Español en América

abril 29, 2011

Mejora del sistema educativo: la lengua española

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 9:18 am

No queremos entrar en este estado de la cuestión sobre qué actividades son necesarias y en qué orden porque es parte de una Metodología de Didáctica del Léxico a la que dedicamos nuestro “Libro del léxico” derivado del Curso impartido de “Didáctica del léxico”.
En las enseñanzas obligatorias de Primaria y Eso no existen predeterminadas actividades o ejercicios destinados a la mejora de la competencia léxica, léase aumento del léxico. Rara vez algún profesor celoso o despistado se dedica al estudiar un texto, y al leerlo, si aparece alguna palabra considerada como “difícil”, en ese momento hace un alto en el camino para encontrar su significado en un diccionario obeso e inútil.
Ni que decir tiene el currículo de Primaria y Eso, deja sin argumentos a los profesores de lengua española que pretenden explicar el papel del léxico en el sistema de la lengua y la necesidad de su conocimiento. En este sentido insistimos en la necesidad de que los currículos recojan de manera exhaustiva no sólo las unidades léxicas monolexemáticas sino las combinaciones restringidas de la lengua y se prevean ejercicios para incorporarlas al lexicón de los alumnos.
En el largo recorrido léxico para conseguir un cierto dominio y alcanzar la ansiada comprensión lectora y la competencia discursiva de comunicar con holgura y precisión se necesita de ese apoyo legislativo sin el que los docentes no pueden decidir por su cuenta “salirse del guión” de los currículos oficiales.
Nuestros legisladores, muy alejados del conocimiento científico necesario para vislumbrar la necesidad de resolver el problema, si no les proporcionamos sólidos argumentos, contemplarán el fracaso escolar como algo difícil de solventar y que es mejor achacar a causas sociológicas.
Los franceses que tuvieron el mismo problema 20 años antes que nosotros, comprendieron que la lengua francesa era la clave y lo que llamaron la “crisis del francés” y la “falta de calidad de la lengua” eran los problemas a los que había que hincar el diente.
Los profesores galos comenzaron a hablar de “crisis” en los 90 del pasado siglo, cuando apercibieron los innumerables problemas de comprensión achacados, enseguida, a la falta de vocabulario. Sin embargo, los alumnos de la época no fueron conscientes de esa carencia y, la tendencia fue, casi siempre, de atribuir todos los males a los docentes.
Pensamos que la fachada que oculta la carencia es que la comunicación entre alumnos, por supuesto siempre oral, es fluida. Los jóvenes entre ellos no tienen problemas de comunicación por lo que no “vislumbran” el problema. Incluso las conversaciones entre padres e hijos se realizan también con fluidez. Ni padres ni alumnos son conscientes de la existencia de falta de vocabulario que sólo se pone de manifiesto en las evaluaciones de las clases, en la lectura de textos o manuales y en la imposibilidad de comprender enunciados.
Ni que decir tiene que donde se manifiestan los problemas léxicos es en la realización de escritos o redacciones o más sencillamente en una evaluación cuando se pide expresar un tema concreto.
La lectura de los exámenes pone los pelos de punta a los profesores en que, a parte, de las innumerables faltas de ortografía y de sintaxis, son habituales vocablos sin sentido o que no corresponden a la intención del locutor. Los docentes califican al vocabulario como pobre, insuficiente y sobre todo ineficaz.
Es preciso para resolver este espinoso asunto de la falta de vocabulario distinguir de nuevo, entre los dos registros el coloquial-oral que es suficiente para la comunicación y que nos confunde, y el otro, el “académico” el de la comunicación escrita que es, por desgracia, muy diferente y muchísimo más amplio.
Un estudio francés de los noventas recopilando un corpus de textos escolares de las enseñanzas obligatorias recogió nada menos que 24.000 palabras.
La investigación no precisa si esas 24.000 palabras fueron lematizadas y a cuantas entradas de un diccionario corresponden. Supongamos, siendo optimistas, que esa cifra corresponde únicamente a unos 7 u ocho mil lemas. La cifra sigue siendo enorme si la comparamos a la previsible cifra de vocabulario usual de un alumno de cuarto de ESO español que en el mejor de las cosas no pasará de 2.500 lemas.
Faltan investigaciones de “vocabulario usual” y son urgentes para determinar ese desfase entre el vocabulario de nuestros alumnos, año a año, y su comparación con los libros de textos de cada curso de las enseñanzas obligatorias.
En estas páginas del “Español en América” publiqué, en ese sentido de contrastar un determinado corpus con una necesidad real en la que las conclusiones fueron sencillamente alarmantes.
Me remito a la investigación de un corpus de exámenes de DELE niveles A1-A2 recopilado y facilitado amablemente por “El Molino de Ideas” en el que las palabras de las evaluaciones convenientemente lematizadas nos daban la enorme cifra de 2.700 lemas. Resulta sorprendente el desfase que existe entre ese corpus y lo que propugna el Instituto Cervantes para esos niveles del MCER.
Si un alumno de cuarto de ESO es capaz de comprender 2.500 lemas y sus libros de texto y cuadernos de actividades o ejercicios constan de 7 u 8.000, difícilmente el joven podrá comprender los manuales y si son evaluaciones, lo qué éstas le preguntan.
Es este desfase el que hay que cubrir, si queremos reducir y eliminar el fracaso escolar y, lo antes posible.
Propugnamos para los profesores tanto de Primaria y Secundario un nivel inicial de estudios de Doctorado, o por lo menos acreditar la “Suficiencia Investigadora” que les permita reflexionar e investigar y transmitir esa motivación a sus alumnos.
Y, ahora, hoy, alentar investigaciones que nos permitan un conocimiento exhaustivo del vocabulario usual, para poderlo comparar con los corpus de evaluaciones, textos y ejercicios.
De esta manera podremos circunscribir el problema y verificar que mis tesis de carencia léxica son reales y que la única forma de resolver el fracaso escolar va por la vía de una política que prime la lengua española en currículos y horarios para, de esta forma, poner a punto una metodología para resolver la comprensión lectora mediante la didáctica del léxico a través de lecturas convenientemente graduadas y seleccionadas por expertos. No se trata de leer por leer, sino leer con un método, hecho que olvidan los “expertos progresistas” que nos dirigen que son “expertos analfabetos” en esta materia.

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1 comentario »

  1. Comparto la preocupación expuesta en “Mejora del sistema educativo: la lengua española”. La situación se puede aplicar a los estudiantes mexicanos: “Si un alumno de cuarto de ESO es capaz de comprender 2.500 lemas y sus libros de texto y cuadernos de actividades o ejercicios constan de 7 u 8.000, difícilmente el joven podrá comprender…”
    En México hay muchas experiencias acerca de ofrecer a los alumnos “.. lecturas convenientemente graduadas y seleccionadas por expertos”. Pero su punto es irrefutable : “didáctica del léxico”.
    Saludos cordiales de Humberto Cueva ( http://humbertocueva.wordpress.com)

    Comentario por humbertocueva — abril 30, 2011 @ 1:45 pm | Responder


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