Español en América

junio 27, 2011

Política lingüística francesa

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 6:35 pm

Si destacamos en algo en España es, precisamente porque no nos destacamos en nada. En esta sociedad del conocimiento del siglo XXI nuestros políticos son los más ignorantes del mundo civilizado, en el optimista supuesto que nos encontremos en él.
En algún post sobre política lingüística trazamos la comparación entre la francesa clara, meridiana y consensuada y la española que al no existir es imposible ni de criticar, ni de formular ya que carece del mínimo de lineamientos a seguir.
Si realizamos algún comentario sobre el tema, al no haber referencias los debates son imposibles de abrir.
Francia una democracia consolidada y con algunos años a sus espaldas posee una historia lingüística admirable y admirada que para algunos de nuestros actores territoriales pudiera parecer fascista.
Comentamos que cuando se formulan proposiciones sobre la lengua sea para mejorarla o defenderla, surgen voces de descerebrados que las califican de fascistas.
Otro amable calificativo al que nos someten estos intelectuales de la progresía es el de “nacionalista español”.
Cualquier idea sobre la lengua es tildada de “fascista” o de “nacionalista”.
Palabras que no necesitan más que el olvido desde la ciencia porque nuestra educación nos lleva a no calificar a estos señores de despreciables e ignorantes.
Si volvemos al ejemplo de Francia que tiene una larga historia y tradición de defensa, implantación, consolidación y expansión del francés, nadie desde su origen como lengua hace casi mil años se ha atrevido a nombrar a sus defensores como fascistas.
Desde los albores de la monarquía francesa nuestros vecinos han destacado por llevar al idioma a la cumbre y a la identidad como nación. No en vano es el francés la lengua de la república como la consagra su Constitución.
La trayectoria empieza en 1533 con Charles de Bovelles y uno de los filólogos del Renacimiento cultural que escribe “De differentia vulgarium linguarum et Gallici sermonis varietatis” en la que destaca la cantidad de lenguas existentes en la época en Francia, como indica “tantas como pueblos, regiones y ciudades”.
La obra influye en el rey Francisco I que seis años más tarde firma la ley “Ordonnance de Villers-Cotterêts” con 192 artículos entre los cuales destacan sólo dos que son trascendentes para el devenir de la lengua francesa: uno es la creación del estado civil diferenciándose del religioso y, el segundo que afecta a la lengua que no es otro que el empleo del francés como lengua oficial del estado en lo referente a los actos administrativos.
En concreto es el artículo 111 que textualmente:
“Nous voulons donc que tous les arrêts, et toutes autres procédures, soient prononcés, enregistrés et délivrés aux parties en langage maternel français et non autrement ».
Es continuación del 110 : « Afin qu’il n’y ait cause de douter sur l’intelligence des arrêtes de nos cours souveraines, nous voulons et ordonnons qu’ils soient faits et écrits si clairement, qu’il n’y ait ni puisse avoir ambigüité ou incertitude, ni lieu à demander interprétation ».
Desde esa lejana fecha de 1539 la lengua francesa se convierte en lengua oficial, en lengua del estado en el que Francia poblada por más de 20 millones de habitantes, solamente el francés era hablado por una pequeña parte que quizás no supere el millon.
Bajo el reinado del rey sol, el todopoderoso Luís XIV el francés se consolida, se expande y una pléyade de gramáticos normativizan el idioma con el objetivo de depurarlo y de mantener una lengua de cortesanos y de literatos. Se descartan los vocablos procedentes de Italia y de España en el momento ejes culturales de Europa.
Pasa un siglo hasta que el cardenal Richelieu crea la Académie Française, en 1635 que a su vez publica en 1694 el primer Diccionario oficial de la lengua. La recopilación se hace a imagen y semejanza del “bon usage” que prescribe el primer normativista de la historia, Vaugelas.
Transcurren casi cien años y la aparición de la Revolución francesa en 1789, lejos de aportar un aire pretendido fresco a la lengua, pone un nuevo bozal a sus detractores y a los defensores de las “otras lenguas”.
Es Bertrand Barère el que se muestra intolerable con los que según él agreden al francés: “La monarchie avait des raisons de ressembler à la tour de Babel; dans la démocratie, laissez les citoyens ignorants de la langue nationale, incasables de contrôler le pouvoir, c’est trahir la patrie… Chez un peuple libre, la langue doit être une et la même pour tous ».
En un post que publicamos un par de meses atrás, cuando nuestros sagaces legisladores del Senado debatieron sobre la traducción del castellano a las lenguas cooficiales, publiqué las palabras del mismo Barère en la Asamblea Nacional Francesa el 27 de enero de 1794 que parecen extraídas de El Mundo:
“Combien de dépenses n’avons-nous pas faites pour la traduction des lois des deux premières assemblées nationales dans les divers idiomes de France. Comme si c’était à nous à maintenir ces jargons barbares er ces idiomes grossiers qui ne peuvent plus servir que les fanatiques et les contre-révolutionnaires ».
Por si hubiera alguna duda en la interpretación del texto francés lo traduzco:
“… idiomas que no pueden servir más que a los fanáticos y a los contra-revolucionarios”.
La opinión de Barère es tajante y tiene su lógica al promover una lengua común como bastión de la democracia y para el entendimiento del pueblo en contra de las ideas fanáticas de los que defienden el uso de lenguas diversas y de los defensores de la contra-revolución, frente a la democracia de la revolución francesa de 1789.
Resulta sorprendente que los propulsores de la democracia basada en la Libertad, Igualdad y Fraternidad se apoyaran en la lengua única como manera de defender los principios democráticos e igualitarios.
Las propuestas de Barère como buenos demócratas que somos las suscribimos en su totalidad y en la lejanía de más de doscientos años transcurridos, entendemos que es una necesidad democrática que nosotros añadimos con otros requerimientos como, además, la necesidad de unificar la lengua de enseñanza.
Pero si Barère se le puede considerar el segundo normativista del francés después de Vaugelas, no por su afán por la norma, sino por su deseo de implantar un idioma común para todos los franceses para afirmar la libertad y los principios democráticos, no es sino el 20 de julio de 1794 que se desata el “terror lingüístico” con el Decreto del dos de Termidor en el que en su artículo primero exige que cualquier acto o disposición pública en Francia pueda ser escrito en lengua diferente al francés. La parte “penal” que acompaña a la exigencia de la redacción en lengua francesa de cualquier escrito público o incluso privado es la de condenar a los infractores a seis meses de prisión y su destitución como funcionarios públicos.
El decreto del dos de Termidor se suspende poco más tarde pero no en sus efectos sino en sus consecuencias penales que se anulan el 17 de noviembre de 1794.
En 1823 se publica la Gramática Francesa de Noel et Chapsal materia obligatoria de la enseñanza del francés durante decenios mientras que la Ortografía era la de la Academia Francesa.
El siglo XX se consagra como la victoria nacional e internacional de la lengua francesa con no menos de cuarenta leyes para favorecer su enseñanza, la administración pública y otras materias como las referentes a su uso en la prensa escrita y la ortografía necesaria para acceder al funcionariado.
El colofón lo pone en 1972 el difunto Pompidou que declara: “ No hay sitio para las lenguas y culturas regionales en una Francia que tiene que marcar a Europa con su sello.”
Esta declaración en la España postfranquista y constitucional hubiera desencadenado un terremoto entre los legisladores ibéricos de la época. En Francia sólo Mitterand disiente en periodo electoral haciendo un guiño a las “lenguas regionales cuando declara poco antes de ser elegido presidente en 1981:
“Ha llegado la hora de un estatuto para las lenguas y culturas de Francia y que se les reconozca una existencia. Ha llegado la hora de abrirles las puertas de la escuela, de la radio y de la televisión permitiendo su difusión y, de acordarles el lugar que merecen en la vida pública.”
Pero poco después el ministro Pandraud, escribía:
Je rends hommage à l’école laïque et républicaine qui a souvent imposé le français avec beaucoup d’autorité — il fallait le faire — contre toutes les forces d’obscurantisme social, voire religieux, qui se manifestaient à l’époque. Je suis également heureux que la télévision ait été un facteur d’unification linguistique. Il est temps que nous soyons français par la langue. S’il faut apprendre une autre langue à nos enfants, ne leur faisons pas perdre leur temps avec des dialectes qu’ils ne parleront jamais que dans leur village: enseignons-leur le plus tôt possible une langue internationale.
Describe el empleo de las lenguas regionales como una pérdida de tiempo frente a la enseñanza de otras lenguas como el inglés.
El inspector del ministerio de Educación francés Gauchon (nombre izquierdoso predestinado), escribía en 1997:
Les langues régionales ont sans doute leur place à l’école comme l’enseignement de n’importe quelle langue ou discipline, mais le bilinguisme en langue régionale est incompatible avec les principes de fonctionnement de l’école publique. Il privilégie la culture et la langue d’une communauté alors que le rôle de l’école publique est de privilégier la culture et la langue françaises dans un objectif de cohésion sociale.
En la actualidad el consenso lingüístico en torno al francés impera en la clase política francesa en la que la Académie Française forma parte del Gobierno francés y una política unitaria de norma al estilo tradicional congrega tanto en la actuación exterior como interior al gobierno y a la oposición.
Aquí sin política cultural ni lingüística exterior, las lenguas cooficiales se han comido al castellano que mientras se mantiene con una demanda fuerte en otros países asiáticos y americanos.
Nuestras amigas Carmen y la Trini en su despiste tradicional esperan que los amiguetes de Rajoy cojan su relevo en unos meses.
Mientras tanto, ignorancia y descalabro.

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