Español en América

marzo 18, 2013

Lexicografía para la pedagogía

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 4:51 pm

Lexicografía aplicada a la pedagogía de la lengua

Las matemáticas, la física y la química se consideran ciencias puras y proceden de fenómenos cuantitativos medibles con facilidad. En ciencias dos más dos son cuatro. En lingüística es imposible cuantificar un proceso; las letras, es decir las lenguas no son ni cuantificables ni medibles: no funciona el dos más dos cuatro sino que unas veces suman cinco y las excepciones habituales nos indican que también pueden sumar seis… Las lenguas se consideran fenómenos discretos difíciles de cuantificar y de modelizar.

Las gramáticas son el típico ejemplo de la incapacidad de la lingüística en conseguir modelos fiables. Los modelos conseguidos –las reglas gramaticales – rara vez funcionan al 100%. Se dice, la majadería de que toda regla tiene su excepción que equivale a expresar que la norma no funciona. O que el modelo no es el apropiado.
La lingüística es una ciencia social cuya finalidad no es la cuantificación de fenómenos sino la comunicación de los locutores.

Observar y modelizar

Polguère experto en investigar los hechos lingüísticos propone a profesores y alumnos cuando se encuentren en situaciones de tipo lexicográfico observar y modelizar.
Por cierto que el DRAE en la próxima edición del diccionario, la vigésima tercera edición incluirá como novedad este verbo que antes lo declaraba “proscrito”.
Lo define como “construir un modelo” que se ajusta a la necesidad y a la realidad de la lengua.

Los fenómenos de la lengua debido a su arbitrariedad son difíciles de modelizar. Como explicamos antes deriva la imposibilidad de conseguir reglas que es la equivalencia a “modelo”.
Por eso el análisis lingüístico se debe basar en la observación y en la comparación con la propia lengua y con otras de estructuras sintácticas y comportamientos similares.

Así podremos explicar a nuestros alumnos sintagmas restringidos de la lengua y, por observación de otros similares deducir consecuencias y reglas que en pocos casos serán iguales a otras pero sí aproximadas.
Además la susodicha, repetida y manida observación requiere reflexión que es un elemento fundamental en el edificio de la didáctica de las lenguas.

Ni que decir tiene que para observar se requieren algunos conceptos como los de “colocación”, “locución” o “expresión”, “verbo soporte” y “composicionalidad”.

Por cierto, que aplicando la expresión evangélica de que “los últimos serán los primeros”, empezaremos por la idea de composicionalidad que nuestro corrector de Word lo da como falta.
El DRAE no lo da como válida y lo más próximo es su pariente morfológico composicional que tampoco nos aclara ya que nos lo envía a compositivo aclarando que tiene que ver con la Gramática. Es habitual en el Real Diccionario que las definiciones se liquiden a golpe de sinonimia y compositivo nos lo define como voz de la Gramática, “dicho de una preposición, una partícula u otro elemento: Que forma voces compuestas”.

La propuesta de definición de composicionalidad nada tiene que ver con la definición del DRAE y tampoco la inventamos nosotros sino Haussmann mencionando a colocaciones y locuciones.
Una combinación AB es composicional o combinación libre sin restricción alguna cuando conserva en plenitud el significado de A y el de B.
En el caso de encontrarnos con una locución o expresión idiomática, es decir opaca, la combinación AB no posee el significado de A + B sino otro muy diferente C que poco o nada tiene que ver con AB. Se dice que la combinación es opaca, no composicional y su semántica no procede, en general, ni de A ni de B.
Si nos encontramos con AB y si su significado es muy parecido al de A+ B pero uno de los componentes ha perdido parte de su significado, nos encontramos frente a una colocación cuyo significado es transparente frente a la opacidad de una locución. Se puede decir que es semi composicional al perder parte de su significado.

En las colocaciones hay un elemento o componente que dirige la combinación, el que manda que se califica como base que posee su semántica plena mientras que el otro componente de la combinación, el colocativo o colocado pierde una buena parte de su significado y su papel es de mero acompañante.

Verbos soporte

En uno de nuestros post los describimos con detalle y aquí nos referimos a ellos para expresar su papel en las colocaciones.
Los verbos soporte son los más habituales de la lengua y su papel se remite al de acompañantes en un sintagma del sustantivo en el que éste es el que manda y asume el papel –en el caso de las colocaciones- de base quedando al verbo soporte el rol de colocativo.
Estos verbos son “semánticamente vacíos” es decir con escaso o poco contenido. Su papel es el de ocupar el lugar del verbo necesario en una oración.
Los verbos que se oponen a los soportes son los verbos plenos que juegan el papel convencional en la frase y como es lógico mantienen su pleno significado.

Colocaciones de verbo soporte + nombre

En el párrafo anterior mostramos el papel de los verbos soporte algo curioso y sorprendente en las lenguas naturales en las que el tradicional papel de “mandamás” de un sintagma, frase u oración lo asume un sustantivo cuando lo habitual es que el verbo sea el rey de la frase y el elemento gramatical más poderoso.
Si traemos a los verbos soporte a colación es por una doble razón: por ser estos verbos muy usuales, fáciles de emplear y muy necesarios en los primeros pasos de la lengua y porque abundan en las colocaciones léxicas también abundantes en la lengua del día a día y que por poseer dos elementos es muy fácil de retener en el entramado del lexicón formado por infinitas redes neuronales.
En estos días de controversia en España sobre la capacidad de los maestros y su nivel formativo, y, en estos tiempos que nos gusta buscar culpables y atribuir los problemas al vecino sin analizar los casos en profundidad, nuestra opinión es que la falta de formación se debe a la “debilidad de los currículos”.
No se entiende que en los actuales cuatro años de formación de un maestro en ningún lugar curricular se mencione colocación léxica.

¿Puede un maestro conocer algo que no figura en su repertorio de conocimentos?
Nosotros los justificamos pero la cruda realidad es que para enseñar la lengua hay que conocer al dedillo su estructura, su sistema, cómo poco a poco el edificio que empleamos a diario para comunicarnos se va modificando, creciendo como un ser vivo que es.
En esas estamos y pretendemos explicarlo a veces, a salto de mata. Intentamos corregirnos y por ello pedimos perdón.

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