Español en América

septiembre 19, 2012

Locuciones verbales

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 9:28 am
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La terminología en la lingüística moderna no se pone de acuerdo en cuanto a calificar locuciones, colocaciones en función del principio de composicionalidad.
Entendemos que la distinción conceptual entre locuciones y colocaciones es trascendental para comprender lo que sucede en el ámbito del español sea este estudiado como lengua materna o extranjera.
Lo que estamos todos conformes es en la necesidad de su enseñanza y en la necesidad de comprender cómo se forman las combinaciones de las lenguas naturales sujetas a cualquier tipo de restricción.
Los contextualistas británicos son partidarios de explicar las combinaciones más o menos lexicalizadas como lo hizo Firth en 1957 al mencionar las colocaciones léxicas como dos palabras que tienden a aparecer juntas.
Es la posición de los ingleses una postura más estadística que semántica. Los franco canadienses de la OLST de la facultad de Traducción de la Universidad de Montreal creadores de la teoría Significado-Texto prefieren atribuir a las colocaciones un aspecto semántico.
No en vano y, poseen la razón al explicar que son los locutores los que transmiten las ideas (la semántica) cuando pretenden comunicar un concepto. Para esta escuela semántica con la que nos identificamos en plenitud, el contexto en muchas ocasiones no consigue revelar los significados ni mucho menos las intenciones de los escritores.
Por supuesto, el contexto escrito es lo único que disponemos para desvelar las intenciones y los misterios de los textos.
Por nuestra parte añadimos que consideramos trascendente la distinción entre SIGNIFICADO y SENTIDO. Muchos autores confunden ambos términos y apoyamos la idea de que la primera corresponde con la SEMÁNTICA y la segunda posee un menor contenido o intencionalidad.

La autora Adela Robles define una locución como “una secuencia fija de palabras con un sentido unitario que en muchos casos no se puede deducir del significado de cada una de las palabras por separado. La elección de las palabras que componen una locución es arbitraria y convencional pero estas palabras son insustituibles por otras de significado similar.”
Va aún más lejos al calificar como “combinación frecuente” la que posee un grado de idiomaticidad bajo. Se refiere bajo otro nombre a las colocaciones léxicas que desde que Firth creó el concepto informativo de “colocación” como combinación no libre o restringida de la lengua, el término “colocación” se implantó con fuerza en la lingüística moderna.
Califica como “combinación frecuente” a hacer una pregunta, reunir condiciones o conocer un lugar.
No estamos muy de acuerdo con ella y alguna la calificaríamos como “combinación libre” ya que su grado de lexicalización es muy bajo.
Sigue Robles las pautas de la lingüística británica, citando a Fillmore “que fue uno de los primeros en apuntar que nuestro discurso está formado por una cadena de expresiones de idiomaticidad mediana o baja como las locuciones y las combinaciones frecuentes”.

Añade Robles: “La lingüística computacional coincide con Fillmore … ha desarrollado un tipo de fraseología que no depende de la identificación de expresiones mediante criterios lingüísticos, sino mediante criterios de frecuencia basados en la coaparición de palabras en un corpus. Esta manera de estudiar las combinaciones de palabras sin ninguna noción preconcebida ha puesto de relieve algo muy interesante: la ubicuidad de las expresiones menos idiomáticas mientras que las unidades que hasta ahora se consideraban centrales en el estudio de la fraseología han resultado menos frecuentes. Es decir, en estos estudios ha resultado que combinaciones como “contar un secreto” forman patrones mucho más frecuentes y productivos que otras combinaciones como rizar el rizo”.
No podemos estar de acuerdo con las conclusiones que extrae esta lingüista. En lo que si estamos con ella es con la tendencia a la desaparición de las locuciones.
Las que denomina combinaciones frecuentes, aumentan, pero por la repetición de los hablantes y de los medios de comunicación, mientras que las locuciones o combinaciones no composicionales de la lengua disminuyen pero la razón es el olvido por los locutores ya que nadie se preocupa de su enseñanza.
Señala que el número de locuciones del español es infinito… cuán largo me lo fiais Adela..
Las locuciones verbales según el censo de Inmaculada Penades de la UAH alcanzan las 1.942 unidades. Puede que Inmaculada se haya olvidado de censar unas cuantas, pero de ahí a decir que son infinitas…
Nosotros dentro de nuestra humildad estamos obligados a comenzar por el principio…
La lingüística moderna no se pone de acuerdo en la terminología y preferimos seguir la pauta de la OLST que prefiere denominar los términos con contenido o finalidad lingüística como “entidad de información”.
Las entidades de información No se corresponden con hechos lingüísticos, sólo nos informan de nuestros vanos intentos de modelizar las lenguas.

En el caso de las locuciones definimos el principio de composicionalidad de Hoffmann que es esencial para comprender el concepto de locución sea del tipo que sea.
Si una locución posee dos componentes A y B cada uno con su significado independiente, si al combinarlos el conjunto AB posee la suma de los significados A y B, la combinación es libre.
El caso opuesto es cuando el significado de AB, NO se parece en nada a las sumas de los significados de A y B; además la combinación posee UN SIGNIFICADO ÚNICO que no coincide para nada con A y B. Se califica como locución. Si seguimos la terminología de la escuela lingüística de Montreal, que crea la teoría Significado-Texto, locución es sinónimo de expresión.

Expresión y locución son, por tanto, términos intercambiables y sinónimos.

Si la combinación AB conserva el significado de A (la base) mientras que B (colocativo) pierde parte de su significado en beneficio de A, la combinación se denomina “colocación”.
Desde el punto de vista de la opacidad, las locuciones son combinaciones opacas mientras que las colocaciones se acercan a la transparencia.
Ni que decir tiene que la frontera en muchos casos entre locuciones y colocaciones es tenue y difícil de delimitar.
Robles para determinar un criterio para incluir o no sus locuciones utiliza el concepto de frecuencia combinatoria y frecuencia de uso. No creemos que sean trascendentes para la elección o extracción de locuciones o combinaciones de un corpus.
Acude al CREA indicando que este corpus de la RAE empieza en 1975 y alcanza hasta la actualidad (la fecha de su obra es 2011). Desconoce que a la RAE se le ha parado el reloj en 2004 fecha en la que no aparece ni un solo texto a pesar de las advertencias de que llega hasta el 2008…. Si encuentran un texto a partir del 2005 les invitamos a nuestro curso sobre las locuciones y colocaciones en el español.
En su “introducción” página Xi pone como ejemplos de locuciones a colocaciones léxicas prototípicas como valer la pena, merecer la pena o denegar un permiso o conceder un permiso.
Justifica su trabajo en lo que se refiere a la terminología alegando la necesidad de su enseñanza. Estamos de acuerdo con Adela.
Recomendamos el trabajo de Robles que es una relación exhaustiva de locuciones (y colocaciones) necesaria para la enseñanza de estas combinaciones tanto para nativos como extranjeros.
Lo que más interesa a nuestros alumnos es relacionarlas. No pretendemos seguir los pasos de la autora de la University of Georgetown pero señalar que las locuciones verbales equivalen bien sea a un verbo o a un sintagma verbal y, dada la categoría gramatical de los verbos son el núcleo del discurso.

Veamos unas muestras de locuciones que iremos añadiendo y ampliando a cuentagotas:

– Comerse unos a otros: estar muy enfadado con otra u otras personas
– Comer y callar: equivale a: obedecer sin rechistar
– Caminar derecho: actuar rectamente
– Dar en qué pensar: dar ocasión de sospecha
– Dar mascado: explicar algo, pormenorizarlo
– Dar a conocer: manifestarlo
– Dar a entender: Explicar con claridad algo al que antes no lo entendía
– Dar por sentado: darlo por seguro
– Dar en vacío: no conseguir el fin perseguido
– Dar que decir: dar motivos de murmuración
– Dar que hablar: dar motivos de habladurías
– Dar que hacer: ser molesto, molestar, incordiar
– Dar que pensar: dar motivos de sospecha
– Darse por enterado: manifestar que se comprende
– Darse por vencido: reconocer nuestros errores o equivocacioes

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