Español en América

diciembre 16, 2010

Blecua y la misión imposible

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 9:25 pm

Se cierra un período de la vida académica que para unos es de modernidad, de panhispanismo, de una Nueva Gramática plurinormativa, de una política lingüística inexistente, y qué decir de la cultura, pero ¿existe?.
El nuevo director tiene ante si numerosos problemas de orden intelectual y de necesaria reflexión. En este nuevo mundo global e internetalizado no sirven las opiniones personales ni las actuaciones personalistas. El efecto Internet marca las tendencias. Por desgracia no podemos ser independientes, existe una línea o unas líneas que hay que seguir nos guste o no. Este fenómeno es uniformador y modelador.
La primera reflexión es pensar del efecto Internet sobre la lengua. La posición de las academias aceptando seis variantes estándar del español choca frontalmente con la uniformidad y globalización que impondrá la red de redes.
La gratuidad de contenidos culturales y científicos en la web obliga a las instituciones presentes a seguir la corriente. El criterio mercantilista de la RAE convertida en un negocio editorial sin precedentes no coincide con las tendencias del todo en línea y todo gratuito, sobrando las versiones en papel y de pago. La lengua es ciencia en sí misma, los diccionarios representan la descripción de la lengua lo más amplia posible. El diccionario oficial que denominamos DRAE es un instrumento obsoleto, arcaico, con unas definiciones deficientes y que olvida el fenómeno colocacional. Resultaría bochornoso que editores de otros países publicaran en línea diccionarios perfectos de la lengua española. Pero puede suceder ante el auge que no el prestigio de nuestro idioma. Son millones los estudiantes de español ansiosos de diccionarios y manuales de calidad.
En paralelo a la actividad lexicográfica de la Academia, el español necesita una política cultural clara y definida, en ausencia de una política lingüística.
Y si afirmamos que no existe una política lingüística es precisamente por las “últimas” declaraciones de García de la Concha, en el sentido de “que la política no ha entrado en la casa”. Paradoja, ¿cómo se puede decir que hay una política lingüística panhispánica y al mismo tiempo afirmar que la política no ha entrado en la casa? Les guste o no a los académicos la política es parte de la ciencia, no en vano hay una carrera que se denomina “Ciencias políticas”. Y la lengua es objeto de la ciencia y ciencia en sí misma, y, como tal, política en estado puro. La lengua es utilizada por unos y por otros como un arma que se arroja al enemigo cuando se necesita, olvidando que es una forma de comunicación.
Los anglófonos carecen de Academias y de organismos normativos. No los necesitan. Los franceses tienen a los “inmortales” que marcan una férrea política normativa apoyada en una variedad estándar única y monolítica que ha producido excelentes resultados apoyada en un consenso de los partidos políticos franceses sobre una política lingüística y cultural también única, en su doble faceta exterior e interior en el hexágono. No sabemos si por el azar o por una planificación acertada, la globalización les ha venido de perilllas al coincidir la norma única con la tendencia digital.
La RAE y sus adláteres en asociación acientífica y carente de toda reflexión y sustentados en criterios demográficos y democráticos que poco o nada tienen que ver con la técnica -y que la ciencia no puede dejarse de lado-, no han vislumbrado que los tiempos de Internet son los de la velocidad, la inmediatez, la incorporación del léxico sean anglicismos o chinicismos –que pronto vendrán- y de unas culturas en contacto que con políticas y apoyos diseñados a largo plazo, nos comerán.
Necesitamos unos académicos que se preocupen menos de sus ediciones y de su peculio, mirando de reojo lo que otras culturas fabrican, preparan y publican, para con la gran ventaja de Internet posicionarnos en esa gran batalla que se avecina entre lenguas y culturas por la supremacía.
El inglés sostenido con 385.000 millones anuales de I+D y el chino con una tercera parte de esa cantidad, contrastan con nuestra “pobreza” investigadora cifrada entre todos los países de habla hispana en un 10% de lo que gasta el gigante asiático.
No pensamos en la capacidad innovadora, intelectual y diseñadora de políticas culturales de la RAE y sus compinches, por ello el español y todo lo que le acompaña, tendrán que ir al museo de las antiguallas. Ahora que están de moda los modelos de “gestión de la calidad”, le recomendamos al señor Blecua que implante en la Academia el EFQM, empezando por la obligada mejora de la calidad en la formación de sus miembros.

1 comentario »

  1. ¡Sí señores!
    Excelente artículo, al que no se le puede añadir ni quitar ni una coma. Desde el Molino lo suscrbimos y apoyamos… ¿dónde hay que firmar?

    Comentario por Eduardo — diciembre 17, 2010 @ 8:25 am | Responder


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