Español en América

noviembre 16, 2010

Enfoque comunicativo: escrito frente al oral

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 11:35 am

Acaba de llegar mi hija del colegio con un 7,5 en un control/examen de inglés. Acostumbrada a dieces y nueves coma cinco, me siento extrañada/decepcionada y le pregunto qué ha pasado. Examen o evaluación, es más moderno. Todo es escrito y de ahí derivan muchos de nuestros males.
Al ser las evaluaciones escritas incidimos en un desarrollo de clases y de aprendizaje volcado a lo escrito. Con este sistema de evaluación conseguimos que los esfuerzos de los alumnos se dirijan al escrito de manera que dejan de lado la competencia oral, la enseñanza-aprendizaje se convierte en poco o nada comunicativa.
Si en nuestro trabajo en el que describíamos las investigaciones-aportaciones del neurolingüista Paradis y de los psicolingüistas y pedagogos canadienses Germain y Netten referentes al funcionamiento de nuestro cerebro y de cómo éste trabaja en lo que se refiere al aprendizaje de segundas lenguas, y sus recomendaciones de priorizar el oral sobre el escrito, no tenemos más remedio que incidir y recalcar a los profesores que el oral es prioritario.
La comunicación humana es en su forma más pura verbal .Y así ha ocurrido durante miles de años antes de comenzar a escribir en tablas, piedras o tabernáculos para terminar aporreando el teclado de nuestro ordenador.
Si la función de relacionarnos con los demás es en preferencia por vía oral, las investigaciones canadienses van por el buen camino: nuestro cerebro durante siglos ha recibido la información oralmente de manera que la genética prioriza esa forma de comunicación.
Los griegos y los romanos recibían sus lecciones paseando con filósofos y matemáticos y se convertían en maestros en la declamación y comunicación. Ahora nuestros niños tras miles de años balbucean cuando leen (no han aprendido a leer- sólo a interpretar los signos gráficos) y su comprensión es lamentable por su carencia léxica y la falta de costumbre lectora.
Con el paso de los años, a algún iluminado se le ocurrió escribir libros de texto, los fantásticos manuales poco o nada comunicativos que son un auxilio para el docente alejado de la creación y de la innovación. Los libros de texto tienen la ventaja de seguir los currículos y adaptarse a lo que los diseñadores de la educación de las enseñanzas básicas y obligatorias estimen oportuno. Pero nada más. Los autores de manuales siguen las directrices de los currículos oficiales que si leemos los Reales Decretos de la E. S. O. de siete de enero de 2.007, también se llenan de tinta las páginas del B. O. E. para explicar una y otra vez la función comunicativa de la lengua. Detrás de esas intenciones comunicadoras no existe ni voluntad ni intención de adoptar una estrategia o metodología oral como forma primordial en el proceso de enseñanza- aprendizaje. Posiblemente la realidad de las aulas y la necesidad de las evaluaciones escritas pasen por delante del “enfoque comunicativo”.
Lo cierto es que los resultados en segundas lenguas son nefastos. En estas páginas recomendamos e insistimos que amplíen el número de horas semanales tanto en lengua española como en segunda lengua, en concreto en inglés.
También nuestra recomendación se extiende como pretende e insinúa el Centro de Lenguas Modernas de Graz (oficial de la Comunidad Europea) el concentrar los horarios: es decir, si el número de horas lectivas anuales es de 80 distribuidas durante todo el curso escolar, a razón de dos horas semanales, el concentrarlas en veinte semanas a razón de cuatro horas semanales. De esta manera la motivación de los alumnos es mayor y el aprendizaje más rápido. Los estudiantes en pocas semanas ven resultados y consiguen hablar y comunicarse mejor, de manera que el interés por la segunda lengua aumenta y los conocimientos en la misma proporción.
Ni que decir tiene que volvemos a insistir en la función comunicadora de la lengua que debe ser oral, y, las evaluaciones también orales para forzar a los alumnos a seguir esa tendencia verbal.
Otro aspecto que es preciso recordar es que los niños en las enseñanzas obligatorias españolas difícilmente consiguen pasar el nivel A1 que indica el MCER.
Año tras año se vuelven a repetir las mismas frases y las mismas palabras en lengua inglesa de manera que al terminar cada curso lo aprendido se reduce a lo mismo que el año anterior y los avances sean inapreciables aproximándose a cero.
Si adoptáramos nuestra propuesta de concentración de horarios para la segunda lengua, al final del curso realizaríamos una prueba de nivel después de un repaso de lo aprendido-enseñado en esa etapa “concentrada” para refrescar las frases y palabras inglesas del currículo.
Si nuestra propuesta se repite año a año, veríamos como los niños avanzan. Para comprobar lo expuesto se deberían conservar los exámenes (que en este caso serían escritos) como recordatorio para comprobar la eficacia de la propuesta.
Por supuesto que la prueba escrita no impide la evaluación oral que es la primordial y sobre la que se expresarían las notas de la asignatura de inglés a final del curso.
En este post pretendemos hacer hincapié en la comunicación oral pero no nos olvidamos de las demás destrezas de la lengua, ni queremos ningunear la comunicación escrita, sólo poner por delante el oral frente al escrito.

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