Español en América

julio 20, 2011

La tableta de Jobs

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 5:05 pm

No es un juego de palabras ni una nueva locución, ni siquiera una posibilidad de conseguir un job.
A la convencional y sabrosa tableta de chocolate, Steve Jobs añade su “tablet”, invención que como todo lo que diseña y construye Apple tiene éxito y triunfa en el competitivo mundo de la electrónica.
Acaba de publicar sus resultados trimestrales y Mac bate todos los récords: gana más del doble que el año pasado y es la reina de la innovación. La pregunta que nos hacemos es por qué Zapatero o Rajoy no fichan a este genio que es el Jobs. Por otra parte su apellido nos sugiere que terminaría con el paro en un santiamén.
La imagen de la tableta de la manzana hace furor en el mundo entero y, colas, sí colas desde la madrugada para adquirir esas maquinitas que hacen las delicias de sus seguidores.
Sí, somos apasionados de la fruta de Steve y de sus aparatos, pero en estas páginas nos interesa el significado léxico de términos y combinaciones.
Viene a cuento la tableta de marras por unas declaraciones del académico Villanueva a la BBC en las que cuenta cuál es el proceso de incorporación de formas al diccionario oficial.
Lo manifestamos a diario y, a nosotros no nos preocupa la presión que la lengua inglesa ejerce sobre las demás en forma de esos “anglicismos” denostados y vituperados que hacen acto de presencia de manera constante en los medios de comunicación escritos, audiovisuales y en nuestro español coloquial.
Los anglicismos son la consecuencia de vivir a remolque o a arrastras o quizás a espaldas de esa sociedad de referencia que son los Estados Unidos.
Del que inventen ellos deriva toda una amplia panoplia de unidades léxicas mono y plurilexemáticas que nos invaden por cientos.
Es una avalancha léxica que no dudamos en calificar para la comunicación como “cataclismo léxico” por sus consecuencias.
Y no me refiero a unos perversos efectos sobre nuestra lengua sino sobre la comprensión lectora y la comunicación.
Repetimos que no nos preocupa lo más mínimo la invasión pacífica de anglicismos de máquinas, artefactos, mecanismos o videojuegos sino que ese inmenso nuevo léxico tecnológico desplaza al tradicional y usual necesario para la comunicación que permite a nuestros escolares el expresarse con corrección en sus evaluaciones y escritos y, que al enfrentarse a manuales, libros y ejercicios consigan la necesaria comprensión lectora.
Dejemos atrás ese cataclismo léxico, esa avalancha de locuciones por cientos o miles de unidades que nos perturban y, volvamos sobre la actitud de la RAE sobre los anglicismos de marras.
Darío Villanueva al que tenemos por un sensato catedrático y académico cuenta el procedimiento de traducción/incorporación o búsqueda de equivalencias para esos “perturbadores” anglicismos.
Respecto al “tablet” – que nosotros no vacilamos en calificar “tableta” – los académicos en su reunión plenaria dudaron entre “tableta” y “tablilla”, según Villanueva la “otra gran candidata”, para al final llevarse el gato al agua la primera.
De la RAE no nos sorprende nada, pero que hesiten entre “tableta” y “tablilla”, supone que algo no funciona en el seno de esa empresa de limpiezas.
También nos lleva al paroxismo mental que se necesite toda una sesión plenaria para decidir si la palabra adoptada es una u otra propuesta. Y más aún que después de asentir la empresa editora, se someta la decisión a las 21 academias americanas.
Mientras tanto, en ese larguísimo proceso o compás de espera, los ingleses habrán creado tropecientas mil nuevas palabras y locuciones que quedarán a la cola de la larga lista académica.
Les preocupa a los señores de la Academia que palabras como módem queden incluidas en el DRAE para luego, al cabo del tiempo, desaparezcan por obsoletas y en desuso.
No dudamos ni un segundo en que lo mismo le sucederá a tableta y, antes de que cante un gallo, pasará a ser un cacharro viejo y una antigualla. Los hablantes la olvidarán y no quedará ni rastro de la “tablilla”…
El problema no está ahí, sino que las palabras permanezcan en el limbo de los diccionarios sin saber si se deben usar y si pueden considerarse correctas.
Ante la lentitud de los caracoles, opinamos que todo vocablo procedente del inglés o del chino debe usarse en su “versión original”.
Otro gallo nos cantaría si la Academia se reuniera a diario o si existiera una comisión que determinara la conveniencia de la incorporación inmediata de las nuevas palabras y/o expresiones foráneas.
En cuanto a la avalancha de esa nueva terminología tecno-científica consigue que empeore la comunicación de nuestros hablantes de español pero no por el hecho de que sea o no correcta su utilización en versión inglesa o castiza, sino porque supone que los hablantes nos enfrentamos a esos cientos o miles de nuevas unidades que desplazan en nuestro lexicón mental a esas viejas palabras que subsisten en los manuales, en los libros y en los escritos que redactamos y, que nos demandan escuelas, institutos y universidades para superar evaluaciones y exámenes.
Pero eso es otra canción.

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