Español en América

agosto 20, 2011

Ni prisa ni urgencia: siesta

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 5:38 am

Los pueblos nos caracterizamos por una panoplia más o menos larga de estereotipos que poco a poco se van modificando con el paso del tiempo.
Así a nuestro carácter tranquilo y jaranero, desde la aparición en escena de la señora Merkel, la del pepino y la del bund, comienzan a pensar los demás, que nos dedicamos a la fiesta permanente.
Le molesta que vivamos a su costa, a sus espaldas y que ellos ahorren para que nosotros nos dediquemos a tocar la guitarra, al flamenco, a las tapas con pepinillos y a tomar el sol.
Somos el pueblo de la siesta, no se quejarán los del pepino que de ramos a pascuas aprenden lo mejor de esta vida que es echarse una buena siesta.
Los poetas hispanos riman siesta con fiesta y es una pena que pepino no rime, pero nosotros somos más de prosa que de verso y, preferimos no ir de prisa, ni atajar los problemas con urgencia por aquello de “vísteme despacio que tengo prisa”.
Remarcamos que prisa ese sustantivo de género femenino es una forma polisémica, muy propia para formar diversas locuciones que sugieren, precisamente como su nombre indica, prisa.
“De prisa y corriendo”, “tener prisa”, “meter prisa”, “darse prisa”, “a toda prisa”, “a prisa”, “andar de prisa”, son expresiones que denotan agobio, ansiedad, apuro como se dice en América y, que no representan el alma de los hispanos poco dados a la urgencia y caminar velozmente.
Si “prisa” es un vocablo muy productivo desde el prisma locucional, no lo es tanto “siesta”.
Nos sorprende que dado que nuestra alma es más proclive a la buena siesta que a la prisa, la sabiduría popular no haya creado o innovado una larga retahíla de expresiones referentes a la buena siesta, ese sueño después de la comida o de la bebida.
Podemos decir que siesta es antónimo de prisa y más aún cuando nos referimos a ese progresista diario antes denominado como “independiente de la mañana” y ahora prefiere calificarse como “global del español”.
En un periódico lo central no es el contenido sino la intención del dueño. La caradura del prisa, terminó el día que cambiaron su sinrazón de ser, dejando atrás la independencia para buscar la adscripción a unas ideas de progresa que ahora, obsoletas y caducas no ofrecen la protección del poder ni los favores ni regalías del gobierno.
La prensa como los políticos tienen sus ideólogos que marcan lo que se denomina “línea editorial” y, como casi siempre, se equivocan.
Se puede decir que los diarios que se ponen a la sombra de una ideología dejando de lado la objetividad, la verdad y el interés de los lectores ponen sus cartas a la vista y más pronto que tarde les llega, como a los cerdos, su San Martín.
Urgencia es otro antónimo de siesta, de cordura, de sabiduría popular, en definitiva de la verdadera ciencia que no es otra que la de ese pueblo que en sus reflexiones y expresiones, coloca la ciencia en su verdadero lugar.
Pepino es otro vocablo propio del alma hispana, tan español que la envidia de la Merkel lo convierte en blanco de sus iras.
Inocente pepino ibérico, pata blanca o pata negra, alma mater del gazpacho, culpable de males germanos, sabroso y fresco, delicia de la huerta, limpio de virus y bacterias, encarcelado entre las rejas de la inseguridad alimentaria y que gracias a la defensa a ultranza de nuestro insípido gobierno vuelve a las fruterías con fuerza.
Pepino es desde ahora sinónimo de siesta, de gazpacho, de tranquilidad, de falta de urgencia.
La historia del pepino español está ligada a la del bono alemán o “bund”, por eso nosotros a la señora Merkel, la apodamos “pepino bund” que es como decir la “antisiesta”, el gazpacho sin pepino o el jamón pata negra de pollo.
El verano es proclive a la siesta, al tinto de verano, a la sombrilla, al chiringuito, a la arena llena de colillas, al kiosco con prisa y, para terminar con una locución “me importa un pepino”.
El DRAE no la tiene en consideración como locución sino que la pone como ejemplo de “cosa insignificante de poco o ningún valor”. Añadimos que es una locución verbal opaca como todas las expresiones.
Lo curioso del diccionario oficial es la carencia de una metodología precisa para las locuciones, mientras que unas veces las recoge como tales en otras ocasiones pasa de largo y las coloca como sinónimos de alguna acepción de un lema.

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