Español en América

diciembre 10, 2010

La abstención en la Academia de la Lengua

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 9:59 am

Nuestro DRAE, el ínclito diccionario de la ínclita Academia de la Lengua define como “abstención” la acción y el efecto de abstenerse. Nuestros sagaces académicos enmiendan esta voz y señalan que en la próxima edición, la vigésima tercera le van a añadir una acepción nueva: mantienen el género siempre femenino de abstención y aclaran que en “derecho”, en los procedimientos judiciales o administrativos, es el acto mediante el cual la autoridad o el funcionario llamado a resolver un asunto se aparta de su conocimiento por tener alguna relación con el objeto de aquel o con las partes que intervienen.
La nueva acepción y la consiguiente definición bordan la perfección que los hablantes pedimos a la mismísima Academia de la Lengua.
En cuanto al verbo abstener, su uso es polisémico, desde la abstención o privación de comer o beber hasta la más empleada que consiste en no participar en algo a que se tiene derecho.
Ayer jueves día nueve de diciembre los académicos de la Lengua Española se reunieron en cónclave secreto para elegir al sucesor de García de la Concha. De la sesión propia de las sociedades secretas no ha trascendido más que acudieron 27 de los 43 responsables de la limpieza y fijación del idioma castellano.
Cinco votaron por correo entre los cuales estaba Vargas Llosa ausente en Suecia al ir a recoger su honroso premio Nóbel.
La nota de agencia aclara que once de estos limpiadores (o limpiadoras) no asistieron debido a que la inasistencia a varias sesiones les impide ejercer el sacrosanto derecho de votar.
En cristiano puro y duro, que once de estos señores pasan olímpicamente de la Academia y no acuden para temas trascendentales. Lo importante es ser académico y las ventajas inherentes y no tanto el interés por las cuestiones de la lengua.
Aunque el cargo, puesto o empleo de académico es vitalicio, se debería regular la inasistencia (que al parecer es más frecuente que la asistencia) de forma que después de la segunda tarjeta amarilla, es decir la roja, se les expulsaría de su poltrona por exceso de interés.
Nuestra propuesta es que las entradas para ocupar sillones se deberían realizar por oposición pública (olvidarse del concurso-oposición). De esta manera, quedarían fuera el 95% de estos mangurrinos carentes de ciencia, literatura y todo lo que tiene que ver con el buen escribir y mejor enseñar.
La oposición pública elimina de entrada a los ineptos que ante la posibilidad de que su escasa ciencia quede al descubierto de los espectadores, ni siquiera presentarían sus escasas opciones a cargos tan dignos.
La elección semidigital de los académicos invalida ante la opinión la democraticidad de los electos.
A las 22 Academias se les llena la boca cuando hablan de consenso, de tener en cuenta las opiniones de todos los países y el “efecto demográfico” de algunas naciones como México o Estados Unidos con una pujanza en el número de hablantes que nos apabulla.
Por supuesto, que hay que tener en cuenta las opiniones de todo el mundo, que los habitantes de esos grandísimos países que son los americanos deben pesar a la hora de las modificaciones pero también en cuestiones científicas y técnicas debe prevalecer la ciencia y los criterios técnicos sobre los demográficos.
Y los Académicos deben rebosar de conocimientos sobre la materia prima que tratan, opinan, y proclaman normas, que no es otra que la lengua.
En paralelo ante tanta abstención y despropósito de la Academia española, la ANLE en boca de su Director Gerardo Piña-Rosales en una entrevista en un Canal hispano de Estados Unidos, ha declarado que “creo que el futuro del español está en Estados Unidos”.
Nosotros no sólo lo creemos sino que estamos firmemente convencidos de que el futuro de nuestra lengua y de nuestra cultura se dirimen en aquellas tierras americanas de habla inglesa y española.
El bueno de Gerardo no sabe porqué, nosotros en un estudio de investigación realizado lo demostramos y ponemos los puntos sobre las íes, nuestras carencias y necesidades y las actuaciones necesarias para conseguir remediar una situación grave de percepción exterior de nuestra cultura en los Estados Unidos, país de referencia mundial de la ciencia, de la innovación, y de la cultura con mayúsculas.
Ni Gerardo, ni las academias españolas son capaces de vislumbrar los errores, ni el gobierno socialista de España es capaz de ver más allá de sus narices, ni por supuesto proponer soluciones técnicas y los medios financieros necesarios para que nuestra cultura, la de todos los hispanos se perciba como una cultura de prestigio y no como un subproducto de marketing destinado a vender donuts y hamburguesas a unos pobrecitos incultos cada vez más numerosos.
Nuestras recomendaciones las plasmamos en nuestra investigación sobre los medios digitales en español de los Estados Unidos y, aunque el bueno de Gerardo no lo sepa pero lo intuye, el futuro del español se juega en los Estados Unidos.

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