 20, 2010

Cervantino disperso

Filed under: Política ficción — Mercedes @ 12:23 pm

Nuestro ministro de educación, mi paisano Gabilondo, en una reunión de directores del Cervantes se ha calificado a sí mismo como cervantino disperso.
En otra de sus manifestaciones nos contó que de joven le llamaban el neandertal por su aspecto físico.
No se si quedarme con la primera o la segunda, aunque si fusionamos ambos términos resultaría el neandertal cervantino disperso. Esta combinación ternaria de la lengua castellana es apropiada para designar a un hombre de aspecto primitivo que sigue las enseñanzas de Cervantes pero que se dispersa en su actividad como conferenciante y ministro.
La pregunta que me formulo es algo dispersa:
¿Cómo este singular y curioso personaje ha podido alcanzar el ministerio de educación? Se supone que la educación es lo más alto y sagrado de los ideales y conocimientos humanos, lejos de la primogenitura y barbarie del origen de la humanidad y el que ostenta el cargo debe ser un modelo educado y cartesiano que se disperse lo menos posible.
Nuestro Sistema Educativo se encuentra en la más absoluta ruina intelectual, en el furgón de cola de todos los países europeos pero, el consuelo de Gabilondo es que el que le suceda lo tendrá peor.
Lejos de arreglarse las cosas de nuestra educación, el abandono escolar se acelera, y el drama de nuestros escolares es que los que pueden poner freno a esta situación se encuentran dispersos en reuniones estériles en las que se discute la “coordinación de actividades” entre ministerios y el Cervantes para difundir nuestras maltrechas lenguas y culturas.

El español no es ni siquiera propiedad de los españoles de España, ya que hay 120 millones de mexicanos y un porrón de hispanos en los Estados Unidos, de manera que los españolitos somos los terceros en discordia.
Pensábamos los españoles que lo único que nos quedaba por hipotecar era la lengua. Ahora ni eso. No somos propietarios ni siquiera de lo que hemos inventado. Nada de nada.
El ministro es como alguno de nuestros académicos que nos recuerda que la democracia y la demografía son criterios más importantes que el origen o el buen hablar.
Desconoce o no quiere conocer el señor ministro que el Instituto Cervantes, máximo exponente de la difusión de nuestra lengua en el mundo depende del ministerio de Asuntos Exteriores y del presupuesto de España, que ni México ni Obama han soltado una locha para sufragar sus pérdidas millonarias.
Además, le recuerdo señor ministro, que la Nueva Gramática ha concedido una variante del español estándar a México con carta de naturaleza como la nuestra. Error que pagaremos en un futuro todos, españoles y mexicanos.
La ANLE de Estados Unidos reclama para sí una nueva variedad estándar del español, hecho grave y poco científico por la imposibilidad de fijar una norma con tantas variedades y poco homogéneas.
Ante este descalabro intelectual, señor ministro, el que paga manda. Si los que pagamos somos los contribuyentes españoles por la promoción del español, le pido, le pedimos en nombre de los que hablamos la variante estándar peninsular, que se dedique en cuerpo y alma a difundir, nuestra variedad. Que México no ha soltado una perra gorda para difundir su español. Lo mismo digo de los que hablan español en los Estados Unidos a los que debe financiar Obama. Que le pidan su plata a este señor que a buen seguro dada la generosidad que le caracteriza, soltará la pasta para difundir la lengua cervantina dentro y fuera de sus fronteras.
¿Le han quedado claro los conceptos?
Dedíquese a lo suyo, al ministerio de educación que lo tiene un tanto olvidado, las conferencias y seminarios con el dinero de los contribuyentes en estos tiempos de crisis se deben hacer en los despachos, bajando la intensidad del aire acondicionado, con unos buenos bocatas de chorizo y queso manchegos que es el mejor honor que le podemos hacer a Cervantes.
P. D.: Me gustaría señor ministro que me aclarara una frase que mi limitada inteligencia no me permite descubrir su intención:

Es evidente que dada la magnitud de la crisis, estamos todos sometidos a los prejuicios de la economía y para evitar el despilfarro es mucho mejor, como usted dice señor ministro: Modere pues sus deudas.

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