Español en América

abril 18, 2011

Uso frente a norma: préstamos

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 11:52 am

Aunque nos gustaría preservar el español y mantenerlo puro como una vestal, la meta perseguida parece lejos de alcanzar y nos vemos sumidos en una marea que no cesa de vocablos extranjeros, unidades léxicas simples o polilexemáticas casi siempre procedentes del inglés.
El tsunami no para y nuestra opinión es que dada la fragilidad científica del español la incorporación de anglicismos irá en aumento.
No hay más remedio y debemos aceptar los préstamos lingüísticos sin ruborizarnos ya que nuestra ciencia es incapaz de producir los inventos que los gringos aportan a la técnica y a la innovación.
El lingüista francés Rey, A. (2007:1316) escribe: “Todas las lenguas, incluso las más unitarias, mantenidas en su especifidad es de cierta manera un catálogo de préstamos, un gigantesco diccionario multilingüe”.
Los franceses y, en concreto su lengua, son un modelo a imitar en lo que se refiere a los esfuerzos normativos para impedir la incorporación a la lengua de Molière de esos anglicismos. Sustituyeron email por courriel, software por logiciel y download por téléchargement a instancias tanto del Journal Officiel (equivalente al B.O.E) y derivado de la acción del Gobierno, como de la Academia Francesa.
Esfuerzos baldíos ya que al final se impone la terminología inglesa.
No en vano, en Internet poco o muy pocos son los que utilizan la lengua francesa y, otro tanto de lo mismo para el español que se debaten en la senda difícil de la subsistencia.
El inglés impone su terminología por sus avances tecnológicos y por el uso. Raro es el usuario de la web que no se informa, y utiliza, recursos en inglés y, al final, email, software y dawnload son mucho más visibles que sus homólogos en otras lenguas.
Nos gustaría poner a disposición de los hablantes una terminología propia pero ese afán es casi imposible.
En el caso del francés tienen la enorme ventaja de poseer una política lingüística clara, potente y sobre todo consensuada. En estos lares cuando mencionamos “política lingüística” nos preguntamos: ¿y eso qué es? En estas páginas y en nuestro trabajo sobre “Política lingüística Francia y España, dos formas de entender la lengua” impulsamos unas ideas para organizar una política en torno de la lengua que favorezca tanto el uso correcto como la expansión internacional de nuestra lengua. Que el español se convierta en una lengua objeto del deseo, lengua de la cultura en primer término y, si no somos capaces de más, pues olvidémonos de la lengua de la ciencia, objetivo casi perdido.
La política lingüística necesita de un consenso que deje fuera del alcance de los partidos y que quede en el ámbito de la ciencia y de los expertos el fijar la política del español y que sirva para la defensa de los intereses culturales españoles.
Y dejando de lado a la RAE esa institución obsoleta, comercial y alejada de los intereses de la industria cultural española. La política “panhispánica” de la Academia y su claudicación hacia variedades de la lengua que en un mundo “global” aparecen fuera de lugar aunque se reclamen “razones demográficas” que poco o nada tienen que ver con las necesidades de una lengua fuerte, unitaria y culta en la línea de “globalización” que marca Internet.
Hasta mis amigos de PRISA cambiaron la antigua cabecera de su buque insignia, “El País”, por la nueva más acorde con las líneas que marca la web: “Diario global en español” al que sólo queda añadir, “al servicio del progresismo sociata”.
Me cuesta trabajo entender que los políticos españoles comprendan la necesidad de una política lingüística consensuada y que ésta debe quedar fuera de los vaivenes de cada sorteo electoral impone. La vuelta del calcetín y el dame de comer que estoy en paro es la tónica habitual cada vez que una campaña renueva los elegidos y éstos prefieren a sus amiguetes en lugar de poner en cada sillón al más capacitado.
Si dejamos de lado la política y nos centramos en los préstamos lingüísticos, Pruvost, J. (2003:118)) en lo referente al francés, y creemos que en las demás lenguas sucede otro tanto de lo mismo, separa la “creación léxica” en la lengua de Molière a las nuevas palabras que proceden de una “matriz interna” y las que vienen del exterior, la “matriz externa”, es decir los préstamos.
La “matriz interna” señala Pruvost consiste en la formación de nuevas unidades léxicas por:
• derivación morfológica
• composición
• “siglación” (derivación por efecto de las siglas)
• Y troncación
Nosotros añadimos para esa creación de nuevas unidades léxicas, además de las que propone Pruvost, la “innovación” que puede ser doble: una innovación “pura” como puede ser la palabra “botellón” u otra procedente de “cambios sociales” como es “violencia de género”. Otras veces la incorporación interna viene de formas derivadas de títulos de películas o de obras de la literatura “la sombra alargada” de Delibes (La sombra del ciprés es alargada).
La producción de unidades léxicas puede llegar de la mano de las marcas comerciales sobre todo de la innovación de los publicitarios: “actimelízate”.
La “matriz externa” que es la que más preocupa a la RAE y a la Fundéu procede del efecto Internet, de los medios audiovisuales, de los diarios digitales sobre todo los que emplean un lenguaje de especialidad (los financieros), las películas del cine, las obras de la literatura actual y la publicidad internacional y sus marcas “globales”.
El problema de los neologismos no se encuentra en las unidades léxicas monolexemáticas sino en las plurilexemáticas casi siempre colocaciones y en menor medida locuciones.
Las colocaciones nos llegan de lenguajes específicos, casi siempre de los “negocios” o financiero y casi nunca se pueden traducir al español al ser unidades que expresan significados nuevos que no existían y que son de difícil traducción de manera que la única forma de empleo es trasladar la unidad léxica inglesa al texto periodístico: core capital, book crossing son intraducibles y no hay más remedio que utilizarlas tal y como vienen. Hasta la vieja “cash flow” que se traduce por “flujo de caja” vuelve por sus fueros y resurge de nuevo.
Como indicamos los préstamos proceden de las nuevas tecnologías, sobre todo de la informática y la telefonía móvil, pero también de las marcas comerciales.
¿Por qué se originan los préstamos?
Hay dos razones mayores: la necesidad de expresar un significado novedoso que antes no existía y la segunda, la “economía” o ley del mínimo esfuerzo en la que el uso de la unidad léxica se reproduce al no poderse traducir al español con las mismas formas y necesitarse una explicación larga y complicada.
El uso, la repetición, consolida las unidades léxicas y las hace inamovibles.
Lo único que saca fuera de una lengua es la obsolescencia tecnológica. Es el caso de la antigualla walkman antaño muy usada pero hoy ha quedado fuera debido a causas técnicas.
Y desaparecerán Black Berry, la serie de los MP3, los Ipod, Ipad, Iphone, pero mientras tanto los seguiremos utilizando.

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