Español en América

julio 10, 2011

Consenso en política lingüística

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 12:58 pm

Nuestras propuestas en política lingüística son muy claras, las exponemos en estas páginas y nos inclinamos por el modelo francés que tiene éxito, resulta atractivo por diversas razones, la principal la existencia de un consenso político, la posición de línea dura de la lengua francesa es fuente de empleo y de rentabilidad económica y, al final, el idioma de Moliére se estudia en todos los países con mayor presencia que el español que es una lengua con una demografía más elocuente.
Si el modelo lingüístico de los galos es encomiable, más lo es su cultura en la que no se diversifican los esfuerzos en pro de un resultado convincente y de prestigio.
El veinticuatro de junio pasado un investigador del CSIC, Garrido Gallardo publicaba en las páginas de ABC un artículo con el que podemos estar de acuerdo y que aunque nuestras propuestas no son “políticamente correctas”, pensamos que responden a unas necesidades y, las soluciones a nuestra frágil – inexistente – política lingüística son unidireccionales.
En paralelo, la política cultural española no sólo es frágil e inexistente sino que destaca por su falta de cohesión, gasto desorbitado e inútil y sectaria.
Es preciso y de manera urgente el diseñar tanto una política de la lengua como de nuestra cultura que como eje central sea consensuada por todos los partidos políticos nacionales en los que incluyo a PP, PSOE, IU y UPD.
La primera premisa en la que debemos apoyarnos es el efecto Internet que está presente en nuestras vidas y economías, representa un elemento uniformador y global, altera los mercados a la velocidad de la luz y, en el futuro su presencia será mayor.
Si la primera es el “factor Internet”, la segunda premisa es el estado de la educación en España (y en casi todos los países americanos) marcada por el fracaso escolar y, una tendencia hacia el precipicio.
Se necesita para remediar la catástrofe del sistema educativo una política lingüística consistente en la lengua vehicular de la enseñanza que no es otra que el español.
La tercera premisa es la demografía imparable en la que se apoya la lengua española derivada del crecimiento de los hablantes del español-
La cuarta pata del banco es la “sociedad de referencia” espejo en el que todo el mundo mira y se contempla que no es otra que los Estados Unidos de América.
Sociedad de referencia por ser la más avanzada en ciencia, tecnología, innovación, cultura e investigación, e influida en los últimos decenios por el avance constante de lo hispano que representa alrededor de un 15% de sus habitantes, de su fuerza laboral y de sus votantes.
La realidad social “hispana” con un nivel lingüístico y cultural reducido impone a la comunidad internacional iberoamericana unas exigencias urgentes.
Si nuestra premisa preliminar es el “efecto Internet” que todo lo altera y cambia a una velocidad de vértigo, la situación de esa “sociedad de referencia” que son hoy los Estados Unidos puede variar en un futuro no lejano y ese “eje de referencia” puede trasladarse hacia las economías asiáticas, léase China, India, Japón y Corea.
No hay que olvidar que los crecimientos de dos dígitos del gigante asiático consiguen que el número de investigadores y patentes industriales pueden superar en muy pocos años a los USA.
Con las premisas anteriores explicadas, es urgente establecer unas líneas de política lingüística para consumo interior y un plan para la política exterior.
Los actores:
Por desgracia los hablantes que somos los principales actores y consumidores de la política lingüística y de la lengua de comunicación que es la española, poco podemos hacer, sino es clamar en el desierto y rechazar con nuestros votos, o con nuestra abstención la inoperancia de la clase política.
Resulta evidente que los dos actores relevantes son los políticos de diverso pelaje que cubren – cobran – a lo ancho y largo de la piel de toro y, la Academia de la Lengua cuyo papel es similar a los “indignados” del 15-M, es decir, que prefieren abstenerse de cualquier actuación alegando que no les corresponde a ellos la posibilidad de influir o decidir si la lengua española va a ser o no vehículo de enseñanza o su papel preponderante en la educación o que se reduzca a una mera comparsa del sistema educativo como lo es en Cataluña que tiene menor consideración que el inglés.
Los señores – o señoras – de la Academia han evitado abrir sus bocas – bocazas – en los debates parlamentarios de la Constitución de 1976, durante la tramitación y posterior promulgación de los Estatutos de Autonomía o de las Leyes y Decretos que conciernen a la educación y, en concreto a esa lengua de enseñanza y vehicular, que, por casualidad del destino es la lengua española.
Contrasta esta posición de pasotismo de la Real Academia con la postura de la “Académie Française” que se bate el cobre para defender el idioma de Racine en los debates parlamentarios cada vez que se discute algo que concierne a la lengua.
No es algo que quedó al azar ya que la clarividencia de los reyes de Francia desde Francisco I a Luís XIV, pasando por los revolucionarios de 1789 tuvieron muy claro que la unidad de la República, la expansión y la economía gala, pasaban por una lengua francesa fuerte, unitaria y, que la libertad, igualdad de todos los franceses derivaba del uso de una lengua común que no era otra que el francés.
En ese diseño clarividente de su lengua optaron por que su Academia formara parte del gobierno francés y como el que paga manda, obligaron a los “inmortales” a opinar, criticar y orientar sobre la educación, la lengua y la política lingüística.
En estos lares la Academia se creó un siglo después, el primer diccionario, el de Autoridades se editó con el mismo decalaje y, al no pertenecer al gobierno español, los académicos van a su aire, es decir, dependiendo de la meteorología van produciendo sus opiniones.
Eso sí, existe una política “panhispánica” que ríete de Mortelado y Filemón que cuando se encuentren aburridos y el calor estival apriete, recomiendo una lectura más bien rápida, puesto que si es pausada y reflexiva, les puede producir un derrame cerebral.
Sin embargo, de pascuas a ramos aparece el Víctor de turno o el Blecua para quejarse de las faltas de ortografía de los alumnos españoles o de si los SMS están muy mal escritos.
No nos preocupamos por las faltas ni por la corrección sintáctica de los mensajes, sino por la falta de comunicación, de la carencia léxica y de la comprensión lectora que llevan en directo al fracaso escolar.
Y que esto es consecuencia de que la lengua de enseñanza, que recuerdo es el español ha sido y es ninguneado por los políticos, los académicos y por los responsables de elaborar las leyes. Los lodos actuales derivan del descalabro intelectual de los “actores”.
Comprobamos las consecuencias de la inexistencia de la política lingüística y sus funestos resultados.
Los “expertos” de la lengua verifican la catástrofe y la situación actual del español pero es gravísimo que desconozcan las causas.
En el artículo en cuestión de Garrido Gallardo escribe sobre la situación del castellano en Cataluña en la que ha dejado de ser “vehicular” lo que le convierte en “lengua de segunda”.
No puedo estar de acuerdo con lo sucedido durante el franquismo en Cataluña y en el País Vasco porque estimo irrelevante y echar la culpa de lo que sucede al español a Franco, nada tiene que ver. El problema es que nuestros políticos timoratos e ignorantes desconocen las premisas para que lo que pretendemos los expertos y los educadores es que nuestros hijos y alumnos puedan comunicarse a la perfección y, que dominen la lengua española y que gracias a ello triunfen en sus estudios sean de ciencias o de humanidades porque no debemos olvidar que las matemáticas se explican en español.
El español bien económico:
Los ingleses llevan decenios, incluso más de cien años sacando rédito al ESL (English Second Language) y, los países anglófonos crean millones de empleos en todo el mundo gracias a la enseñanza del inglés.
Desde China hasta Argentina pasando por Corea cientos de miles de profesores nativos de inglés consiguen jugosos salarios gracias al poder de su interlengua.
También el francés gracias a su política lingüística y cultural posee una economía del FLE que a pesar de ser muchos menos hablantes que los del español, los beneficios conseguidos son muy superiores a los nuestros.
Si la política lingüística para consumo interno es un fracaso, la débil política exterior española sin ideas y timorata, produce pocas oportunidades para esa industria del español que con más de 400 escuelas y universidades ofreciendo cursos se queda coja ante el sinfín de posibilidades que pudieran derivarse del crecimiento demográfico de lo español.
El Instituto Cervantes:
Es el abanderado de la enseñanza de nuestra lengua en el mundo con casi 80 centros distribuidos sin ningún criterio y como todo lo “político” consecuencia del azar.
No sabemos en qué criterios se han apoyado los descerebrados que rigen el organismo.
Se abren centros en Gibraltar y en Senegal dejando de lado aperturas en Asia, Estados Unidos y Brasil donde el auge es imparable y, donde sobre todo en China y Estados Unidos la necesidad viene impuesta por ser las dos “sociedades de referencia” mundiales.
Se trata no sólo de conseguir alumnos sino de divulgar y, sobre todo prestigiar nuestra cultura sin que en esta acción influyan las consabidas “progresías” de turno.
Poco se puede esperar de la dirección del Cervantes una señora que hace gala de su lengua nativa, el catalán y, que manifiesta en público y por escrito que cuando abandona la sede del Instituto, habla y piensa en catalán.
No tenemos nada, ni mucho menos, en contra del catalán, pero, en principio, la dirección de un Instituto que divulga el español debería estar en manos de alguien que presuma de hablar, pensar, escribir e, incluso si me permiten el lenguaje coloquial y algo soez, el mear y cagar en español.
Los españoles que tenemos la posibilidad en el próximo sorteo electoral de poner en la fila del INEM a estos sociatas progresistas incompetentes, deberemos exigir a los sustitutos la elaboración de una política lingüística y cultural detallada y, que tenga en cuenta esas dos referencias mundiales USA y China en la elaboración de su diseño.
Ni que decir tiene que esa política lingüística forma parte inseparable de la futura Ley de Educación que ponga en valor la lengua vehicular con un aumento importante de los tiempos en los currículos y, resaltar la necesidad del léxico, la lectura y la comprensión lectora para conseguir la comunicación necesaria para evitar el fracaso escolar.

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