Español en América

febrero 19, 2011

Polisemia y colocaciones

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 1:03 pm

Uno de los fenómenos más sorprendentes de las lenguas es la polisemia. Una misma forma o palabra en sus representaciones gráfica o fónica puede tener varios o múltiples significados.
Los contextualistas británicos pretenden descubrirlos a través del análisis de los textos.
Muchas veces el contexto permite desvelar lo que el escritor o el hablante quiere expresar, pero en otras ocasiones la ambigüedad derivada de la polisemia consigue que la oscuridad domine.
Nos preguntamos cómo una misma palabra puede tener varios significados y cómo se originan a partir de uno único en origen.
Lo que está claro que en la noche de los tiempos nuestros antepasados atribuían un significado a una forma. Es la original que la ciencia etimológica nos proporciona y que en nuestras lenguas suele ser el griego a través del latín al que se le puede adjudicar la paternidad del léxico.
Un estudio francés atribuye al inglés actual nada menos que un 75% de formas cuyo origen es o griego o romano.
A partir de esas primeras palabras la originalidad de escritores, hablantes y hoy, los periodistas aumentan los significados léxicos con una innovación que Internet amplifica.
La polisemia se origina a partir de una forma íntimamente unida a un significado por efectos de comparaciones, metáforas, algo a la metonimia, se amplían los significados primitivos.
Es un proceso semántico en el que cuando creamos el verbo “gatear” para atribuir el primer caminar de un niño por la similitud con los andares de un gato, estamos por comparación creando un verbo, “gatear” que desde el punto de vista morfológico nada tiene que ver con “andar” o “caminar”.
La polisemia provoca infinidad de problemas. Por un lado la opacidad de muchos de los nuevos significados que nos obligan a los profesores a considerarla en primer lugar de nuestras preocupaciones léxicas y de comprensión lectora, y, por otra parte, la necesidad de dedicar amplios espacios en las clases a los diferentes significados de una misma forma.
La comprensión lectora es uno de nuestros objetivos que sólo podemos alcanzarla a través de un dominio amplísimo del léxico.
La polisemia es uno de los grandes obstáculos y los otros son las colocaciones y las locuciones. Éstas últimas en menor medida al ser menos presentes en la lengua, pero las colocaciones omnipresentes en el sistema lingüístico no se las salta un torero.
Si las colocaciones léxicas son imprescindibles en cualquier actuación de didáctica del léxico sea dirigida a alumnos de español lengua materna o a estudiantes de segunda lengua, la situación se agrava por la ampliación de significados que representa la polisemia.
La polisemia afecta tanto a colocaciones como a locuciones. Es más trascendente cuanto mayor opacidad tengan las combinaciones.
“Barra libre” es una locución idiomática nada transparente con varios significados: uno muy reciente innovado por periodistas de información financiera que con la combinación pretenden expresar la financiación barata e ilimitada que el Banco Central Europeo pone a disposición de los bancos. La convencional para “barra libre” es la posibilidad de los comensales o clientes de un establecimiento hostelero de beber sin límite mediante un pago a “forfait” o, en algunos casos, motivada por una invitación.
La primera opción no se puede descubrir ni siquiera a través del contexto y se requiere una explicación por un especialista. Para un alumno de ESO o un estudiante de español de un nivel avanzado, esta locución es inalcanzable.
De ahí procede la necesidad de una enseñanza del léxico en toda la extensión de unidades monolexemáticas o multiformas.
¿Cómo se origina la “barra libre” financiera? A partir de la original y extendiendo su significado de “sin límites” de ambas expresiones a esa situación del BCE que reparte fondos a las entidades necesitadas y a un módico precio del uno por ciento.
La creación de un periodista que a base de repeticiones consigue que la “barra libre” bancaria se vaya fijando en la lengua y se acepte como correcta.
Para su incorporación a los diccionarios se requiere que la locución sea expresiva y que su significado no se pueda definir con una combinación corta. La expresión de marras es breve, tiene dos formas, y contundente. Por eso se adopta como válida. Si el periodista hubiera calcado una expresión inglesa, también de dos formas, y no existiera en nuestra lengua una traducción breve y cargada de contenido, se habría adoptado el anglicismo.
Hay que entender el funcionamiento no sólo de nuestra lengua sino de las demás ya que las interferencias interlingüísticas en el futuro inmediato se incrementarán. Las estamos viendo, otros las están “sufriendo”, en nuestra opinión son hechos, sucesos inevitables.
Se nos podrá achacar de no ser purista o de aceptar e incluir en nuestro discurso los anglicismos. No nos rasguemos las vestiduras, son necesarios e imprescindibles mientras nuestra ciencia y tecnología sigan arrastrándose y la cultura ligada a la lengua sea ninguneada.
Si en el léxico no tenemos más remedio que abrir la mano y considerar e incorporar la avalancha que se nos viene encima, otro gallo nos cantaría si la norma fuera única.
No es un capricho clamar en el desierto intelectual académico en referencia a la necesidad de la regla única y no seis ni cinco ni catorce.
En estas páginas defendemos – y aquí están nuestros trabajos sobre el español estándar y la política lingüística- la Gramática con una sintaxis única y monolítica, una política lingüística seria, consensuada y razonada y una acción cultural alejada de los partidos políticos y global para todos los países de la “marca del español”.
La Nueva Gramática de Bosque describe el español como un guirigay de normas y reglas, esas sí influidas por el inglés americano.
Y no es un punto de vista ni “españolista” ni “racista” sino razonado y apoyado en la necesidad de una norma unitaria, de un español o “variedad estándar” para la enseñanza, la literatura y la prensa.
No nos referimos al léxico sino a la sintaxis. En esto somos estrictos y exigentes. Pero lo hacemos desde la razón y la necesidad. Para organizar la situación actual no hacen falta ni el asesoramiento de la RAE ni de sus comparsas. Ni la ANLE, que dados sus conocimientos claman pidiendo una séptima variedad. ¿Han confundido la lengua con el Séptimo de Caballería?
¿Están todos estos señores conectados a Internet? ¿Se han dado cuenta que la globalización es un fenómeno unitario –que unifica- imparable y que requiere que el lector que se encuentra en China y otro en Costa Rica y el de León, para comprender el mensaje necesitan una norma? Y si las Academias no son capaces de proporcionarla, serán los periodistas, los que escriben literatos o autores de blogs que crearán la Norma, que será la que el flujo de información decida y no la Academia, con Bosque a la cabeza, proponiendo nada menos que seis variedades.
No me lo puedo creer.

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