Español en América

agosto 3, 2011

A otro perro con ese hueso

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 6:18 pm

Esta locución coloquial que el diccionario define como “repeler a quien propone artificiosamente algo incómodo o desagradable, o cuenta algo que no debe creerse” es con bastante aproximación lo que nos ocurre a los ciudadanos en esta veda electoral que se acaba de abrir.
Las órdenes mendicantes (antes llamados partidos políticos) comienzan a formular propuestas en un intento vano de llenar las urnas.
Comenzó Alfredo ese ojo que todo lo observa y ve, con su genial idea de establecer un PIR, es decir ese MIR que tanto éxito tiene con nuestros médicos traspasarlo a la educación.
Se trata de implantar un período de prácticas más o menos tuteladas en el que los profesores recibirían un sueldo de nada y menos a cambio de formarse en esa difícil lid que es la docencia.
Estado de la cuestión:
Los antecedentes están en Alfredo, a la sazón Secretario de educación con Felipe en los primeros años de nuestra democracia, en que nuestros amigos progresistas dijeron que a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió.
Alfredo, manos a la obra consagró lo que ninguna madre, ni profesor fueron capaces de hacer. Puso a la educación patas arriba consiguiendo que gracias a una magnífica gestión, el fracaso escolar español pasará al Guinness.
Le siguió otro genio de la educación, Álvaro Marchesi que digno discípulo de Alfredo consolidó el abandono escolar en las cotas actuales del 31%.
En estas humildes páginas los lectores comprobarán nuestra postura sobre el “sistema educativo” y, estamos de acuerdo con “La Voz de su Amo”, ese diario con prisa que en su edición del tres de agosto y bajo los auspicios de un tal J. A. Aunión bendice las ideas de estos sociatas ansiosos de echar ya las redes en pos del voto incauto.
Estamos de acuerdo y lo publicamos unas cuantas veces que la calidad de la educación es la de los profesores que constituyen el sistema.
La idea de Alfredo nos parece ridícula y bochornosa. No nos atrevemos a comparar la Sanidad española con la Educación. Ni que decir tiene y no es nuestra especialidad ni abrir tripas ni curar gripes por lo que no podemos opinar sino como usuarios de “algo” que tiene calidad.
Nuestro sistema educativo no hay por donde cogerlo. Se encuentra trufado de vicios, errores, incompetencia, sectarismo y un abandono inimaginable. Los que ocupan las poltronas queman papeles y cuando esa tarea pirómana les permite, van haciendo las maletas.
No se aceptan ideas ni propuestas de las personas que estando a pie de aula y, tienen interés, amor y cariño a la enseñanza y no esperan nada a cambio, ven con desasosiego que los otros los del pajarito azul, tampoco con su sectarismo van a conseguir nada.
Los del progreso han tenido cuatro años, mejor dicho ocho años para ver qué hacían.
La función pública consiste en una “ocupación” de los puestos de decisión en los que el criterio central es poner al más incompetente, al más sectario y así, sucesivamente en toda la cadena.
Se trata de repartir esas prebendas del poder entre los más atrasados física y mentalmente de manera que la administración pública cambia a golpe de sorteo electoral de personas, pero no de ideas ni de soluciones.
El dinero público es algo que debe ser gastado sin mirar ni dónde ni cómo.
Es el criterio central de los partidos políticos que anteponen el poder por encima de todo, el nombrar a sus familiares y amigos para los cargos de responsabilidad y, a esperar otros cuatro años a la apertura de la urna en la que la sorpresa y la fortuna reparten suerte.
Solemos echar la culpa a los demás de nuestros fallos, a la crisis de la deuda, antes a las hipotecas subprime y ahora a los mercados.
Pero, lo cierto es que la culpa la tiene nuestra incompetencia, nuestra escasa formación y el orden de nuestras ideas que antepone el beneficio propio al colectivo.
La crisis económica ha vaciado las arcas públicas pero no ha vaciado los cargos de la administración que los siguen ocupando los mismos incompetentes sean los del clavel o los del pájaro.
Volvamos a nuestro tema central, el profesorado:
Estamos convencidos que el profesorado español es malo, muy malo, lo sabemos por experiencia y no nos lo han contado ni Alfredo ni Mariano.
No existe formación inicial ni un reciclaje posterior. La selección está viciada y es absurda en la que priman los años de experiencia de unos interinos sobre el conocimiento. Se trata de “meter” en la nómina al que ya está dentro sea capaz o inútil.
La segunda parte de la selección es la imposibilidad de comprobar si el candidato a profesor se maneja con soltura en el aula por sus dotes innatas.
Vaya por delante que somos firmemente partidarios de que la docencia es primero una vocación de ilusión y de sacrificio y, en segundo término una demostración de capacidades.
El profesor debe comunicar su ciencia con soltura y además ser un actor singular con unas dotes que reúnen tablas y presencia. Además debe tener una personalidad agradable y simpática porque tratan con alumnos-personas que necesitan cariño y comprensión.
Nadie nos podrá rebatir que la experiencia sea capaz de igualar a la naturaleza.
El profesor tiene que tener una gran vocación. No se trata de ponerse a rellenar formularios en una oficina sino de transmitir una materia, unas ideas y si es importante conocer la asignatura lo es también la forma de hacerlo y el cariño con el que se debe transmitir ese mensaje.
Formación inicial:
Para poder enseñar lo primero es poseer la ciencia y, para ello requerimos un mínimo de una “Suficiencia investigadora” o “DEA” y, superada esta fase, asumir el compromiso de realizar la “tesis doctoral”.
La necesidad de un doctorado no es un capricho sino la constatación que el transmitir la metodología que impone la investigación es motivadora incluso para los alumnos más pequeños.
Investigación es sinónimo de curiosidad y es el objetivo que tenemos que despertar en los jóvenes (con otras herramientas metodológicas) para primero combatir el fracaso escolar y, segundo para conseguir metas más elevadas.
Nuestra experiencia investigadora en sencillas tareas y que proponemos diferentes métodos y herramientas informáticas para continuar con el autoaprendizaje, nos mueven a reafirmarnos en la necesidad de requerir una sólida formación investigadora a los candidatos a profesores.
Del famoso CAP que ha sido la exigencia durante un largo período de tiempo y que en nuestro caso lo hicimos, no podemos decir nada malo puesto que fue una iniciación para alcanzar otros objetivos. Una formación excelente pero incompleta, que ahora se sustituye por ese Máster de formación del profesorado del que desconocemos sus virtudes o flaquezas.
Nuestro sistema educativo, a parte del fracaso escolar que se puede remediar con una formación metodológica no muy complicada y, sin gastar dinero (cosa que no gusta a los políticos, puesto de lo que se trata es de dilapidar) tiene una grave carencia en la enseñanza de segundas lenguas.
En este mundo cada vez más globalizado se impone el conocimiento de, por lo menos, dos lenguas extranjeras.
Proponemos el inglés y el chino por ser junto al español las tres más habladas del mundo.
La enseñanza del inglés, con contadas excepciones se enfoca muy mal y olvidando las recomendaciones de la escuela de Lenguas Modernas de Graz de la Unión Europea que investiga con cientos de millones de euros cómo funciona el aprendizaje de segundas lenguas.
El Wall Street Journal en su edición inglesa de finales de Julio publicaba un artículo sobre la Fundación Bill Gates que dedica sus afanes y sus dineros a la educación.
Nada menos que se ha gastado en los últimos tres años 10.000 millones de dólares, algo así como un billón de las antiguas pesetas.
Confiesa Gates que sus esfuerzos los dedicó a la construcción de nuevos colegios con la finalidad de que el número de alumnos por aula o profesor se redujera. El resultado ha sido decepcionante, confiesa, y propone dedicar fondos a la investigación para determinar qué actuaciones se deben acometer para mejorar la educación. Piensa que el dinero dedicado a la educación es muy escaso si se compara con otras ciencias y cree prioritaria porque el futuro depende de ella.
Estamos de acuerdo con Gates y si nos hubiera consultado no habría invertido esos 10.000 millones de euros en escuelas sino en formación de profesores y en su selección.

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