Español en América

enero 30, 2013

Acción y metodología

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 4:24 pm

Perspectiva accional

Al hilo del post de ayer movidos por el comentario de nuestra amiga Tanya y por un excelente artículo publicado por la profesora Concha Moreno en los “Cuadernos Comillas” número dos y titulado LA ENSEÑANZA DE ELE Y LA CREACIÓN DE MATERIALES escribimos estas líneas.
Concha Moreno es autora de muchos manuales para los estudiantes de español lengua extranjera.

Desde la misma perspectiva somos radicalmente enemigos del empleo de manuales y cuadernos de ejercicios como ponemos de manifiesto en innumerables trabajos y en nuestra práctica en las clases.
En el post anterior aclarábamos que si empleamos un manual es como índice curricular y pocas veces llevamos a cabo las actividades o ejercicios propuestos.
La profesora Moreno nos infunde respeto y confianza por su experiencia, por sus textos de calidad pero creemos con sinceridad que las nuevas tecnologías y las tendencias cada vez más comunicativas en la enseñanza de lenguas (maternas y segundas), la confluencia de Internet y los postulados del constructivismo de Piaget, apartan del camino correcto a Moreno.

En su artículo de “Cuadernos de Comillas” hay infinidad de ideas y propuestas de la profesora que merecen alabanzas y comentarios favorables.
Comienza su “introducción” llamando la atención sobre la “actualidad y la creación de materiales”.
Si nuestros lectores se molestan en releer el blog El Español en América comprobarán las alusiones sempiternas a la actualidad y como llevamos a incorporar al principio de autenticidad la necesaria actualidad.

Por si fuera poco sumamos más componentes de nuestra cosecha basada en los consejos de viejos profesores acostumbrados al trato con alumnos y currículos. Nos referimos a otro componente que es la utilidad.
Todo lo que hacemos, decimos y creamos en las aulas hay que orientarlo hacia la utilidad. Los alumnos perciben de inmediato cuando un docente propone materiales útiles de los que no lo son.
Por desgracia los manuales de ELE en su inmensa mayoría son libros obsoletos sin ninguna intención de utilidad.
La última cuestión o complemento al principio de “autenticidad” llega por la vía de la especificidad.

¿En qué consiste la especificidad?
Tanto el MCER como el enfoque comunicativo desde sus orígenes resaltan la trascendencia de convertir al alumno en el centro del proceso de aprendizaje de lenguas.

¿Cómo se consigue?
Mencionamos antes la utilidad que tiene que ser percibida por el discente, pero, además, se necesita una motivación personal.
Se trata de personalizar los materiales hecho que ningún manual lo consigue. Es un traje a la medida de cada uno: al que le guste el futbol, le damos un balón y una camiseta, al forofo de los viajes, le regalamos un billete de avión y al amante de la cocina le ofrecemos una sartén.

Exageramos un poco, pero con una metodología realmente innovadora en la que dejamos los manuales de lado (o como indicamos uno que sirva de guía curricular), acoplamos a nuestras clases presenciales Internet con sus infinitos recursos, alojamos nuestras actividades en una plataforma virtual y diseñamos un Proyecto de manera de darle a cada alumno lo que pide, lo que necesita y lo que le motive, habremos dado en el clavo.
La propuesta se basa en “alojar” el diseño metodológico en un campus virtual y con un soporte que consiste en la construcción individualizada de corpus y un encadenamiento de actividades orales y escritas que complementamos con sencillas tareas investigadoras.

Estas investigaciones se dirigen a buscar la motivación de los alumnos con un objetivo de utilidad, que se perciba que la tarea investigadora es algo que sirve. Estamos hartos en nuestro recorrido en la enseñanza en contemplar tesis doctorales absurdas, sin interés, centradas en ideas infantiles que a ningún sitio conducen.
La experiencia investigadora nos lleva a dirigir nuestros pasos a temas de utilidad que reporten beneficios.

El trabajo en grupo
A la mayor parte de autores les encanta el trabajo “grupal”. Somos firmes partidarios del constructivismo social que propugna la “construcción del conocimiento” sobre todo agrupando los alumnos.
Si los autores de manuales hubieran dedicado unas horas de su existencia a tutorizar una plataforma virtual del tipo que sea y si es Moodle, mejor que mejor, habrián advertido que los “grupos” rara vez funcionan y, cuando lo hacen, es porque el tutor online se toma la molestia de agrupar los alumnos con iguales conocimientos y con las mismas ganas de trabajar que el resto. Cuando los grupos son diversos y heterogéneos hay uno de los miembros que trabaja, los demás miran y el conocimiento retrocede en lugar de avanzar.

Grupos sí, pero bien elegidos. Es muy fácil y bonito eso de “hacer grupos”, pero que funcionen es otra cosa muy diferente.
Los “objetivos del aula” o del grupo de alumnos:
En principio cuando un profesor empieza una clase con un grupo de alumnos, suponemos que alguien los ha “clasificado” y “agrupado” siguiendo unos criterios, poseyendo el mismo nivel y con unos fines comunes.
El “director” nos señala el manual a seguir que suele ser típico de la escuela o instituto e incluso el “ritmo” de las clases.
Con los condicionantes anteriores queda poco al libre albedrío del profesor que suele seguir el guion con escrúpulo.

Tipos de cursos y grupos hay muchos de diferentes niveles y edades, de una misma cultura de origen o una diversidad enorme, por lo que no hay “patrones idénticos” y consejos universales.
Por eso, pensamos que en las aulas se necesita más que un manual, una metodología y en nuestros cursos de formación del profesorado de forma ineludible mencionamos y exponemos esa palabra “mágica” que es la “metodología”.
Y en nuestros trabajos sobre la palabra “mágica” insistimos en fijar unos fines para cada grupo que se deberán alcanzar al terminar las clases y un punto de partida.
Ese punto de partida tiene que ser algo “sólido” apoyado en el funcionamiento de la mente humana y aplicando los principios del enfoque comunicativo.

En el diseño metodológico que hacemos en cada caso o supuesto, dejamos una vía (o varias) libre a incorporar tareas comunicativas que los profesores en sus experiencias anteriores han comprobado que funcionan, son útiles y divierten.
Si la especificidad es un objetivo prioritario tampoco es el único y los docentes disponemos de una amplia panoplia de tareas divertidas que sirven para ambientar las clases, evitar los bostezos y pasar un rato agradable.
El trabajo de Concha Moreno es interesante y útil y como tal en días venideros lo seguiremos comentando.

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