Español en América

julio 31, 2012

Enfoque comunicativo y conocimiento explícito

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 6:36 pm

Desde que Hymes puso de moda el enfoque comunicativo transcurren más de cuatro decenios en los que en apariencia la adopción de esa competencia en la enseñanza de lenguas a nuestro parecer no ha supuesto avance alguno.
Autores de textos, investigadores y profesores se les llena la boca al hablar del “enfoque” sin embargo, los alumnos de segundas lenguas continúan desesperados entre el aprendizaje de la Gramática y una serie de ridículos ejercicios léxicos en los que predominan listas de palabras relacionadas o pertenecientes a una “familia”.
Terminan el bachillerato sin conseguir empalmar dos palabras seguidas pero existe un elevado porcentaje de casos en los que los estudiantes pueden exhibir sus evaluaciones y proclamar a los cuatro vientos que han obtenido unos resultados notables.
Profesores y autores de manuales confunden el saber explícito de una lengua, la gramática y sus reglas, la enseñanza del léxico, en definitiva el llegar a cumplir con las exigencias curriculares que se refieren a la lengua como una asignatura más.
Cuando aprendemos matemáticas tenemos que diferencias que la lengua vehicular es el español que se diferencia con claridad de lo que enseñamos que son las matemáticas, el saber.
Los que nos dedicamos a la enseñanza de la lengua sea materna o extranjera no conseguimos separar entre lengua “comunicación” y lengua “conocimiento” o saber curricular.
El “enfoque comunicativo” se refiere a la posibilidad que nos ofrece la lengua para comunicarnos nada que ver, por tanto con la lengua como “filología” o compendio de unos saberes.
Nos llama la atención las universidades cuando solicitan profesores de segundas lenguas y exigen doctores en Filología Hispánica como si el saber lingüístico fuera la panacea universal y la solución a la enseñanza de lenguas.
Procede separar el conocimiento explícito de la lengua y sus saberes –los aspectos curriculares- de los procesos de enseñanza para conseguir que la lengua española sea la lengua vehicular y, por supuesto, consigamos comunicarnos con soltura.
En el sentido de lo anterior y si relacionamos este post con el anterior en el que criticábamos al Instituto Cervantes por no haberse enterado de la situación de la enseñanza de la lengua en sus 20 años de andadura, sorprende que un centro en apariencia “solvente” escriba su Plan Curricular, lo edite y, además lo cual es más grave todavía, presuma que es la primera aproximación en el mundo de las lenguas en describir y dividir el “saber” en trocitos o diferentes niveles no se haya clausurado.
Pensamos que a nadie en su sano juicio se le puede ocurrir tamaña osadía de afirmar “ser los pioneros” en un plan curricular.
Tampoco el MCER que lleva casi doce años a sus espaldas, se muestra poco o nada preocupado por la enseñanza de las segundas lenguas.
Los sesudos “intelectuales” de la enseñanza de L2 se preocupan más de los aspectos curriculares – el qué enseñar- que el cómo hacerlo o qué estrategias o metodología hay que emplear.
Impartimos clases de formación de profesores y también nos tiramos a la piscina de las clases con alumnos de niveles intermedios e iniciales donde comprobamos estupefactos que los alumnos motivados, después de unas semanas o meses de recorrer las aulas de una escuela de español para extranjeros, no alcanzan a balbucear nuestra lengua pero, eso sí, conocen unas cuantas lecciones de gramática.
¿Sirve la Gramática y sus reglas para comunicarnos?
No es tanto lo que sirva la Gramática sino lo que “bloquea” a los estudiantes que dedican demasiado tiempo al estudio de las normas que y menos a la lengua oral y sus estructuras que permiten comunicarse y avanzar en la expresión.
Si volvemos al tema de los manuales, nos asombra que nadie les haya dicho a estos señores que el dinero dedicado a la compra de un texto sea de la editorial que sea, es un dinero perdido porque no se adaptan al enfoque comunicativo ni son capaces de formular estrategias de aprendizaje más allá de exhibir unas estructuras curriculares y unos cuantos dibujos de peras, manzanas y lechugas.
Y no nos vamos a referir a la falta de autenticidad de los textos, ni si son o no actuales, ni de su utilidad que no lo son ni la tienen. Insistimos en que los manuales son sólo un índice o un currículo que hay que seguir. Nada más.
Los profesores que se aferran como un clavo ardiendo a un texto no se han enterado en qué consiste el enfoque comunicativo.
Otro aspecto que nadie estudia en relación con la situación anterior de “fracaso generalizado” es que es raro o mejor sorprendente que algún alumno vuelva a la escuela donde ha estudiado.
Así, imaginamos que esos comentarios interesados de alumnos “encantados” con una determinada escuela nos sorprenden. Puede ser la pasión de una cena de despedida en la que los efectos de las cañas o de una buena compañía pueden más que la racionalidad de lo escasamente aprendido.
No pretendemos ningunear al conjunto de las escuelas de español, pero la situación deja mucho que desear.
Recordamos una escuela en Ronda, Ronda PIEE dependiente de la Universidad de Málaga donde después de 20 años de actividad, todavía esperan que repita un alumno y donde su director jamás se ha preocupado por una metodología efectiva de aprendizaje.
¿Se controla lo que “cuentan” los profesores en sus clases?
¿Se deben evaluar los profesores de la misma manera que se controlan los alumnos?
Algo se estará haciendo mal y va en ese sentido del que hablamos cuando los estudiantes no vuelven.
Si la enseñanza no es comunicativa y agobiamos a los alumnos con manuales, fotocopias de actividades y una obsesión por “descubrir” nuevos ejercicios para eliminar el aburrimiento en las clases, queremos explicar por qué el aprendizaje no funciona.
No lo decimos nosotros lo describen Germain y Netten en sus comunicaciones y libros escritos en francés al que poca gente llega, ya que la lengua de Molière declina en relación con el omnipresente inglés.
Los investigadores canadienses insisten en lo que decimos nosotros hasta la saciedad: la lengua es oral y oral. No es lo mismo enseñar lengua que mecánica. Hay que separar la comunicación y las funciones comunicativas de las lenguas y su saber, su conocimiento explícito y curricular.
Los profesores imbuidos de sus conocimientos y experiencia y, nos referimos a los de mayor edad y titulación, piensan que lo están haciendo bien, que sus ejercicios funcionan y que los alumnos terminan sus clases y cursos con unos avances considerables.
Y en el caso de alumnos y profesores alemanes, la exigencia en su país de aspectos gramaticales casi en exclusiva y motivado por el currículo –siempre el currículo- de unos conocimientos, dedican sus tiempos a la explicación de normas, reglas y sus excepciones como si fueran el remedio universal y su conocimiento supusiera el conseguir una comunicación perfecta.
Lo mismo adolecen en los Estados Unidos donde muchos de sus profesores de español que han pasado por nuestras manos no consiguen comunicarse al oral y si lo hacen es con enormes dificultades. Eso sí sus conocimientos gramaticales son excelentes… Y algunos que conocemos llevan más de 25 años en este negocio del español…
Algunos autores, casi todos los redactores de manuales y un porcentaje muy elevado de docentes, piensan que una correcta dosis de gramática y léxico combinada con unos ejercicios orales pueden conseguir la comunicación perfecta de sus alumnos.
Las investigaciones de Paradis han demostrado que no es posible pasar de la Memoria Declarativa (donde se almacena el conocimiento explícito) a la memoria Procedimental (donde se acumulan las estrategias de procedimiento) mediante unos ejercicios como son los de conjugación verbal, las listas de léxico o el rellenar los Cloze.
Todos esos ejercicios siguen siendo de “conocimiento”; pueden servir para “evaluar” a los alumnos, es decir si dominan las reglas gramaticales, la conjugación verbal y atribuyen a cada forma escrita una representación oral, nada más.
La verdadera enseñanza como proponen Germain y Netten consiste en realizar actividades comunicativas de lengua real, actual y útil, siempre oral.
Olvidémonos también de las propuestas clásicas orales de:
– ¿Qué es esto? –enseñando el docente el dibujo de una manzana y esperando la consiguiente respuesta del alumno:
– Esto es una manzana.
Se trata de plantear ejercicios comunicativos en los que las preguntas vayan encaminadas no a una respuesta prefabricada sino a una formulación de un sintagma que siempre sea diferente.
Y si las propuestas orales de muestras de lengua deben ser actuales y que los estudiantes de español vean su utilidad o utilización, la corrección inmediata de errores es la forma de completar la estrategia.
Se trata de conseguir en la mente de los alumnos la construcción de una “gramática automática” o implícita alejada de la “gramática de las normas” o explícita para la que tendremos siempre tiempo para aprenderla.

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