Español en América

julio 11, 2015

Para qué sirve un diccionario

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 6:59 pm
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Un diccionario es una obra de consulta a la que acudimos a diario para resolver muchas preguntas.

La primera es verificar la ortografía que en estos tiempos de whatsapps se resiente por la rapidez de la comunicación. Quedan atrás los trasnochados sms y casi casi los correos electrónicos cada vez menos usados.

La segunda causa de acudir al diccionario es comprobar las acepciones de un lema o entrada. Las lenguas son polisémicas y a una sola palabra o forma corresponden multitud de significados.

Por otro lado las unidades lingüísticas pueden ser mono o plurilexemáticas lo que puede complicar el acceso a la información solicitada.

La inmensa mayoría de diccionarios carecen de entradas para las formas plurilexemáticas como son las locuciones y las colocaciones.

En los diccionarios monolingües habituales en la práctica es casi imposible descubrir estas combinaciones de las lenguas naturales que son muy frecuentes y necesarias para expresarse.

La tercera necesidad por la que acudimos a los diccionarios es la búsqueda de significados, por ejemplo, de una expresión o que no comprendemos o si hemos conseguido descubrir su semántica, necesitamos otra equivalente. Misión casi imposible ya que los diccionarios papel (los más habituales) carecen de esa posibilidad y solo algunos digitales la suministran.

Los diccionarios como descripción de la lengua

Es Polguère, Alain, maestro de lexicógrafos el que opine sobre los diccionarios:

Les dictionnaires de langue se veulent des descriptions du lexique, des « modèles lexicaux », conçus pour être utilisés par le grand public comme ouvrages de référence et de consultation. Ils devraient donc être en mesure de répondre aux questions les plus évidentes que l’on peut se poser sur le fonctionnement des unités lexicales de la langue. Cependant, les dictionnaires remplissent rarement ce rôle, notamment lorsqu’ils sont utilisés dans un contexte de production langagière (et pas simplement pour vérifier l’orthographe ou le sens d’un mot peu fréquent).

La inmensa mayoría de estas obras de arte se construyen bajo una óptica comercial y son las editoriales las promotoras que después de unas inversiones cuantiosas y de muchos años de trabajo por expertos lexicógrafos pretenden obtener un rendimiento financiero.

Así que nuestras intenciones de conseguir “todas las informaciones posibles” chocan con la realidad de su construcción.

Son pocos los usuarios que buscan locuciones, muchísimos menos los que pretenden el significado de una colocación por lo que los diccionarios producen poca o muy poca información fraseológica entendiendo como tal la combinatorial restringida y su semántica.

Se argumentará que existen diccionarios de locuciones/expresiones y algunos de colocaciones pero ninguno en lengua Española que combine la información fraseológica con la información monolexemática tradicional.

Los diccionarios convencionales en papel rivalizan en ofrecer xx miles de lemas o entradas y muchos miles o decenas de miles de acepciones. Entendemos que cada acepción de un lema es una unidad léxica distinta al poseer un significado diferente.

Los constructores de diccionarios pretenden que sus obras son la descripción completa del léxico de una lengua al abarcar todos los lemas desde la primera letra del abecedario – la a – hasta la última – la z-. No es así porque el léxico de una lengua comprende no solo los lemas formados por formas individuales sino también los plurilexemáticos.

Los jóvenes estudiantes prefieren consultar los diccionarios en línea a los de papel. La navegación en los digitales es más sencilla ya que incluso cuando alguno de estos estudiantes o teclea mal la forma o introduce un error ortográfico, el mismo diccionario ofrece una o varias posibilidades corregidas. Así, el diccionario de la Academia de la Lengua, el DRAE si solicitamos una forma incorrecta como ebstruso nos propondrá como solución a la equivocación, las formas o palabras que más se aproximen.

El uso del diccionario difiere cuando lo usamos para descifrar un significado, cuya mision se resuelve con facilidad ya que disponemos del contexto que estamos leyendo que cuando lo necesitamos en producción cuando escribimos un texto o traducimos de una lengua a otra. Los periodistas, escritores, redactores y traductores requieren para evitar las molestas e inconvenientes repeticiones buscar no solo los sinónimos a una forma/palabra sino a una locución plurilexemática que rara vez la encontramos.

Si nos volcamos en el aprendizaje de lenguas y la mayoría de los usuarios de diccionarios son estudiantes o profesores de segundas lenguas, estas obras son inevitables y raro es el alumno que carece de alguno de ellos.

Pero si las informaciones que para los nativos suministran los diccionarios imagínense las dificultades para los no nativos. La tendencia en la ciencia diccionárica es la construcción de diccionarios de aprendizaje. La principal objeción de las editoriales a emprender este tipo de obras es que los actuales diccionarios ya cumplen esa función de diccionarios de aprendizaje.

Pensamos que en este campo de la concepción de diccionarios de aprendizaje cabe una amplia panoplia de ideas para que los emprendedores desarrollen obras de utilidad sobre todo en el caso del español que es una lengua que estudian a nivel mundial unos dieciocho millones de aprendientes.

La enseñanza comunicativa de segundas lenguas se enfrenta a ese cruel dilema si antes es la gallina o el huevo o quizás mejor las gallinas en plural o los huevos en plural. Nos referimos a quién debe prevalecer si la enseñanza de la gramática sobre la del léxico o la de este sobre la gramática.

También el aprendizaje léxico se aparta del clásico de las largas listas de vocabulario como la de la gramática que con la aparición de los grandes corpus textuales quedan en entredicho reglas conceptuadas como inamovibles que las inmensas colecciones de textos confrontan de manera inequívoca.

Los especialistas de la lengua inglesa llevan recorridos kilómetros y kilómetros respecto a nuestra forma de enseñar tanto la gramática como el léxico.

En la enseñanza del español rara es la ocasion no solo que aparece el empleo de un corpus sino la misma palabra corpus que simboliza algo de otro planeta.

Nuestro entusiasmo por la enseñanza del léxico no es un capricho personal sino una necesidad comunicativa.

Para entender las dificultades el mismo Polguère propone fijar los términos, es decir calificar como “palabras-forma” o “formas” las viejas palabras que como saben son polísemicas en contraposición con el concepto de término que es monosémico.

Los términos pertenecen al dominio de la terminología que es una disciplina científica mientras que las palabras-formas podemos encajarlas en la lexicografía y, como es tradición en los diccionarios.

Lo anterior no se contradice con la posibilidad de introducir los términos en los diccionarios, pero siempre aclarando que se refieren a una disciplina científica

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