Español en América

agosto 24, 2011

Vacas flacas versus vacas anoréxicas

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 5:41 pm

Nos referimos al Génesis, capítulo 41 cuando menciona al sueño del Faraón en el que las siete vacas anoréxicas con más hambre que el perro de un ciego devoran a las siete vacas obesas.
La Biblia habla de vacas flacas y gordas, nosotros en nuestro afán de divertir a los lectores preferimos emplear términos actuales, a la moda.
El DRAE en la entrada o lema “vaca”, al describir la combinatoria del término, produce dos acepciones “vacas flacas” y “vacas gordas”, las define como sustantivos de género femenino cuyo uso es sólo en plural.
La vaca flaca y la gorda son combinaciones libres de la lengua, mientras que sus plurales hacen mención a unas locuciones que significan la anoréxica, un período de escasez y la obesa una época de abundancia.
La primera acepción de “vaca” es definida como “hembra del toro”. Afortunadamente al “toro” no lo califica como “marido de la vaca” porque sería la pescadilla que se muerde la cola.
En este veranazo caluroso y pesado, nosotros en un afán lexicográfico llevado hasta sus últimas consecuencias, definiríamos a la “vaca” como un bicho con astas de bastante envergadura y cuyo marido, el toro ibérico, se ha hartado de ponerle los cuernos. Añadimos, que es un animal vegetariano que se alimenta de hierbajos y, por eso, casi siempre se encuentra en estado anoréxico.
Hemos mencionado la escasa producción combinatoria en lo que atañe a colocaciones léxicas y locuciones de los animales con sede en la península ibérica tales como vacas, toros y conejos, en contraposición de nuestros vecinos galos cuyos patos, perros y gatos producen abundantes combinaciones lexicalizadas.
Ahí está el famoso “frío de pato” que en la lengua de Molière es “froid de canard”, queriendo expresar esas temperaturas gélidas del invierno francés.
Vacas gordas versus vacas flacas:
Si leemos en el DRAE la definición de estas combinaciones que, por supuesto, pueden ser composicionales y libres, no podríamos negar el derecho a la libertad de estas simpáticas bestias chuleteras, y en singular no hay duda alguna que tanto la obesa como la anoréxica son combinaciones transparentes de la lengua, nos sorprende que la academia y, en concreto su famoso y caduco diccionario, no les atribuye un estatuto de locuciones. En nuestra modesta opinión, al ser combinaciones opacas no pueden calificarse sino como expresiones no composicionales.
En las circunstancias en que nos toca vivir, los períodos de vacas gordas son más breves que los de las flacas que se corresponden con esas épocas de deuda soberana, rescates, crisis a la griega o despilfarros de todo tipo que provocan que los bíblicos siete años se queden cortos.
Los ciclos económicos en el faraónico Egipto eras largos y prolongados.
Nuestro pariente el faraón no contaba ni con Greenspan, ni con la Salgado y por fortuna para él no tenía de consejeros ni a Zapatero ni a Rajoy que podían haber estropeado la preciosa historia que nos cuenta la Biblia.
El de la “ceja” con su alegría y optimismo natural, su palabrería fácil y esa irresponsabilidad apoyada en la ignorancia, consigue que los siete años se conviertan en siglos y que las siete espigas de trigo que le dejó el de los “bigotes” se agoten y queden en siete trillones de bonos del Tesoro.
Cuentan “off the record” que el faraón, fugado José de Egipto y, asustado ante la crisis sinfín, llamó a Bernanke, el mago de la FED, que ilusionado con la llamada creó por primera vez, el “quantitative easing” o primera compra de bonos masiva de la historia.
A los bonos de Bernanke, se les denominó “bonos faraónicos” cuya característica principal era (como los de ahora) que nunca se iban a pagar, por aquello que el faraón era una divinidad y la expresión correspondiente es que esos “bonos no los va a pagar ni dios”, refiriéndonos al susodicho mandamás de Egipto.
Si las vacas no son muy prolíficas, si lo son sus maridos (ahora “parejas”), los toros, que producen unas pocas locuciones:
“a toro pasado”, es adverbial y el DRAE, con el que no podemos coincidir, lo define como “Después de haber perdido o dejado pasar la oportunidad”.
No estamos de acuerdo sino que el “a toro pasado” alude a una circunstancia en la que alguien menciona a otra persona como diciendo que después de sucedido el hecho es fácil dar o encontrar una explicación.
Una locución divertida, por eso de los cuernos, es “coger al toro por las astas” que significa enfrentarse en directo a una dificultad.
Esta simpática expresión en nuestras tierras americanas tiene una fuerte connotación erótica-festiva, ya que resulta imposible “coger” al toro por los cuernos. Tampoco sería posible que el toro fuera “cogido”, excepto por otro toro suponiendo que el segundo fuera gay. Todo esto puede ser objeto de una novela, además muy controvertida.
Una locución con astado incluido es “otro toro” que equivale a decir, cambiemos de conversación o de tema.
“Pillarle el toro” significa que como buenos hispanos que somos, nunca terminamos los trabajos a tiempo y “nos pilla el toro”.
“Ver los toros desde la barrera” es otra simpática y cornúpeta expresión que equivale a “contemplar los hechos desde una posición cómoda o desde fuera” sin riesgo alguno.

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