Español en América

septiembre 17, 2010

Variedad estándar y neologismos

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 4:39 pm

En este blog dedicamos amplios espacios a tratar aspectos sobre la norma del español.
Desde la publicación hace casi un año de la Nueva Gramática, quedó institucionalizado un nuevo paradigma lingüístico: seis variedades estándar aceptadas como legales que sustituyen al antiguo panorama de una única variedad estándar.
Las dificultades que se han creado sobre esta cuestión son diversos y peliagudos: el más importante es qué variedad de español se va a impartir en la enseñanza en un contexto dado.
El segundo aspecto es qué variedad va a elegir la prensa digital en español para comunicar su mensaje. Esta consideración se deduce del fenómeno Internet y de la expansión imparable de la información cibernética que contrasta con la crisis de la versión papel de los diarios.
La antigua prensa diríamos que regional se enfrenta a una crisis sin precedentes motivada por el auge internético y la propia crisis económica, mientras que la digital se dirige a lectores de todo el orbe.
La prensa en papel puede escribirse en la variedad estándar local mientras que la electrónica necesita una variedad única por dirigirse a un público global.
En un Trabajo de Investigación realizado por la autora referente a los medios digitales en español de los Estados Unidos, contemplábamos cómo los diferentes diarios, en función del origen de sus lectores emplean lenguajes y temas que difieren, hecho insólito que contrasta con la propia esencia de la prensa digital: lectores situados desde una playa del Caribe, pasando por la sierra de Cameros, hasta el desierto de Sonora en México, y que en principio necesitan una variedad única que se aproxime lo más posible al primitivo sistema de la variedad estándar denominada peninsular.
Así en nuestra investigación veíamos como diarios como El Nuevo Herald de Miami es el periódico más leído en Cuba, y, en el que prevalecen las noticias de ese país caribeño, mientras que otro diario digital, Al Día Tx de Dallas ofrece una versión tejana de lo que acontece en México por razones de proximidad.
La esencia de la prensa digital consiste en dirigirse a cualquier lector situado en cualquier lugar del planeta.
En principio, los medios digitales cuentan con un público culto ansioso de conocer de forma instantánea la noticia del momento y, además, en un lenguaje cuidado.
Las seis variedades “legales” existentes chocan de frente con esa necesidad de la prensa que requiere una norma única.
Pero no sólo son la enseñanza del español a todos los niveles y la prensa digital las que reclaman una variedad unificada, sino el mundo científico y editorial que no se dirigen a un público analfabeto, sino a uno distinguido y ansioso de comunicarse de forma unitaria.
Nuestra tesis que es contraria a la que mantienen las Academias de la Lengua, consiste en reclamar la vuelta a la norma antigua en todo lo que implica la comunicación literaria, científica y periodística.
Por supuesto que a las enseñanzas se aplicaría la misma idea de variedad estándar y sin ánimo de polémica, reclamamos la norma peninsular por ser la anterior y la que estaba aceptada por toda la comunidad literaria y periodística.
Estamos de acuerdo que las lenguas naturales se someten en cada instante a una variación motivada por la esencia de la comunicación, su distancia más o menos formal y la situación de la misma.
Cada situación de comunicación produce una variedad de la lengua.
El problema se complica desde la aparición de Internet en el que el léxico se amplia a la velocidad de la luz por la incorporación de miles de neologismos –anglicismos- motivada por la ciencia y la tecnología, la innovación literaria y sobre todo periodística que provocan un incremento de las unidades léxicas como nunca ha sucedido en la historia de las lenguas.
Las Academias de la Lengua se ven desbordadas por esa ingente cantidad léxica absolutamente necesaria para los hablantes para conseguir una comunicación fluida.
No pueden, no saben o no quieren que la incorporación de nuevas lexias sea casi instantánea, porque al parecer necesitan tiempo para verificar que las nuevas unidades queden en desuso antes de ser aceptadas.
Craso error puesto que las formas o palabras nuevas, anglicismos en su mayor parte, no son un capricho de esnobs o cursis, sino una necesidad de la comunicación.
Sin embargo, la norma única se impone para unir lectores, estudiosos de la lengua española en cualquier lugar del mundo.
La percepción exterior de nuestra lengua y cultura es otro requerimiento que exige la variedad estándar única frente al caos o galimatías a los que nos ha sumido la Real Academia y sus acólitos asociadas.
Algunos autores califican como “fuentes institucionales de nivelación” a las susodichas Academias de la Lengua y a las fuentes literarias y periodísticas, por su labor unificadora normativa y “de nivelación”.
Este medio abstracto “nivelador” en el pasado inmediato quedó reducido principalmente al afán normativo, purificador, fijador y de limpieza léxica y gramatical impuesto por la Real Academia de la Lengua Española.
Más tarde, sin que sepamos los hablantes ni el cómo ni el por qué, se traspasó el “poder lingüístico” a la Asociación de Academias de la Lengua, arguyendo razones demográficas y democráticas, desconociendo los académicos que las lenguas no obedecen a estos criterios sino a razones científicas, de contacto con otras lenguas, de incremento léxico por innovación y tecnología y la creatividad de los hablantes.
La “apertura democrática” de la lengua española hacia las tierras americanas a las que la autora tiene por razones familiares muchísimo cariño, supone una pérdida de la normativa unitaria que el español ha tenido desde sus orígenes milenarios.
Los textos de Lope de Vega, de Gracián o de San Juan de la Cruz con casi 500 años de antigüedad conservan una sintaxis idéntica a la actual, de forma que la variación lingüística desde la sintaxis es mínima.
Nuestra tesis es que lo cambiante es el léxico y que, además, se incorpora a la velocidad que marca Internet, cuyo ritmo en el futuro próximo e inmediato será mucho mayor.
Se deduce que la labor de las Academias debe dirigirse hacia la incorporación léxica por un lado y por otro, mantener una pureza normativa que asimile la variedad estándar culta del español aceptada por los medios científicos como la única posible como transmisora de la comunicación en la ciencia, la tecnología, la literatura, y sobre todo la enseñanza.
Dejo a parte a los medios periodísticos cuya misión informadora desde la plataforma digital requiere esa norma unitaria por dirigirse a un público universal.
Si antes, volviendo al concepto de “fuentes institucionales de nivelación” eran los medios, la “tercera y última fuente”, ahora los medios de comunicación y, en especial, los diarios digitales en español se convierten por el efecto Internet en la máxima “fuente niveladora”.
Desde esta plataforma hemos sostenido esta idea, sin mencionar el concepto de “nivelación” que es una necesidad ineludible.
Unida a esta noción, figura la de la “percepción exterior” que es otra necesidad de la lengua y de nuestra cultura tan imperiosa como la anterior.
¿Cómo nos perciben las demás culturas?
Pues como un enorme caos que contrasta con otras lenguas, como la de nuestros vecinos franceses cuya percepción exterior es sorprendente y que atrae a escritores de otras culturas a emplear la lengua de Molière como lengua literaria. Sin ir más lejos, los dos últimos premios Goncourt se concedieron a escritores cuya lengua nativa no era el francés.
¿Algún día se concederá el Planeta a algún escritor que se atreva con la lengua española?
Tendremos que cambiar muchas cosas para que un nativo de otros parajes culturales sea seducido por la lengua cervantina.
Las tesis de la autora sobre la capacidad actual y futura de los medios digitales en español que serán capaces de cambiar la lengua española e imponer un criterio de unicidad que no puede ser otro que el de restablecer como norma la de la variedad estándar peninsular, lo comparten otros autores.
Entre otros, Humberto Hernández (2007:74) en su artículo “Neologismo y anomalía: norma y creatividad idiomática en los medios de comunicación”, publicado en Ariel, Fundación Telefónica en el libro “Neologismos y sociedad del conocimiento”, escribe textualmente:
Las “fuentes institucionales de nivelación” han desempeñado un papel importante en el establecimiento de la norma, como la propia Real Academia Española en un momento social y político determinado, hoy son las fuentes socioculturales sobre las que en mayor medida contribuyen a la fijación del idioma y, entre elllas, la más decisiva es, sin duda, la de los medios de comunicación, pues han contribuido a generalizar usos cuya legitimidad se resistía en otorgar la institución normalizadora por excelencia.

Añade:
Y es tan poderosa la influencia mediática que la balanza del equilibrio idiomático, favorecedora en el pasado a la modalidad literaria, se inclina en los últimos tiempos a favor de la modalidad periodística, en similar desequilibrio censurable sobre el que he llamado la atención.

Compartimos con Hernández sus criterios, confirmando que los medios periodísticos adoptarán antes que tarde una norma unitaria que no será otra que la antes mencionada y que era el paradigma anterior.
Matizar que mientras Hernández califica como “medios periodísticos”, nosotros preferimos denominar como “diarios digitales” ya que la producción lingüística de los medios digitales, en el caso del español, supera con amplitud a la de los otros canales de “nivelación”.

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