Español en América

noviembre 15, 2010

Café solo: a vueltas con la ortografía

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 10:54 am

La Real Academia de la Lengua llamada española y sus adláteres o Academias subvencionadas cada vez más respondonas, al disponer a cambiar algunas normas ortográficas, han visto como el corral comienza a alborotarse.
Hasta ahora tanto periodistas como escritores aceptaban la normativa de la Nueva Gramática sin rechistar, mejor aún con plenitud de ignorante consenso sobre las consecuencias futuras de la Gramática Panhispánica prescriptiva.
Si la trascendencia de la Ortografía es de menor rango que la Gramática, lo que sorprende es que cambios que a mi entender no son ni mucho menos tan trascendentes como los introducidos hace un año en la mal llamada Nueva Gramática, sean muy contestados.
Desde esta tribuna del “Español en América” somos defensores, ni que decir tiene, del español americano. Nuestros lazos familiares con países como la querida Venezuela nos obligan a mantenernos neutrales en las hipotéticas diferencias conceptuales entre los dos lados del océano.
Nuestra posición es clara y fuera de la pasión. La lengua, las lenguas son fenómenos naturales que se pueden “encauzar” por la vía de la normativa. La Asociación de Academias de la Lengua va por el camino “democrático” atendiendo al criterio del número de hablantes para fijar unas pautas normativas que pretenden no ofender a nadie, a ningún país, de manera que al aceptar seis variedades estándar del español en función de la región americana o española, se apartan de la norma única que adoptan lenguas como la francesa, por desgracia para nosotros con un prestigio y cultura más elevados que nuestro idioma.
Explicamos nuestro concepto de la norma única por dos razones: por un lado por el prestigio de la norma única que impone unas reglas para la ciencia, la técnica, la innovación, la literatura y el periodismo y, por otra parte para la enseñanza en escuelas, colegios y universidades de todo el mundo.
La tercera razón y no menos central que las anteriores es la que procede de la globalización y uniformidad que imprime el fenómeno Internet en todos los procesos, incluido el de la lengua.
La tendencia de la red es producir una unidad o unicidad que permita a los lectores se encuentren donde se encuentren, comprender la información o los contenidos sean periodísticos o científicos.
De esta manera, lo quieran o no las Academias de la Lengua, Internet va a producir una única variedad estándar de la lengua que posiblemente será una mezcla o conglomerado de todas las variantes o quizás se adoptará la variedad estándar peninsular que era la lengua de la ciencia y de la literatura (no del periodismo).
A partir de ahora será el lenguaje periodístico el que lleve la voz cantante en la normativa del español. Como expresamos antes, la mayor producción lingüística que es el periodismo digital será el nuevo modelizador y creador de la lengua. Las lenguas como fenómenos vivos en el futuro no se podrán normativizar sino es por la impronta global y de inmediatez que imprime Internet.
Establecer normas a la lengua española en los próximos años será como poner puertas al campo, una tarea inútil. Las Academias sobrarán y la absurda tarea de imponer unas reglas que satisfagan a la demografía y la democracia quedarán obsoletas. La lengua será, guste o no guste, una creación de los periodistas y no de los lingüistas ni de los literatos que irán por detrás de la prensa digital.
La creación literaria por razones evidentes no se puede editar en décimas de segundo como un diario electrónico.
Las lentas, pesadas y poco científicas Academias tendrán como misión rellenar los sillones de sus teatros y si son capaces, la confección de diccionarios y corpus para los estudiosos.
En cuanto a la Ortografía, esa Nueva que pretenden implantar con una finalidad más financiera que técnica para obtener un rédito editorial de unas modificaciones que no son trascendentes, el gallinero mediático se les ha levantado y, muy crítico, contesta las nuevas propuestas.
La ye americana no gusta por estos lares. Se prefiere la i griega tradicional. Las Academias siguiendo el criterio democrático tan al uso y poco científico pretenden contentar al español americano. Nuestra opinión es que no afecta en este caso de la ye a la cientificidad de la lengua, por lo que la propuesta se puede aceptar sin poner problemas a nadie.
La supresión de la doble l, la elle y la ch, la che, no supone tampoco ningún trauma.
La supresión de las tildes –los antiguos acentos- si representan un notable retroceso en la representación de los significados.
La autora como seguidora de la TST rechaza que la situación de la palabra, colocación o locución en un contexto determinado, suponga la clarificación de los significados de las formas cuando éstas son polisémicas.
Sir ir más lejos en la colocación léxica “café solo”, resulta imposible sin el concurso del locutor que lo pronuncia averiguar qué quiere decir:
Me voy a tomar un café solo.Solución número uno: el locutor expresa que se va a beber un “café solo”, es decir un café negro sin leche, ni poca ni mucha, ni buena ni mala.
Solución número dos: el locutor se va a tomar un café, pero en solitario, sin su madre, sin su novia y sin ningún académico ni político que le acompañe.
Solución número tres: el consumidor de café se va a tomar un sólo café, es decir una unidad.
Solución número cuatro: el aficionado al café se va a tomar un café solo, es decir un café negro, en solitario y sólo uno.
Dejo en el tintero digital otras soluciones que puedan imaginar mis lectores, sean cafeteros o no.
En definitiva que el contexto poco o nada puede hacer para averiguar la intención del locutor que es el único que sabe lo que quiere. Por cierto que en estos tiempos que corren, el que haya alguien que sepa lo que quiere es digno de hacerlo sino ministro, por lo menos presidente del gobierno.
En mi post sobre la “nueva ortografía”, me expresaba de esta manera:

“La mejor definición de Gramática es la que recoge “un conjunto de reglas fijadas por el uso y la tradición que regulan la organización de los grafemas, es decir la manera de escribir las palabras de una lengua, el conocimiento y la aplicación de las reglas”.
La Ortografía representa mediante signos los sonidos de la lengua. Se pasa de una expresión fonológica a una gráfica.
El objetivo es que la representación gráfica coincida con la intención del locutor de transmitir una idea, un significado de forma que sea inteligible para cualquier lector.
La ortografía la podemos dividir en dos: una de “uso” que concierne a la situación de los signos y su papel en la frase y, la “convención” que pretende expresar gráficamente una forma (palabra).
Si, además, pretendemos como lo hace la Teoría TST, Significado-Texto que la voluntad de los locutores en su origen es la expresión de una idea y plasmarla en una locución oral u escrita, en el caso de ésta última, la convención gráfica adquiere una relevancia mucho mayor de lo que pensamos. Se trata de que la Ortografía sea lo más precisa posible y que como los seguidores de la TST exponemos, no se deje a la interpretación textual la intención de los locutores.
En otras palabras que la supresión de tildes nos llevaría, si el contexto no lo permite, a unas interpretaciones múltiples y erróneas de la expresión de los hablantes.
En nuestra opinión, no se trata de suprimir tildes, sino de incorporar muchas más a la actual Ortografía de manera que, por medio de las grafías podamos descubrir la intención del que escribe y de diferenciar por medio de la escritura una acepción de otra de una forma polisémicas.
Así, cuando los asamblearios que rigen la normativa de la lengua española proponen suprimir el acento que lleva “sólo”, lo único que consiguen es aumentar la confusión ya que por el contexto muchas veces es imposible diferenciar el adverbio del adjetivo.
Se trataría si queremos conseguir que la Ortografía responda a su finalidad que es la representación correcta de las intenciones de los locutores adaptándose al uso y al acuerdo tradicional, de aumentar las tildes en las palabras polisémicas para que no dependamos del contexto para interpretar un texto”.

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