Español en América

enero 4, 2011

El desierto cultural

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 4:39 pm

En esta época de estreno de año, se suele hacer balance del curso pasado y sacar la bola de cristal para hacer de futurólogos con la ayuda de la lámpara de Aladino. Por eso pedimos auxilio intelectual al mago para que nos desvele los misterios lingüísticos y científicos en materia de innovación y tecnología, qué sorpresas nos deparará el mundo de la cultura y, todo ello enmarcado en la era digital, en ese Internet que modela y dirige casi todo de nuestras vidas.
Este blog en el que nos esforzamos con modestia, trabajo y abnegación en desarrollar contenidos y aportaciones que tienen que ver con la lengua española, castellana y americana, haciendo énfasis en el léxico y su combinatoria, dedicamos algunos esfuerzos al periodismo digital que es nuestra profesión de base y que, a través de investigaciones intentamos mejorar y superar –sin que nadie se ofenda- en concreto el de los diarios electrónicos en español de los Estados Unidos.
Dedicamos trabajo y cariño a desvelar las carencias que en investigación, ciencia y tecnología tiene España y cómo no, los países americanos en la órbita hispana, la percepción exterior que de nuestra cultura tienen los americanos de los Estados Unidos y la necesidad, urgente, urgentísima y prioritaria de actuar en ese sentido de apoyo a nuestras actividades que engloban el concepto de “cultura en español” y que tenga la consideración que ha mantenido durante siglos.
Dedicar un espacio a los actores de la lengua y del periodismo, íntimamente unidos en el lugar en el que todo se juega, guste o no guste, Internet y donde nuestra presencia tiene que aumentar al mismo tiempo que la calidad de la oferta de medios y contenidos. Solicitar un esfuerzo ya que Internet es el escaparate, nuestro escaparate, donde nos jugamos el futuro de lenguas y culturas, y donde la velocidad es la norma universal. No se admiten posturas estáticas, la inmediatez es la regla y los innovadores son los que triunfan. Buscamos la creatividad tanto en la lengua como en el periodismo, éste digital que impondrá su normatividad a la lengua, mal que les pese a las Academias, estáticas, destecnificadas y acientíficas, que tendrán que alterar sus criterios para que la corriente digital no las aparte ni las engulla. Actores más trascendentes si cabe son los políticos que nos tocaron en el último sorteo electoral y, que, sería mucho suponer, fueran capaces de resolver los intríngulis que hay que dirimir a la mayor urgencia posible, que no son otros que una política lingüística exterior clara, inequívoca y consensuada, así como esa política cultural que no existe y que queda al albur de otros que de lo único que disponen como capital que es el monetario, lo ponen a disposición de unos y otros malgastando recursos financieros en negocios editoriales, becas e investigaciones de dudoso resultado cultural.
Nos referimos a esas Fundaciones con mayúsculas como la Telefónica, Obra social de las Cajas y algunos bancos voluntariosos que colocan ingentes dineros en manos de descerebrados para que la ciencia conseguida y algunas veces bien hecha quede en beneficio de unos pocos y nunca de la inmensa mayoría de estudiosos, investigadores y aficionados que necesitan disponer de esos recursos de forma gratuita para continuar con investigaciones razonables y de utilidad.
Queremos recalcar el ignorado concepto de utilidad. Estamos obligados a recordar a esos actores que resuelven y direccionan los recursos de esas fundaciones generosas hacia proyectos de utilidad, que tengan sentido y aprovechamiento.
Tesis doctorales y proyectos de investigación que se realizan sin orden ni concierto en un absoluto caos y que sólo al leer los títulos de algunas tesis, nos preguntemos en qué país de cretinos vivimos. Tesis que no sirven para nada sino es para la obtención del correspondiente título de doctor sin que la investigación buena o mala tenga utilidad.
El ministerio de educación financia trabajos que en algunos honrosos casos son aceptables, mientras que muchos quedan inacabados, incluso en algunas ocasiones al no existir ninguna coordinación con investigaciones similares a otras ya realizadas. Dinero que se pierde mientras que otros muchos proyectos de grandísima utilidad quedan fuera de las vías tradicionales de financiación. Verdaderas ideas de interés que no se realizan porque no existe esa voluntad de apoyar los conceptos sino a los clientes que han demostrado su afinidad electoral.
Se acerca una nueva tanda de sorteo democrático en el que la diosa fortuna premiará a unos señores en detrimento de otros. El resultado será lo de menos si la voluntad de los agraciados en la lotería electoral continúa con la misma óptica de corresponder con los favores a los amiguetes. Una democracia auténtica no concede becas ni réditos a los clientes sino a los mejores proyectos, a los investigadores con méritos, lo mismo que a científicos, docentes y todos los que nos movemos en el ámbito de la ciencia y de la tecnología.
Se necesita una regeneración democrática en todos los órdenes para mejorar la cultura y la lengua en primer término porque son vehículos de la ciencia; en segunda posición la verdadera voluntad popular tiene que llegar a las instituciones como Universidades antes reductos de la ciencia y ahora difusoras de las ideas políticas falsamente progresistas. A la Universidad tiene que venir un nuevo concepto de docente, empezando por su selección en la que desaparezca el amiguismo y el concurso de méritos adhoc para los compinches de tal o cual partido. Que las universidades dejen de ser sucursales de los dos partidos políticos que se alternan en la mamandurria y que el dinero público no se gaste en esas oficinas del PSOE sobre todo. Basta ya de incompetentes, de inoperantes, de vagos y de sectarios que abundan en los centros docentes en los que la vulgaridad, la mediocridad y la necedad son mayoría.
La crisis económica que por suerte para la regeneración democrática va a durar muchos años va a alejar de cátedras a muchos ignorantes e incompetentes. Ahí tienen a uno de ellos, ministro de Hacienda y Economía reciente que negaba la crisis en el principal debate electoral, cuando la crisis estaba encima de su cabeza.
¿Quién habrá sido el gracioso –no tiene otro calificativo- y el irresponsable que le haya dado esa cátedra? ¿No tendrá ese señor que indemnizar a los españoles por esa estupidez?
Un llamamiento especial a la Academia de la Lengua, en cuyo desierto intelectual abundan los ignorantes. Sólo pedir a los académicos un ejercicio de responsabilidad en el que a cada fallecimiento corresponda el nombramiento de un científico. Que se olviden de los políticos y de literatos sin valor. Que procuren no realizar costosas ediciones en papel con fines económicos ya que el dinero es al 50% público y de donaciones espléndidas privadas pero con objetivo cultural, que el material de la Academia sea puesto a disposición gratuita en línea que, POR FAVOR, se mejore ese Diccionario Oficial, el DRAE, un auténtico desastre, modelo de lo que no debe ser la lexicografía moderna del siglo XXI. Pedimos de rodillas un enorme esfuerzo para ese Diccionario que incluya la combinatoria de la lengua, y sobre todo que esté en permanente estado de incorporación del nuevo léxico formado por las unidades léxicas que se generan día a día. El léxico es la “descripción de la lengua” y queda cojo si cada instante olvidamos de incluir la unidad léxica que se acaba de producir, innovar o crear.
Afortunadamente todo es subsanable excepto la muerte y como estamos vivos gracias a Dios, solicitamos un esfuerzo, muchos esfuerzos en estas fechas de Navidad para que nuestra cultura se ponga a la cabeza del mundo. Cosas más difíciles se han visto desde que el mundo existe.
¿Cómo se consigue? Dinero, dinero y más dinero pero bien invertido excluyendo a los amigos y a los incompetentes, recursos que después de establecer una línea clara para una política cultural con el ojo puesto en la percepción exterior, porque no sólo hay que ser bueno sino además parecerlo, sirvan para una mejora global entendiendo ésta como mejora en la formación de docentes y alumnos, mejora de la ciencia, mayores dotaciones a I+D, mejora en la lingüística y la terminología científica, más recursos de todo tipo disponibles en la web y, por supuesto gratuitos. La política cultural incluye como parte de ella una política lingüística consensuada entre todos los partidos y sustentada en la ciencia y en la globalidad a que Internet nos obliga. En política lingüística, por suerte o por desgracia será Internet el que la diseñe, por esta razón es mejor ejercer de futurólogos para ver cuál será la tendencia.

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