Español en América

mayo 1, 2011

La lengua una necesidad comunicativa

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 9:31 pm

En el diario ABC.es del uno de mayo, en un artículo titulado “Llanto por la ortografía”, el académico y responsable de la Nueva Ortografía Salvador Gutiérrez, se lamenta de la “situación preocupante”.
Desde estas páginas ponemos el grito en el cielo por la situación de la lengua española en su generalidad y no en el tema específico de la Ortografía que, al parecer es lo que más preocupa a la Academia.
La lengua cumple una misión comunicadora y, en nuestra opinión la Ortografía siendo importante no es el tema central de la comunicación.
No quiero decir que tenemos que olvidar la corrección ortográfica que como se dice de forma coloquial cuando suceden las faltas “hacen daño a la vista” y ponen en entredicho a sus autores.
La trascendencia de la lengua gira en torno de una comunicación tanto escrita como oral para la que se necesita una importante cantidad de unidades léxicas.
La comunicación oral, coloquial, tanto entre jóvenes y entre éstos y sus padres se realiza con facilidad y esa comunicación fluida enmascara la otra realidad que es la que cuenta en la evaluación o calificación de los estudiantes: la escrita.
Y aunque el académico Gutiérrez insista en que el problema procede de los SMS, de los correos electrónicos y de los mensajes de las redes sociales que, por ejemplo, como en Twitter tienen que ser breves y la presión de la “prisa” convierte la rapidez en una necesidad que prima sobre la corrección ortográfica, no podemos estar más en desacuerdo con la opinión del catedrático.
Pensamos que las redes, los SMS y los correos dentro de la transmisión de datos, nada tienen que ver con Internet, este tipo de comunicación lo podríamos calificar como otro “registro” de la lengua en la que pueden aceptarse ciertos errores ortográficos porque la velocidad es esencial y la brevedad se impone sobre la calidad lingüística, es con toda evidencia un nuevo lenguaje cuya finalidad es diferente a la del registro “académico”.
Es en éste lenguaje donde no se deben permitir ni fallos ortográficos, ni sintácticos, ni léxicos. Es el lenguaje de la comunicación escrita en el que los locutores se someten, en producción, a evaluaciones y actividades no sólo en la lengua vehicular sino en las demás asignaturas.
No se trata sólo de conseguir una correcta ortografía, sino de producir escritos en todas las materias del currículo y, esa producción exige una capacidad de empleo de unidades léxicas de todo tipo que permitan expresar una amplitud de significados.
La lengua se valora menos:
Es lo que dice Gutiérrez y, nosotros en infinidad de trabajos algunos publicados en estas páginas expresamos, antes que el Académico, que el fracaso se debe a la “progresiva reducción de las horas lectivas” destinadas a la lengua española.
La lengua debe ocupar una primacía en los currículos, en el sistema educativo y en los horarios. Los políticos y los que deciden deben ser conscientes de que la única forma de arreglar este desaguisado en el que se ha convertido la educación en España es volver a otorgar la primacía a la lengua española.
En los países en los que la lengua vehicular ocupa una plaza importante en los currículos, el fracaso escolar es reducido.
También esos países, como Francia, cuentan con una política lingüística sólida, hecho que en nuestro país no ocurre.
Al parecer los que deciden en estos lares tienen una serie de complejos referidos a la lengua.
El apoyo y la prioridad a la lengua de todos es vista como una reivindicación fascista y en muchos casos, a los defensores de la lengua se nos tacha de “derechas”.
La ignorancia es atrevida y el desconocimiento científico se encuentra demasiado extendido por desgracia para nuestros jóvenes y nuestras enseñanzas obligatorias.
Se necesita una “reactivación” de la lengua española en todos los sentidos, primero en aumentar su prestigio, en insistir en que es necesaria para la comunicación, en que no es el patito feo del currículo y que tenemos que ser conscientes que es la tercera lengua mundial en importancia.
A partir de esa necesaria concienciación se requiere afirmar una política lingüística nítida, enérgica y clara.
El espejo al que debemos mirarnos es el francés en el que todos los partidos políticos reman en la misma dirección, en el que el consenso es la norma y no la excepción, en el que todos los actores se unen para defender, sostener y fomentar la lengua francesa. Y no sólo la lengua sino promover una política cultural y científica también consensuada al estilo de nuestros vecinos.
El papel de la Real Academia:
Desde el comienzo de la democracia, la Academia alegando que no entraba en debates políticos sobre la lengua, la abandonó a su suerte, dejando en manos de los congresistas las decisiones sobre cuestiones técnicas.
Tampoco en los debates sobre la Ley de Educación (o su plural) la Academia se abstuvo, cerró el pico, no abrió la boca.
Las consecuencias de esa política de mirar para otro lado están a la vista: el desastre educativo consecuencia del escaso valor e importancia atribuidos a la lengua española y la claudicación política sin precedentes de todos los partidos políticos.
La lengua ha estado mal vista, sigue estándolo si la comparamos con otras materias y otras lenguas más valoradas y esa idea antes expuesta de que nuestro idioma representa al nacionalismo español.
Ideas equivocadas que lamentaremos en unos años.
La contradicción sorprendente de que mientras los gobernantes se les llena la boca hablando de la potencia y el crecimiento del español, por otro lado en todos los foros internos nuestra lengua retrocede y es vituperada sin que nadie mueva un dedo por ella; por supuesto, ni la Academia enmudecida no sabemos si por la ignorancia de sus miembros o por que convertida en un negocio editorial se centra en publicar obras innecesarias como la Nueva Gramática o la reciente Ortografía.
La postura académica contrasta con la de la Academia francesa que ruge como una leona cuando los políticos intentan alterar el statu quo del francés.
Laméntese señor Gutiérrez si su ignorancia en cuestiones de la lengua, que es su materia prima, nos ha llevado a esta situación lamentable.
Responsabilidad de políticos descerebrados pero también de estos analfabetos que desconocen la estrategia para llevar a buen puerto nuestro español.

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