Español en América

noviembre 20, 2010

Negros y négres

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 8:34 pm

No tenemos ningún propósito racista y mucho menos nuestra intención es tratar de temas raciales.
La lengua francesa califica como “négre” a un “auxiliar que prepara el trabajo de alguien y en particular es la persona anónima que redacta para una personalidad y/o que compone las obras de un autor conocido.”
En la lengua gala existen dos formas para designar una persona de raza negra, noir y négre, pero sólo négre es sinónimo de los que redactan novelas o textos literarios para los escritores de prestigio.
Los discursos de los políticos también son confeccionados por estos negros sin que conozcamos ni nos interese el color de su piel y que se mantienen en la oscuridad, en las tinieblas de las letras o entre las bambalinas.
En todas los países se produce este fenómeno en el que un escritor famoso pone el nombre y otro u otros trabajan para él mientras que se lleva los premios y la gloria o incluso alguna que otra poltrona académica con letra incorporada.
En la lista de supuestos escritores que detrás de su prosa se esconde en la sombra un negro se encuentra algún que otro periodista famoso autor de editoriales que con prisa o sin ella también en su día consiguió asentar sus posaderas sin mérito en un asiento prestigioso.
La Real Academia de la Lengua en su dejado de la mano de Dios diccionario, al acudir en la búsqueda de la `palabra negro, y nada menos que en la acepción número diecisiete define un sustantivo masculino (las negras no existen) como la persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios.
Estos negros literarios han existido siempre y no hay que rasgarse las vestiduras por su eficaz trabajo que casi siempre supera al del famoso que se lleva el rédito y el capital.
Incluso algunos prolíficos escritores, avariciosos de éxito, fama y dinero llegan a utilizar varios de estos personajes ocultos para producir innumerables obras.
Los políticos los han usado hasta la saciedad y sin descanso, más que los guardaespaldas. Se puede decir que no hay político capaz de redactar sus escritos ni sus discursos pasando por la realeza. Los negros además de poseer fantásticas cualidades literarias poseen su pensamiento propio aportando en los textos producidos sus ideas y filosofía.
En principio no existe ninguna ley que obligue a escritores y políticos a escribir sus líneas. El fenómeno de la negritud adquiere hoy ante el panorama desolador de la incultura, analfabetismo e ignorancia de escritores y políticos una amplitud extraordinaria.
El pensamiento político se vuelve uniforme porque son los negros los que marcan la tendencia ante la ausencia de ideas y criterios de los paganos.
Pero si los negros dominan el cotarro político y literario sin saltar a la palestra y sin ser vistos ni oídos, peor es la situación de plagios a la que nos tienen acostumbrados los artistas y algunos editores.
El caso del Nóbel bajo sospecha, Camilo José Cela con plagios y negros de por medio, oscurece la calidad y el prestigio de la comunidad de escritores ya de por sí bajo mínimos.
La literatura y la cultura necesitan una revolución de envergadura y lo mismo que el sistema financiero, un saneamiento, los ya famosos “tests de estrés” que habrá que someter a las obras literarias ganadoras de estos premios marcianos.
Las “pruebas de confianza” en estos momentos en que los corpus de obras literarias o incluso, editoriales de periódicos, pueden ser sometidos a análisis exhaustivos, en caso de ser utilizados, poner patas arriba cualquier texto ya que se estudia y confeccionan las listas de palabras utilizadas con su frecuencia, de manera que se pueden comparar con otras obras publicadas del mismo autor.
En España tenemos especialistas que trabajan con autoridad los corpus y, desde mi modestia como autora de investigaciones, propongo a los expertos una que tenga por objeto poner a disposición una herramienta que permita por la vía de la informática y de la comparación de textos el descubrir a los tramposos.
Incluso una herramienta de lingüística de corpus podría conseguir por tratamiento de dos textos comprobar las coincidencias de formas o palabras y descubrir o ratificar el plagio y el plagiario, aunque sea un Nóbel o un ganador planetario.

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