Español en América

noviembre 15, 2011

Literatura y cultura, monta tanto, parte II

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 7:35 pm

Veíamos la literatura como parte del concepto mucho más amplio de cultura y formando parte indisociable de ella. Nos olvidamos del periodismo, que se integra en la cultura y, además es su punta de lanza. No en vano la producción periodística supera con creces la actividad literaria no sólo en cantidad que es un hecho indudable y, nos atrevemos a decir, también en calidad.
La cultura y en este ejemplo, el periodismo ahora y en futuro más aún, será Internet.
Hay que relacionar y pensamos que en ello nos va el futuro de nuestra lengua y de la cultura ligada a ella, el fenómeno Internet como escaparate global de la ciencia, la tecnología, la innovación y, todas las manifestaciones literarias o artísticas.
La red con sus formatos multimedia nos permite adentrarnos en un museo o asistir a una ópera o a un concierto pop sin movernos del sofá.
Y lo que es más importante participar o contemplar actividades culturales de forma gratuita, leer libros en la red –respetando los derechos de autor-, asistir a la redacción instantánea de las noticias en los diarios digitales y, en resumen, disponer de la mejor y la última noticia que sucede en cualquier lugar del mundo.
Y si Internet nos permite estar al día y acceder a una cultura gratuita, como parte de ella, la literatura es uno de esos ejes sobre los que pivota.
La literatura – es una verdad de Perogrullo- está conformada por textos. Son muchas las posibles derivaciones de un texto a parte de las intenciones del autor en las que no entraremos.
Un texto ofrece una función comunicadora en la que el actor es el escritor y el lector el sujeto pasivo de la comunicación.
También posee una función cognitiva, es decir, el texto puede ser objeto de aprendizaje, hecho trascendente que a menudo se olvida.
Además, cualquier texto literario, periodístico o científico es un trozo de lengua y merece para los estudiosos una investigación léxica o gramatical.
Por último, contiene en la mayoría de las situaciones, un contenido cultural que es la huella y el testimonio de una época, de un país o de un grupo social.
En las relaciones literatura-cultura es este aspecto de contenido cultural de un texto el que más nos interesa.
¿Se puede separar o cortar como una tarta el contenido cultural del que no lo es? ¿Es el texto completo una muestra de cultura sin que se pueda discernir de una de sus partes?
La pregunta no es de fácil respuesta y, por supuesto, depende de la obra literaria, del autor y de la época.
Por regla general, los escritores dedican buena parte de sus creaciones a explicar el entorno de sus personajes o de su trama para comprender mejor ésta. Así, esas descripciones muchas veces pormenorizados nos permiten adentrarnos en las costumbres, ideas, pensamientos y modas de una época presente o pasada.
Nuestro objetivo es la enseñanza de la lengua española como segunda aunque en nuestro recorrido docente, los ejercicios o actividades que proponemos a los alumnos pueden valer para los estudiantes de lengua materna.
La primera dificultad con la que nos encontramos es proponer un texto que se adapte al nivel de los aprendices de español. También las edades de los alumnos y el origen de su cultura son trascendentes a la hora de escoger los textos.
Somos partidarios y lo explicamos mil veces de que los profesores una vez elegidos los textos a enseñar y, en función del nivel de los aprendientes, reescriban los párrafos, sustituyendo las palabras viejas y las inextricables, sustituyéndolas por otras más asequibles y usuales.
En el caso de niveles avanzados, C1 y C2, cualquier obra puede ser válida. En este supuesto recomendamos utilizar los pies de página para explicar formas monolexemáticas difíciles, colocaciones o locuciones.
Prescindimos de manuales, libros de texto y costosas fotocopias porque nuestro concepto de autenticidad, de muestras reales de lengua y de que el momento que vivimos va a una velocidad tan elevada que cualquier manual queda obsoleto el día mismo que el editor corrige la última errata.
Preferimos los formatos digitales redactados por los docentes, como esta propuesta nuestra de reescribir una obra literaria (en formato Word es tarea rápida y sencilla), posibilita que los alumnos realicen tareas sobre ese formato y lo puedan corregir, resumir o ampliar y, también que el docente adapte los textos a situaciones cambiantes o incluso inverosímiles.
Se trata de que el texto, portador de cultura pero también de lengua e, incluso puede ser considerado como ocio puro y duro, consiga que a los estudiantes les entre el gusanillo de actuar con él, reescribiéndolo, adaptándolo, resumiéndolo o ampliándolo.
La metodología incluye, cada vez que nos encontremos con una dificultad semántica de acudir a los diccionarios en línea disponibles y a los corpus académicos o al de Mark Davies, para verificar un uso preposicional si tenemos dudas de una locución o una restricción léxica, entre otras.
Las actividades incluyen la disección de un capítulo de una obra en la que se pida la deconstrucción de lo que es cultura de lo que no lo es, en opinión de los alumnos y siempre que sea posible.
Pasábamos por alto la actividad lectora que es trascendental para todos sean de lengua materna o de segunda. Éstos últimos mejor preparados que los niños españoles que están acostumbrados más a balbucear o silabear que a leer. Por desgracia para ellos y para nosotros que quedamos en entredicho como docentes. Por eso preconizamos ejercicios de lectura y orales en las clases, y, escritos como complemento de tareas en sus domicilios.
Se trata de conseguir unos niveles aceptables de comunicación tanto oral como escrita.
Como tareas en el caso de segundas lenguas y sin ánimo de influir comercialmente nos parece excelente el “Traductor de Google” que además de ser un buen diccionario multilingüe en línea y gratuito, posee, si activamos la “voz” de nuestro ordenador, de una excelente pronunciación nativa.
¿Qué suponen estas actividades de reescritura, adaptación, lectura, escritura, consulta de diccionarios, corpus y traductores?
En primer lugar un mayor trabajo para los docentes que tienen que elegir las obras literarias, reescribirlas, diseñar ejercicios, tarea intensa pero también enriquecedora.
Para los centros escolares o escuelas un ahorro considerable en textos y esas molestas fotocopias que interrumpen las clases y cuestan un dineral.
Para los estudiantes, una metodología de autoaprendizaje que una vez “rodada” en las clases con el apoyo de los profesores, les permite cuando terminan el curso el continuar con la tarea siempre difícil y complicada de aprender una lengua extranjera por si mismos.

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