Español en América

febrero 15, 2013

Enseñanza de la escritura en lengua materna

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 7:12 pm

Lengua Materna: Escribir bien es importante

No nos referimos al arte de escribir como un consagrado ni optar al nobel de literatura. El objetivo de la escritura en lenguas maternas es el acceso a una correcta expresión escrita que permita redactar evaluaciones, realizar trabajos y todo ello con la consiguiente corrección sintáctica, ortográfica y de estilo.
En nuestro desarrollo de enseñanza de la lengua materna en su aspecto comunicativo y dejando de lado el conocimiento lingüístico puro o gramatical, el centro de nuestra actividad se dirige a la consecución de un aprendizaje y dominio de las unidades léxicas para disponer de ese input necesario para una comunicación rica y fluida.
En los escritos y evaluaciones que corregimos los docentes observamos con preocupación un enorme déficit de vocabulario. Se emplean las mismas formas, sobre todo verbos y si nos tomáramos la molestia de efectuar una relación del léxico utilizado nos llevaría una sorpresa por su escasez.

Por ese lado del vocabulario pobre y ramplón necesitamos una actuación para llevarlo a un dominio que consiga la redacción de escritos en los que evitemos las repeticiones y el empleo de los típicos verbos ser, estar, tener y haber de los que, al parecer, nos encontramos en un círculo vicioso difícil de salir de él.
Si una metodología de ampliación léxica es imprescindible en paralelo conviene explicar los registros de la lengua.
Hay que comprender que el oral y el escrito son registros diferentes como también lo son registros como los de los sms, los nuevos WhatApps y los que vengan en el futuro.
No nos preocupan las incorrecciones gramaticales u ortográficas de los sms y WhatApps motivados por la inmediatez, urgencia o coste de los servicios que exigen abreviar al máximo los textos. Son nuevos registros de la lengua en los que la Academia tiene poco o nada que decir.
Nunca nos gustan las recomendaciones extemporáneas de los vigilantes de la lengua española, léase Fundéu u otras instituciones que se subrogan los derechos sobre quién escribe bien o quién comete errores.

Las lenguas son seres vivos y somos los hablantes los que configuramos su devenir y capaces por sí solos de introducir modificaciones ortográficas sin que nadie como puede ser la RAE nos indique o formule Nuevas ni Viejas Gramáticas.
Las lenguas hacen su camino y en su recorrido construyen lo que se va necesitando. No es preciso recordar que la lengua inglesa que goza del favor y reconocimiento universal carece de Academia. Son los locutores los que eligen lo que es correcto y lo que no lo es.
La lengua española no necesita ni inquisidores ni de instituciones que se abroguen derechos lingüísticos sobre la corrección gramatical o léxica.
De la misma manera que los préstamos lingüísticos de otras lenguas los aceptamos en función de nuestra comodidad y de la rotundidad de su significado.

¿Correo electrónico o email?

El tiempo pone a todo el mundo en su lugar y es la forma más empleada la que se lleva el gato al agua de la corrección. No es ésta la que impera o la recomendación de un organismo sino el uso de los locutores.
Situación
Los hablantes en función de la situación de comunicación en la que nos encontramos debemos emplear el registro adecuado.
Los registros tras la aparición de Internet sufren una trasformación sorprendente. Recordamos de paso la figura del cartero que nos traía a casa las viejas cartas. Este género “epistolar” ha pasado a mejor vida. Son los correos electrónicos los que las sustituyen. Ni siquiera las famosas cartas de amor subsisten y ahora son los mensajes cortos los portadores de las flechas de cupido…
Los registros cambian, las situaciones de comunicación también y se requieren unos conceptos claros para expresarnos con facilidad, claridad, expresividad y corrección.
En contextos familiares empleamos un registro coloquial que se aleja del formalismo del escrito.

Si queremos presentar un trabajo a una revista técnica o científica emplearemos un registro diferente más cuidado y respetuoso con el léxico, el contenido y su expresión que si estamos en una reunión de amigos haciendo un botellón.
En función del contexto de uso utilizaremos registros diferentes, es la idea de situación.
Así un WhatsApp siendo un registro escrito no necesitará la misma corrección ni estilo que la presentación de un trabajo para una asignatura de un grado universitario.
Lenguaje oral y escrito
El lenguaje escrito poco o nada tiene que ver con el oral. Para expresar una comunicación escrita no se nos ocurrirá el transcribir un discurso oral y dejarlo tal cual. NO, el escrito necesita unas elevadas dosis de formalismo y también en función de qué escrito tengamos que presentar o a quien va dirigido requerirá de una graduación en su aspecto formal. No es lo mismo enviar un correo electrónico a un amigo en el que podemos incluir los famosos emoticonos que presentar un documento científico en la universidad de Harvard que precisará acompañarlo con referencias bibliográficas, notas al pie, citas, etc. y, además escribirlo en inglés…
El escrito es función de la situación de comunicación y cuanto más formal o seria sea ésta la redacción tendrá que ser más cuidadosa y de respeto hacia el que la dirigimos.
Sobre la necesaria corrección ortográfica no solemos ser dramáticos ya que la mayor parte de los trabajos que presentamos en nuestro recorrido educativo no requieren de la inmediatez, de manera que al disponer de esa maravilla de programa Word, lo corrige de manera automática. Otro gallo nos puede cantar en el supuesto de una evaluación en la que no disponemos del auxilio del software y tenemos que apañarnos por nuestros medios. En esos casos los profesores suelen ser o no exigentes o tolerantes con la ortografía. Si el examen es de lengua española la forma es esencial, no tanto en una evaluación de Biología en la que primarán los contenidos.
Siempre es recomendable una vez terminado el trabajo el releerlo con una doble intención, corregir los errores de concordancia muy frecuentes y que se nos escapan al escribir con rapidez y, por supuesto los ortográficos y las repeticiones que son molestas.

En lo referente a las “repeticiones” muchas veces es imposible evitarlas sobre todo en escritos o artículos técnicos cuando interviene una unidad lingüística de la que no existen sinónimos.
Si hablamos de metodología, no tenemos más remedio que el repetirla en un texto hasta la saciedad ya que carece de sinónimos. En ocasiones estamos tentados de escribir “método” en lugar de “metodología” pero su significado no es coincidente…
En la redacción de escritos la tendencia es a introducir muchos “conectores” como “sin embargo” y locuciones que o bien están de moda o bien las tenemos en nuestro cerebro y surgen de forma espontánea. Se repiten a menudo como “ni que decir tiene” y que en nuestros escritos aparece con frecuencia.
Si se fijan el contenido semántico de un texto no se altera si eliminamos esas locuciones repetitivas, los ya mencionados conectores como “sin embargo” y echamos un vistazo sobre las formas repetidas con un diccionario de sinónimos.

Nos preguntamos por qué la RAE en sus ya tres siglos de existencia no construye un diccionario de sinónimos y, por supuesto, en lugar de dedicar sus esfuerzos editoriales a las Nuevas Gramáticas, mejora el DRAE uno de los peores diccionarios conocidos. Menos normativa, pocas recomendaciones, nada de bla bla bla y lamentos y manos a la obra a por un buen diccionario.
Un diccionario correcto es un arma extraordinaria para la producción de escritos. Nos viene a la memoria la bronca de Américo Castro a los señores de la RAE en el ya fenecido año de 1919: menos ediciones de la Gramática y pónganse a explicar cómo funciona la lengua. Se refería al uso comunicativo de la lengua. Los investigadores sobre la enseñanza comunicativa del español no han atribuido a Castro el origen del enfoque comunicativo… resulta sorprendente como este famoso lingüista y escritor adelantara a Hymes en más de cincuenta años descubriendo que la lengua no es filología pura sino comunicación…

Nuestra frase favorita “se hace camino al andar” es de rigor para establecer pautas a los alumnos de lengua materna en su intención de escribir, redactar y presentar textos correctos.
La metodología para la enseñanza de lenguas maternas que pretende en última instancia reducir el fracaso escolar requiere de unas tareas de escritura a la misma altura o con idéntica intensidad que los esfuerzos que dedicamos al oral.
Los currículos oficiales de la asignatura lengua española en la obligatoria ESO insiste en el bloque 5 en una metodología que incluye la competencia digital y el uso de las TICs. Éstas son herramientas en las manos de los docentes y. por supuesto, de los alumnos.
Al principio del post recordábamos las facilidades del software WORD que facilita la escritura y a la vez seguimos las recomendaciones curriculares.
Ese mismo currículo insiste en la escritura “a mano” que aunque en evaluaciones es necesaria y obligatoria creemos que en un futuro muy próximo dejará paso a la introducción de ordenadores y computadoras portátiles para ejecutar los antedichos exámenes y por esta razón nos inclinamos al trabajo intenso aprovechando las ventajas del WORD.

La metodología comienza por la descarga de textos en un formato Word sobre los que después de su elección en Internet y su correspondiente lectura, vamos a releer y resumir.
Permitimos en esos resúmenes en una primera instancia que los alumnos conserven las frases originales de los textos como paso previo a una escritura más autónoma en un momento posterior.
No se trata de alcanzar la cima enseguida sino paso a paso, ese famoso camino que lo hacemos al andar pero muy muy despacito.
En el camino nos encontramos con unidades léxicas cuyo significado desconocemos; acudimos al diccionario descubriendo la semántica de la forma o palabra. Hay que anotarla en nuestro cuaderno o diccionario particular y si en las acepciones de la “entrada” del diccionario aparecen locuciones y/o colocaciones lo que suele ser habitual, las escribiremos también.

En lo que se refiere al diccionario personal del alumno, lo podrá hacer en formato “papel” y en formato “digital”, en un Word aparte. Esta forma de proceder es importante porque las palabras se “pierden” y es necesario repasarlas y memorizarlas en su contexto de uso. El contexto de uso será el corpus específico de cada discente y no tienen que ser coincidentes los de los alumnos de un grupo o clase. Eso sí, será una tarea de grupo la de organizar un glosario con las palabras y unidades léxicas conseguidas por sus componentes.
Se puede primar al alumno que haya conseguido aportar al glosario más unidades léxicas y se pueden evaluar si las aportaciones son importantes o no para redactar escritos.
Para ello solemos emplear un diccionario de frecuencias en el que cada vieja palabra lleva un número con el uso mayor o menor. Utilizamos el de la editorial Universitas para el español lengua materna y el de Mark Davies para el español lengua extranjera.
Si seguimos con nuestra metodología de escritura (no es exactamente) la completamos con la lectura en voz alta en clase de todas las redacciones de los alumnos en la que nos detenemos en los posibles fallos, repeticiones e incorrecciones.
Insistimos en las repeticiones que es necesario sustituir por unidades sinónimas ya que este ejercicio consigue de manera indirecta la ampliación del vocabulario.

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