Español en América

febrero 11, 2011

Capilla ardiente: locución o colocación

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 11:33 am

Aunque arda Troya no hay razón para alarmarse y a llamar a los bomberos, nuestro eje es el léxico y nos toca analizar esta capilla ardiente cuya etimología desconocemos y que es una combinación binaria de la lengua y, además, opaca.
Del significado composicional de las dos formas que la componen no se deduce su significado unitario que es un lugar donde se vela un cadáver y donde la familia y los amigos del difunto rezan y lo acompañan hasta su última morada.
Al ser una combinación opaca recibe el calificativo de locución. La Teoría TST de descripción del léxico, denomina a estas expresiones como frasemas para distinguirlas de las colocaciones léxicas o semifrasemas, cuyo significado es casi composicional y transparente.
A veces las fronteras entre locuciones y colocaciones no son tan claras como puede ser el caso de dormir como un lirón, leyenda urbana, políticamente correcto o caballo ganador, que no nos permiten situarlas como locuciones. Sin embargo, un locutor no nativo al no ser composicionales, jamás descubrirá su significado, a no ser que previamente las haya aprendido.
Tratamos de mejorar los significados y ampliar el léxico de los estudiantes de segundas lenguas, pero en nuestro recorrido comprobamos que también nuestros alumnos de lengua española desconocen las colocaciones y locuciones más usuales.
El problema es mucho más grave de lo que pensamos porque en nuestras andanzas en la formación del profesorado, pocos o muy pocos son los maestros y licenciados del sistema educativo español que conocen lo que es una colocación léxica.
No es de extrañar que las desconozcan porque en los currículos de los maestros y en la mayor parte de las filologías no forman parte de sus enseñanzas.
Tampoco podemos comprender como en la mayor parte de los másteres de Didáctica del Español como Lengua Segunda no figure como elemento central la Didáctica del Léxico y, mucho menos de frasemas y colocaciones.
Las consecuencias son muy graves, pero el origen también es Académico. Si se toman la molestia de leer el DRAE, en apariencia el Diccionario oficial de esa lengua que se llama española, en la entrada “colocación” no aparece la definición de colocación léxica. Sorprende, aunque ya deberíamos estar curados de espanto y nada nos debería ni asustar ni llamar la atención, el desconocimiento por parte de los lexicógrafos de la Academia de la Lengua del vocablo de marras.
Durante años la RAE mantuvo un programa de formación de lexicógrafos de nuestros países hermanos de América con la finalidad de “darles unas enseñanzas” que les permitieran navegar en el proceloso mundo del léxico. Desconozco si siguen con ese currículo, pero mucho me temo que la situación tendría que revertirse en el sentido de que los filólogos españoles visitaran las universidades americanas para recibir una formación en lexicografía que les permitiera no sólo construir diccionarios, sino también entender los misterios de la lengua, los porqués y cómo funciona el sistema de la lengua.
Dentro de esos misterios se encuentra el fenómeno colocacional que conforma el núcleo de la lengua y que cohesiona el discurso mediante la producción de esas formas binarias (casi siempre) que expresan con rotundidad significados.
Si seguimos el hilo, las locuciones –menos frecuentes- forman también los nodos que se fijan en nuestros cerebros y que constituyen redes. Estas redes cuyo origen son las formas individuales están constituidas por colocaciones y locuciones en forma de cruces de relaciones semánticas que son los nodos. Todo el léxico está interconectado y es una red compleja de significados relacionados por medio de las unidades polilexemáticas que, cuando los locutores pretenden producir una idea, un significado, los necesitamos para con ellos formar los sintagmas y con éstos las frases que son las unidades máximas.
Las redes no están constituidas en un plano, sino espaciales en tres dimensiones. Las redes son complejas y cuanto mayor sea el conocimiento léxico del locutor mayor será la facilidad de comunicación.
Si el locutor dispone en su red de conexiones de suficientes unidades léxicas, podrá comunicar con soltura con otros hablantes. Si su cerebro está vacío de redes semánticas, no estará en disposición de producir enunciados. Con la forma “comunicar” nos referimos a la doble manera, oral y escrita. Si no puede comunicar no podrá superar las evaluaciones, la comprensión de textos y se producirá el fracaso escolar.
Si volvemos al vidrioso tema del fracaso, vemos que es consecuencia de la falta de comunicación y en último término –o primero, según como se mire- de la carencia del léxico.
Insistimos y volvemos sobre ello porque el léxico es el centro del conocimiento y el conocimiento mismo, y no hay actuaciones dentro de los sistemas educativos para remediar el gravísimo problema.
Las actuaciones léxicas son baratísimas, no cuestan dinero, solamente incluirlas en los currículos y en los programas de formación de profesores.
Y el fracaso escolar se reduciría en unos pocos años.

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