Español en América

febrero 1, 2013

Enseñanza del español en España

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 3:53 pm

Se nos considera enemigos acérrimos de la Gramática y amigos no demasiado íntimos respecto a esa noble institución denominada RAE próxima a cumplir tres siglos de vida y que presenta síntomas de grave enfermedad.
Por casualidad encontramos un texto de 1919, también como la Academia bastante anciano pero que si lo traemos a estas páginas es por una doble razón; la primera por su autor, una mente preclara, Américo Castro y por lo que escribe que coincide por su lógica aplastante con lo que necesita la lengua española desde su aspecto de enseñanza comunicativa y actual.
De esa concepción errónea de que la lengua es sinónimo de Gramática y que sin su conocimiento nada es posible excepto el infierno y las tinieblas, pasamos a una derivada de que cumple una función comunicadora a la que debe su existencia.

Si echamos marcha atrás en los años y nos desplazamos a esa lejana fecha de 1492 en la que Nebrija escribe la primera aberración gramatical con la mejor intención del mundo, la RAE continua apoyando y haciendo su razón de ser la gramática. Recuerden la reciente edición de la mal llamada Nueva Gramática en la que un montón de mentes clarividentes puso su ciencia y su conocimiento en editar una voluminosa obra que esperamos no se vuelva a repetir en los próximos 20 siglos.
Lo mejor de este noble tocho de la erudición ha sido su éxito editorial que nos congratulamos y deseamos que los beneficios reviertan en obras de interés para los hablantes como podría ser un buen diccionario. Si pedir peras al olmo se nos da mejor que a las clarisas hacer dulces, solicitamos de la RAE y sus beneficiarios que pongan sus ganas, su entusiasmo y sus dineros en la construcción de un diccionario como mandan los cánones de la lexicografía actual, no la del siglo XVIII que es la más parecida a lo que nos ofrece la Academia en su celebración centenaria.

Américo Castro nunca fue amigo de la RAE y lo demostró en sus escritos cada vez que se terciaba la oportunidad; fue un azote de aquellos señores que con el curso de los años siguen erre que erre empecinándose en los mismos errores y en poner de manifiesto su ignorancia.
Gramática y filología son formas próximas por no decir sinónimas y el conocimiento lingüístico es uno de los objetivos de la RAE y de los que hacen su camino.
No estamos en contra del conocimiento, faltaría más, y no creemos que todos los caminos lleven a Roma y mucho menos los senderos académicos conduzcan a parte alguna.
La Academia es una institución en la que cada uno de sus miembros rema en función de su navegación particular; no parece que exista una política común ni coordinada; es algo así como el desorden institucional parecido al que los políticos españoles representan y organizan a diario.
No podemos pensar que si los políticos son malos, los académicos pudieran ser mejores. Ni mucho menos, España dispone de lo que hay, un género malo, ignorante, inconsistente, derrochador y lo que es más grave sin una planificación.
Uno de nuestros grandes políticos de esos de la progresía ibérica se jactaba a las diez de la mañana diciendo que no sabía lo que iba a suceder a las cinco de la tarde.
La Academia dejó de planificar hace varios siglos por eso lo celebran con una gran algarabía porque la falta de control es sinónimo de fiesta y cachondeo. Y eso que les cuesta meter en el diccionario al “botellón” que es parte consustancial de la juerga hispana y el centro de nuestra innovación.
No en vano las botellas y su contenido etílico son fuentes de inspiración de poetas, filósofos, escritores, políticos y eruditos de distinto pelaje.
Sirva lo anterior como introducción y para expresar la admiración que sentimos por Américo Castro. Copiamos y suscribimos el texto escrito en 1919 señal inequívoca de su pensamiento:

“Una primera confusión que conviene remover es la idea absurda de que el idioma se enseña estudiando gramática . Cuántas veces encontramos por esos pueblos de Dios gentes que nos hablan con satisfacción de que tal niño sabe ya de cuentas y de gramática; esto, con el Catecismo, constituye para la familia el “summum” de la cultura escolar. Lo de saber gramática se refiere a saberse de memoria ese nefando librito que se llama “Epítome de gramática”, con cuya venta se enriquece la Academia Española. Cuando dentro de algunas generaciones se eleve la cultura y la sensibilidad de nuestro pueblo, causará asombro que durante tanto tiempo se haya podido profanar y hollar las tiernas cabecitas con semejante sarta de dislates sobre el idioma. Lo que pueda haber de verdad en estas páginas de gramática no llega a la inteligencia infantil con la imposición mecánica de esas rígidas respuestas. ¿Cuándo llegará a la mente y al corazón de los maestros y de la Academia que tomar una lección de memoria es un crimen de lesa inteligencia?”
Continúa Américo Castro:

“La gramática no sirve para enseñar a hablar y escribir correctamente la lengua propia, lo mismo que el estudio de la fisiología o de la acústica no enseñan a bailar, o que la mecánica no enseña a montar en bicicleta. Esto es de tal vulgaridad, que avergüenza tener que escribirlo una y otra vez; pero como esa desdichada Academia sigue imprimiendo en cada nueva edición de su Libro el mismo disparate; como ese libro es el preferido por la mayoría de nuestros maestros; y sobre todo, como el hacer aprender a los niños la gramática produce vulgarmente la impresión de que se enseña así el lenguaje materno, no hay sino insistir una y mil veces sobre el mismo asunto. Yo ruego a profesores y académicos que reflexionen sobre esto, que es de suma trascendencia. Reparen en que los ejemplos y autoridades de lenguaje sobre
que basamos hoy nuestros estudios gramaticales proceden de escritores que no fueron grandes estilistas merced a gramática alguna, sino a causa de un instinto artístico y obedeciendo al impulso subconsciente que nos hace hablar de una cierta manera.
Cuando Hornero o Platón escribían no se conocía nada de gramática; en tiempo de Cervantes esa ciencia vivía en estado rudimentario, y es probable que ni aun esos rudimentos fuesen familiares a nuestro primer escritor. Si fuera posible hacer que Cervantes analizara gramaticalmente el “Quijote”, no podríamos darle sino una calificación bastante mediocre. Y, sin embargo, no puede decirse que Cervantes escribiese
incorrectamente el español.

Sigue en su disertación Américo Castro sobre qué, cómo y cuándo enseñar la Gramática, en Cauce (1979:223)

“Hablar y escribir correctamente es un problema de instinto, de práctica, de gusto y de inteligencia. La gramática no interviene en esto para nada; si la gramática fuera esencial para escribir o hablar bien, los gramáticos serían unos grandes estilistas, y los agramáticos escribirían desdichadamente. La realidad nos enseña que generalmente casi ocurre lo contrario.
La primera condición para que el alumno hable bien, es que esté rodeado de un medio donde se hable finamente. A medida que nos alejamos de los grandes centros de cultura, ese medio va estrechándose, y en la aldea acaba por estar representado por poquísimas personas, (el maestro, el médico, el cura). A veces estos funcionarios llegan a hablar como patanes, como consecuencia natural de la vida que hacen.
Todos conocemos numerosos casos de esta degradación cultural.
“Así hay muchachos que llegan al último año de carrera universitaria, a mi clase sin ir más lejos, en la imposibilidad de contar ni referir nada, correcta y sueltamente. El estudiante universitario, en general, no tiene habilidad sino para la conversación descosida, violenta y desordenada; una exposición clara, fina, metódica, de cualquier cosa, que no esa repetición de memoria, le cuesta verdadero esfuerzo.
Pues bien, este defecto arranca de la escuela primaria, en donde empieza a atrofiarse el órgano de lo espontáneo y original. Sólo los temperamentos excepcionalmente vivos e inteligentes salen sin daño de este ensayo de deformación sistemática de la personalidad; que eso es, en conjunto, nuestra enseñanza en todos sus grados”.

Lo anterior, en cursiva NO lo escribimos nosotros sino la mente de Américo Castro que conserva su actualidad.
Nos gustaría añadir algo de humilde cosecha pero como ni somos bebedores ni mucho menos nos encontramos bajo la inspiración de los vapores etílicos, nuestro pensamiento se nubla y esperamos mejores momentos para seguir con nuestro esfuerzo comunicativo…

Tomo el título de este post “Enseñanza del español en España” del artículo de Américo Castro, “La enseñanza del español en España” que reproduce en 1980 la revista Cauce en su número 3.

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