Español en América

marzo 31, 2011

Vísteme despacio que tengo prisa

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 11:04 am

Ansiosos de recomendaciones urgentes del estilo de vísteme despacio que tengo prisa, los correctores oficiales nos advierten con apercibimiento de condenas que pueden ir desde sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU hasta la cárcel de papel, que la forma decalaje no es correcta ni puede ser usada por los locutores.
Proponen las voces desajuste (la mejor), descuadre, discordancia o desfase.
Hacen proceder la palabreja décalage del francés, adjudicando su traducción como “desajuste”.
La concordancia más usada en francés para décalage es “décalage horaire” que si la organización cuya misión es corregirnos a los demás, es decir que no siguen las pautas (más precisas que las idiomáticas) de ese misil evangélico de “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”, no advierten que la concordancia no se traduce por desajuste sino por diferencia o quizás desfase.
Advertimos los correosos senderos o vericuetos de la lengua que traicionan a los mejores expertos y, sobre todo cuando el origen de “décalage” no es ni semántico ni léxico, sino científico.
Los franceses con la precisión de su lengua se permiten muchos más lujos y juegos lingüísticos que desde la vertiente pirenaica de pata negra, que por razones de falta de terminología estamos obligados a adoptar, copiar extranjerismos, galicismos, que expresan con mayor rotundidad significados que con nuestras ibéricas palabrejas, no podemos.
Y no se trata de buscar culpables o pecadores, que todos lo somos en algún momento, sino de aceptar los extranjerismos bien utilizados y con la precisión que requiere su origen sea inglés, francés o chino, ya que nosotros no disponemos de ese léxico.
Y que no me diga la Fundéu que décalage es desajuste o que se puede sustituir por discordancia, desfase, descuadre que no son sinónimos ni mucho menos y que según esta fundación su empleo dependerá del contexto.
Cuando un periodista emplea decalaje como voz hispana lo hace con una intención y con un propósito concreto de expresar un significado. Incluso es muy posible que sea bilingüe francés-español y quiera calcar la voz francesa al español. Si seguimos el razonamiento y nos apoyamos en la Teoría TST, Significado-Texto cuyos postulados pretenden que son las intenciones de los locutores y no los textos los que prevalecen, la Fundéu no es nadie para intentar desvelar los significados que locutores sean periodistas o escritores quieren expresar.
Y esta humilde servidora es una entusiasta del Significado con mayúsculas y por tanto, pretender descubrir a través del texto la intención del que escribe me parece temerario.
Y, otra vez, si en la lengua española no existe la terminología exacta, los periodistas podremos utilizar las formas que mejor se adapten a nuestra finalidad discursiva, existan o no en lengua castellana y le guste o no a la Real Academia de la Lengua y a la Fundéu.
Si contemplamos el uso de la concordancia “décalage horaire” francesa desde el prisma lingüístico, entonces la Fundéu sale también muy malparada porque los expertos de esta fundación salvadora de la lengua desconocen fenómenos como el colocacional omnipresentes en las lenguas naturales.
Vayamos al estudio de la colocación léxica gala: es una colocación regular, si seguimos el criterio de Tutin, A. ya que décalage en la práctica de los locutores se combina en un elevadísimo porcentaje sólo con horaire. Y es colocación por la frecuencia de coaparición, por su composicionalidad semántica.
La forma francesa “décalage” es un concepto mecánico que con posterioridad se “trasladó” metafóricamente hacia el concepto semántico de “diferencia”.
Con exactitud su definición es “acción de quitar una cala”, siendo cala otra forma también técnica y que conceptualmente es “un mecanismo o dispositivo que permite regular un proceso”.
La lexicografía entra muchas veces en la pantanosa ciénaga de la terminología científica de la que el DRAE nos deja huérfanos de madre y padre, de manera que no tenemos más remedio que echarnos en los brazos de anglicismos y galicismos (próximamente chinismos) para remediar las carencias a las que nos tiene sometidos la realísima incompetencia.

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