Español en América

enero 17, 2013

La lengua y su función comunicadora

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 4:14 pm

Los profesores de español lengua extranjera estamos sometidos a múltiples cursos de reciclaje cuyo objetivo es mejorar la metodología y recalcar las bases científicas sobre las que se apoyan los procesos de enseñanza.
Los investigadores que se dedican a las aplicaciones a la enseñanza de segundas lenguas avanzan y sacan a la luz, poco a poco, los aspectos más interesantes sobre el funcionamiento del cerebro y metodologías que faciliten y hagan más sencillo y rápido el aprendizaje.
En lo referente a los currículos es decir sobre el qué se debe enseñar y no tanto sobre el cómo o lo que es lo mismo sobre las estrategias de aprendizaje, la tarea se terminó y disponemos de amplias informaciones.
Y ahí tienen esos tochos infumables del Instituto Cervantes que denominan “Plan Curricular” y que aburre al más pintado.
Para niveles, los famosos A1, A2, hasta el C2 el Marco Europeo de las Lenguas (MCER) ofrece más de lo mismo y que si en un día invernal de frío y lluvia se sienten capaces de tragárselos, comprobarán que para ese viaje no hacía falta tanta alforja.
Los profesores necesitamos que los investigadores no nos cuenten qué hay que enseñar y nos indiquen el camino o los recorridos metodológicos que produzcan resultados en las aulas.
Mientras recalcamos que la investigación sobre los procesos de enseñanza de segundas lenguas, funcionan y poco a poco se van notando avances que nos permiten augurar que encontrarán la piedra filosofal, las lenguas maternas constituyen las grandes olvidadas de los investigadores.
Resulta sorprendente que el cacareado –y estamos cien por cien de acuerdo con él- enfoque comunicativo vaya produciendo excelentes resultados como base ideológica que sustenta la construcción del edifico de L2 y, sin embargo poco o más bien nada se investigue o ni siquiera se aplique a la enseñanza de lenguas maternas.
Pareciera como si las lenguas maternas no cumplieran una función de comunicación que es la más importante que tiene.
También señalar, de pasada, el calificativo que en los manuales o libros de texto, aplican a la lengua española como “lengua castellana”. La lengua de Castilla dejó tiempos ha de ser un idioma de esa región española para pertenecer a todos y cada uno de los hablantes. Ni que decir tiene que siempre sugerimos la denominación, ahora “marca”, “lengua española”.
En estos manuales de “lengua española” siguen su penosa travesía del desierto educativo en el que después de más de cinco siglos de historia y de la Gramática de Nebrija pareciera como si todo sigue igual y Cristóbal Colón no hubiera zarpado de Palos hacia América.
Volvemos a lo mismo, manuales de lengua centrados en exclusiva sobre temas curriculares y ni una maldita mención a la función comunicadora de la lengua.
En la enseñanza de lenguas maternas se piensa que los automatismos de la lengua, es decir la producción inconsciente por nuestro cerebro del idioma no se puede mejorar por medio de la asignatura de “lengua española”.
Los jóvenes estudiantes cada vez comunican peor, sobre todo al escrito y hay evidencias que apabullan y las redacciones producidas resultan insoportables en el sentido de mal expresadas, con escaso vocabulario, palabras usadas de forma incoherente y que no vienen al tema demandado, incomprensión de la lectura de las preguntas formuladas en las evaluaciones, todo ello sin contar con los textos trufados de faltas de ortografía.
Si a la mayoría de docentes les llama la atención los errores ortográficos, para nosotros la buena o mala ortografía es accesorio al tema central que nos ocupa que es una tremenda falta de vocabulario que impide la correcta comunicación y la hace incomprensible, torpe, pobre y de mala calidad.
Achacamos el centro del problema a la falta de léxico que impide por un lado comprender lo que dicen los libros o evaluaciones (falta de comprensión lectora) y por otro expresarse con soltura en las redacciones.
Añoramos aquellos profesores en la ya lejana primaria que nos obligaban con asiduidad e insistencia a redactar cuentos y textos breves. Ahora el trabajo de redacción pertenece como mucho a las vacaciones escolares cuando el docente de turno tiene la feliz idea de recomendarnos uno de esos libros del “barco de vapor”…
La lectura y la redacción de textos se deberían realizar a diario. En fecha reciente un colega ante mi demanda de que me enviara un correo, contestó algo normal en esta época “anticomunicativa” : “me cuesta mucho escribir”; es la tónica general y cuesta, en efecto, mucho escribir.
Escribir requiere un entrenamiento como el nadar o correr, para tomar soltura es preciso entrenarse y eso, por desgracia, lo tenemos que hacer en clase.
En casa los alumnos se encuentran sumergidos en el estudio de temas pocas veces trascendentes por mor de los currículos, en la realización de ejercicios, pero NUNCA en escribir, leer o resumir, en definitiva en entrenarse en actividades comunicativas.
En los colegios británicos resulta habitual el profesor de teatro. La declamación en la lectura es algo necesario para mejorar la comunicación y ahí tienen ustedes la explicación de los ataques de nervios de Almodóvar por no encontrar actores españoles que den la talla…
La actividad de lectura en las aulas se reduce a ese año de primaria en la que el maestro consiguió a duras penas que dejáramos de silabear y comenzáramos a soltarnos…
Después de eso, nada, un vacío total que sigue hasta la universidad y cuando los alumnos que tras superar las pruebas de acceso y al sentarse en los bancos, los profesores descubrimos que si en años anteriores estaban verdes, estos llegan en blanco.
En este estado de la cuestión, nos preguntamos qué hacen los que diseñan los currículos de lengua española y cuál es la razón por la que todavía nadie se le haya ocurrido que como hizo la Inquisición, los libros hay que quemarlos e insistir que la lengua española es otra cosa que de poco o nada sirve el sintagma verbal si no somos capaces de redactar cuatro líneas seguidas.
Mis lectores, mucho más perspicaces que nosotros habrán comprendido nuestra exageración en la “quema de libros”, más simbólica que real, pero que representa nuestra idea de que la lengua española considerada como objeto del conocimiento debe ser tratada no en su función cognitiva o curricular sino en el papel que desempeña en la comunicación no en vano es la lengua vehicular de la comunicación.
Al hilo de lo anterior es preciso resaltar que, siempre en nuestra modesta opinión, no existen diferencias sustanciales en la metodología de enseñanza de lenguas maternas y de segundas, y que los avances de éstas últimas se pueden y deben aplicar a las maternas.
No existe ni debería existir un compartimento estanco en la enseñanza de segundas y maternas y en nuestro concepto de diseño metodológico trataríamos de incluir a la materna la segunda o segundas de forma transversal. Por supuesto, privilegiando la enseñanza de la vehicular que sirve de soporte comunicativo a las demás materias.
Porque si pensamos con firmeza que la metodología de enseñanza de lenguas debe privilegiar el aprendizaje del léxico en toda su amplitud, la metodología puede ser la misma porque los procesos de comunicación necesitan de la materia prima: el léxico y sus unidades.
La comunicación correcta es imposible sin léxico pero se puede prescindir de la Gramática.

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