Español en América

julio 16, 2012

La última palabra: mucha hambre

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 6:48 pm

No se nos pongan alegres que estas no son nuestras últimas palabras. La intención es seguir publicando trabajos modestos sobre el léxico como ayuda tanto a los hispanohablantes de lengua materna como a los no nativos.
Pretendemos gracias a la vía léxica mejorar la comunicación sea esta oral o escrita.
El DRAE define “última palabra” como un sustantivo femenino sin atribuirle ningún “adorno” más.
Nuestra análisis léxico nos lleva a completar los fallos del diccionario en el sentido de adjudicar a cada combinación no libre de la lengua un “calificativo” que nos permita conocer mejor estas locuciones más o menos frecuentes pero que, coincidirán con nosotros, en trance de perderse debido al olvido de los currículos oficiales y del escaso o nulo interés de la mayor parte de las escuelas y centros educativos.
Estarán con nosotros que tanto locuciones como colocaciones son el armazón de la lengua, algo así como la columna vertebral que organiza el sistema lingüístico en una serie de redes léxicas enlazadas las unas con las otras y que su interconexión en los cerebros de los hablantes consigue que al comunicarnos las unidades fluyan con rapidez en nuestras mentes.
En esas intenciones de explicar cómo funciona la lengua nos encontramos.
Cada vez que un locutor pretende pronunciar un discurso (en toda su extensión) la lengua se encuentra en plena variación. Para expresar una o varias ideas la lengua nos ofrece infinitas posibilidades en forma de paráfrasis equivalentes.
Al comunicarnos la lengua se encuentra sumida en un proceso de variación que es en la práctica léxica.
Desconocemos si existen investigaciones sobre la variación lingüística y la creación léxica en forma de análisis cuantitativos.
La variación y la repetición consiguen que la lengua se encuentre en estado “vivo” produciéndose una creación léxica por innovación y repetición.
La única lástima es la pérdida de esas joyas lingüísticas que son las locuciones que al desconocerse sufren un deterioro que les lleva a la defunción.
No sucede lo mismo con las colocaciones léxicas que por efecto de la repetición conforman una enorme explosión léxica que lleva a un aumento extraordinario de su número.
Repetimos innumerables veces hasta cansar a nuestros lectores sobre la ignorancia del diccionario de la Academia o DRAE que al pasar de largo sobre el fenómeno colocacional produce un inmenso daño a la explicación de cómo trabajan las lenguas, se organizan y varían.
La formación caprichosa de las colocaciones es uno de los misterios de las lenguas pero también son la explicación de muchos de esos porqués que nos atormentan (desde el prisma lingüístico).

La última palabra:

El DRAE define esta locución (algunos la pueden considerar colocación) como una “decisión que se da como definitiva e inalterable”. Estamos de acuerdo con el DRAE y casi siempre esta locución restringe los verbos con los que se combina:
“Tener la última palabra” y “decir la última palabra”.
El diccionario oficial elige la última posibilidad olvidando la primera en su explicación en “contexto”.
Sin embargo, más adelante define a “decir alguien la última palabra en un asunto” como locución verbal y la explica como: “resolverlo o esclarecerlo de manera definitiva”.
¿Me quieren explicar los lexicógrafos autores de este diccionario por qué califican como sustantivo femenino a “última palabra” (negando que es una locución) y unos renglones debajo denominan “locución verbal” a la misma combinación?
Necesitamos analizar algo más ambas combinaciones para verificar si su significado es sinónimo o existe alguna diferencia semántica entre ambas.
Solemos acudir a los corpus académicos para estudiar el uso de ambas locuciones.
En CREA, “decir la última palabra” posee 32 casos mientras que en CORDE existen 17.
Para “tener la última palabra” en CORDE hay dos casos y en CREA ocho casos.
Del análisis sucinto de esta última locución se deduce que va acompañada del subjuntivo mientras que “decir la última palabra” a veces va acompañada del subjuntivo y otras no.
Pensamos que hay una ligera diferencia semántica entre el “decir” y el “tener” pero se necesita profundizar mucho más en los textos para ofrecer a nuestros lectores una conclusión contundente.
A priori posee “más fuerza” el “tener” que el “decir”.
A estas horas de la noche en Europa y después de una larga jornada de trabajo (la playa no la hemos catado todavía y no es por falta de ganas…) estamos con …

Mucha hambre

El español tiene sus dificultades y en muchas ocasiones la lógica no impera.
El sustantivo femenino hambre produce una variedad de locuciones opacas y algunas irregularidades.
Cuando mencionamos “el hambre” anteponemos el artículo en masculino cuando debiéramos hacerlo como “la hambre”. Como suena fatal los hablantes preferimos el empleo “el hambre” siendo incorrecto el uso del artículo “la”.
La combinación “mucha hambre” es correcta y lo es por la concordancia necesaria.
Resulta curioso verificar en los corpus CREA y CORDE las dos posibilidades:
“Mucho hambre” en el CREA dispone de 8 casos mientras que “mucha hambre” de 79.
En el CORDE, “mucho hambre” posee tres casos y “mucha hambre” 237 concordancias. Vemos que también nuestros escritores y periodistas cometen sus fallos…

“Hambre canina” es una colocación cuyo significado es el tener unas enormes ganas de comer, producto de un esfuerzo o por haber estado mucho tiempo en ayunas. Como siempre el DRAE califica la combinación restringida como “sustantivo femenino”.
Una locución verbal muy empleada y divertida es “juntarse el hambre con las ganas de comer” que el diccionario oficial también lo transcribe el singular: “juntarse el hambre con la gana de comer”.
Nosotros nunca lo usamos en singular ni tampoco ni lo hemos escuchado ni visto en la literatura.
El empleo de “ganas” es siempre en plural. Nunca se expresa “tengo gana de comer”.
El significado de la expresión se refiere cuando hay dos o más personas que tienen unos gustos o aficiones similares.

El DRAE olvida a “muerto de hambre” que es una locución sustantiva con el significado de una persona que no tiene nada en referencia a bienes o a su patrimonio.
La documenta en el lema “muerto” como “ser un muerto de hambre” con dos acepciones, una la que proclamamos nosotros y una segunda que califica como “ser un miserable, mezquino”.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. [quince de julio de 2012]
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CREA) [en línea]. Corpus de referencia del español actual. [quince de julio de 2012]

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