Español en América

abril 15, 2010

Sucinto

Filed under: Lengua española — Mercedes @ 11:16 am

Las palabras nacen, crecen, tienen su auge y al final de su camino dejan de usarse y fallecen.

Para ellas no hay funeral, ni entierro o incineración, desaparecen como nacieron, en silencio.

No padecen enfermedades, ni cáncer, ni virus, pero el olvido, el desuso son su padecimiento que las lleva a los diccionarios históricos en el mejor de los casos.

Palabras sonoras, suaves, agradables al oído como sucinto, sucinta, dejan de escucharse. No tardará este precioso adjetivo en entrar en el baúl de los trastos viejos.

El DRAE lo define como breve. Es habitual que nuestro diccionario oficial en lugar de explicar las entradas del diccionario, se quite de en medio a través de sinónimos o quasi sinónimos.

Lo que nos interesa a los hablantes es el significado en sí mismo; también los sinónimos, pero lo primordial es una buena definición, a ser posible sucinta.

El Trésor frances califica a succinct como: <dicho en pocas palabras>. Mejor imposible. Luego añade una retahíla de sinónimos como: breve, conciso, lacónico.

La relación succinct-sucinto es una relación de amistad, no son para nada falsos amigos, sino verdaderos. La homología es total y, la claridad, precisión y brevedad de los diccionarios franceses digna de alabanza, añado por mi parte, de envidia.

No se trata de ser más papista que el Papa, sino de palpar una realidad lexicográfica.

El diccionario Real de la Academia Española de la Lengua, es una soberana porquería.

La Academia es una institución mediática preocupada por vender la Nueva Gramática y las publicaciones de turno, olvidándose que existen unas necesidades. Los nuevos mercaderes de la Lengua.

La necesidad más importante, es disponer de una herramienta de trabajo para los profesionales de la lengua y, sobre todo, para  profesores y alumnos de español que necesitan un diccionario como agua de mayo.

Conferencias, congresos, exhibiciones de los académicos en premios y presentaciones de obras son, al parecer, las únicas obsesiones de los señores que en teoría deberían de velar por la salud y el prestigio de la lengua.

La reflexión habitual de los académicos de la lengua sobre el tiempo que se llevan en homologar una nueva palabra, para comprobar si al cabo de los años sigue vivita y coleando, y si es así entra en la órbita del diccionario, no es ni de recibo, ni aceptable como criterio. Muchas palabras aceptadas cuando se incluyen en los diccionarios ya están incineradas por los hablantes y, otras que caminan por los vericuetos de nuestra lengua con vigor, siguen a la espera de las decisiones de estos sabios de las palabras.

La velocidad que imprime Internet y los medios de comunicación a las lenguas, no permite dormirse en los laureles en lo que se refiere a aceptar o no las palabras, sino a la inexistencia de un diccionario aceptable. Los diccionarios tienen que estar en línea y ser modificados al instante.

El diccionario oficial es un retrato de la lengua de hoy. Mañana será diferente. Los diccionarios son como los periódicos digitales que quedan obsoletos en minutos. Lo mismo pedimos a los diccionarios (perdonen la repetición).

El problema quizás no esté en la inexistencia de un buen diccionario sino en la incapacidad de los gestores de la Academia en comprender su necesidad.

En la página electrónica del DRAE actual, aparecen los artículos enmendados, con una referencia que hace alusión a la entrada o acepción modificada por la vigésima tercera edición. Sin embargo, las variaciones son mínimas, casi imperceptibles, en mi modesto entender, decepcionantes.

Para que un diccionario sea efectivo, se necesitan – a parte de las buenas definiciones- proveer los sinónimos, los antónimos, los hiperónimos e hipónimos, la combinatoria (colocaciones y expresiones fijas).

La etimología ayuda, creo que no es necesaria, pero es usual el suministrarla sobre todo por tradición y, añadir como elemento esencial las referencias a textos de la literatura donde aparezca la entrada.

Algunos lectores, profesores de lengua, me preguntan si es mejor el Diccionario de Uso del Español de María Moliner que el DRAE.

Conocen mi opinión sobre el DRAE. El Diccionario de María Moliner es bastante más adecuado para la enseñanza de la lengua: sus definiciones son mejores, concisas y sucintas; rara vez utiliza en la definición la palabra definida como el DRAE, lo cual es un delito de lesa majestad.

El diccionario de uso de María proporciona bastante información sobre la combinatoria de las entradas. En mi modesta concepción de la enseñanza de la lengua es más apropiado que el Real.

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