Español en América

marzo 22, 2012

Restricciones léxicas

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 5:55 pm
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La lexicografía es la rama de la lingüística que dedica sus esfuerzos a la construcción de diccionarios.
La palabra construcción la empleamos a menudo porque nos gusta estar a “pie de obra” o como dicen los franceses “au pied du mur”. El léxico y su combinatoria nos seduce y nos preocupa.
El principal diccionario del español, el DRAE es una exhibición impotente de esa descripción léxica que necesitamos profesores, traductores, periodistas y escritores a uno y otro lado del charco para completar esa magnífica obra de la variación lingüística de los hablantes que componemos la lengua española.
Un diccionario se advera imprescindible para comunicarnos y ampliar nuestro conocimiento de las culturas del español que se desarrollan entre otras por medio de esas maravillas de la combinatoria restringida o fija de nuestro idioma común.

Hemos criticado a los académicos y al DRAE por carecer de una explicación a esa maravilla que se denomina fenómeno colocacional en el que unas palabras seleccionan a otras (las bases) en función de unas preferencias más o menos desconocidas pero por el uso y la repetición se van fijando hasta constituir unidades léxicas polilexemáticas con un significado único.
Estas combinaciones semi restringidas se llaman colocaciones y conforman uno de los ejes del sistema de la lengua motivadas por la repetición y el empleo.
Internet produce un sinfín de ellas y sobre todo esos lenguajes de especialidad que de ramos a pascuas describimos en estas páginas.
Lenguajes específicos en teoría. En la práctica diaria los medios de comunicación las ponen de moda.
El lenguaje del tiempo o de la meteorología está plagado de colocaciones léxicas que se originan a fuerza de repeticiones. Nubes bajas, tormenta tropical, lluvias torrenciales, ascenso de las temperaturas son colocaciones usuales y que forman parte de nuestro léxico aunque pertenezcan a una “jerga especializada”.
También, la crisis de la deuda, el fondo de rescate, los tipos de interés, ganancias netas o beneficios netos, cadena de ropa o cadena de indumentaria, reforma fiscal o fondos de inversión, pertenecen a otro lenguaje el del español de los negocios o financiero que nos lo mencionan en la radio o la televisión a diario y que hemos aprendido a fuerza de que nos lo repitan.

Somos expertos en fenómenos meteorológicos y estamos en condiciones de impartir una conferencia sobre la crisis de la deuda en la zona euro o podemos hablar sin parar de las hipotecas sub prime concedidas por los bancos gringos.
Las colocaciones léxicas nos invaden sin que nos demos cuenta en el mundo de la información y de la comunicación. Surgen nuevas unidades día sí y otro también de este fenómeno que revoluciona el sistema lingüístico.
A fuerza de repetir una combinación que denominamos restringida, ésta se fija aún más en la lengua y se percibe como incorrecta otra unión de dos formas que siendo desde el punto de vista sintáctico perfecta, desde el empleo no se considera oportuna.
Las restricciones léxicas o forma de unas palabras que sólo se combinan con otras, alteran el sistema lingüístico y por una lado enriquecen el léxico y por el lado de la fijación condenan a ciertas palabras o formas al desuso.

No mencionamos a las locuciones que para nosotros son sinónimo de expresiones que por obra y gracia de su olvido y del desdén de profesores y políticos que diseñan los currículos de las enseñanzas, se encaminan hacia su desaparición.
Nos asusta la inmensidad del léxico que procede de los avances científicos, tecnológicos y de los videojuegos que invade nuestras vidas, la comunicación y poco a poco desplaza a ese vocabulario común, que denominamos “tradicional” necesario para expresarnos con corrección, para comunicar sobre todo por la vía del escrito y necesario para redactar y responder a esas evaluaciones o exámenes por las que los alumnos son “juzgados”.
Recomendamos una metodología “léxica” organizada y prevista en los currículos, una formación continua de los docentes en esa tarea imprescindible del incremento de las unidades léxicas.
No somos enemigos ni de la ciencia ni de la tecnología, pero las “letras tradicionales” son necesarias más que nunca para comunicarnos.

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